El cardenal Juan Luis Cipriani celebró la misa de acción de gracias por los 100 años de fundación de Perú Kumamoto Kenjinkai, el domingo 14, en la parroquia Santa María Madre de la Iglesia, acompañado por el cántico del coro de la Asociación Nisei Callao.
Inició su homilía con unas palabras dedicadas a la señora Asako Nakashima, de 100 años, hija de Saburo Nakashima, fundador de Perú Kumamoto Kenjinkai. En sus reflexiones resaltó de los valores de la colectividad nikkei y subrayó la calidad humana de Perú Kumamoto Kenjinkai.
Exhortó a transmitir a las nuevas generaciones, valores y tradiciones, como la solidaridad y el respeto a los adultos mayores.
Los integrantes de la institución kumamotana participaron en la liturgia de la palabra, en las peticiones y la presentación de las ofrendas.
«Que Dios nos mantenga siempre unidos como comunidad»
Al finalizar la eucaristía, Yaeko Tsuchikame de Hiraoka se dirigió al cardenal Cipriani y a las personas que asistieron a la misa de acción de acción.
Dijo que se han llevado a cabo las celebraciones por el centenario de fundación de «nuestro Perú Kumamoto Kenjinkai. Esta tarde, es nuestro deseo dar gracias a Dios por todas las familias que integramos la comunidad nikkei, especialmente por la familia kumamotana.
Explicó que el pedido a Dios «es una bendición especial por la salud del símbolo del centenario de PKK, la señora Asako Naka-shima, quien celebró una semana antes sus 100 años de edad, así como también por las almas de nuestros fundadores Saburo Nakashima y Kengo Nakao y sus descendientes».
El ruego de Yaeko de Hiraoka fue «por una bendición especial para su junta directiva, el Comité de Damas, la comisión organizadora del centenario, «nuestra familia, amigos y el alma de nuestra recordada Blanca Ogata».
Enfatizó su petición: «Que Dios nos mantenga siempre unidos como comunidad, respetando y resguardando las responsabilidades, ideales y virtudes que nos fueron legados, pero, especialmente, que nos ayude a mantener siempre nuestros corazones humildes y agradecidos en servicio al necesitado. Nuestro Perú es un país que acoge, acordémonos de los inmigrantes que actualmente sufren y nos necesitan».
Sus palabras hacia el cardenal Cipriani fueron de gratitud de todo corazón: «no solo los que los aquí presentes, también lo hacen las almas de nuestros fundadores y antepasados. Estamos seguros que lo harán las generaciones futuras a quienes transmitiremos este momento histórico de bendición».
Subrayó su agradecimiento al cardenal Cipriani por su amistad, cariño y humildad «al acercarse a nosotros y escoger esta iglesia, que es nuestra parroquia, para dejarnos la bendición de Dios; no somos merecedores... lo son nuestros antepasados. Desde donde sus almas se encuentran esta noche, verán que sus esfuerzos y sacrificios dieron grandes frutos».