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Caravana okinawense a Villa El Salvador

Con total éxito se realizó el pasado domingo la Caravana Cultural Okinawense organizada por la Asociación Okinawense del Perú, los embajadores Uchina de Buena Voluntad y el teatro Arenas y Esteras.

Al llegar los integrantes de la caravana se repartió diversos víveres consistente en panetones, chocolate para beber, leche, azucar y demás a las diversas familias de los diferentes sectores alrededor del Centro Cultural Arenas y Esteras cuya directora, Sofia Pinedo Toguchi se encargó de congregar.

El teatro Arenas y Esteras se fue abriendo paso entre el arenal de Villa El Salvador generando cultura, manifestaciones artísticas como la danza, la pintura y el teatro y preparando futuros artístas en una de las zonas de nuestra capital menos favorecidas en cuanto a apoyo y recursos económicos se refiere.

La parte artística dio inició con las palabras de bienvenida del embajador Uchina de Buena Voluntad Akira Yamashiro quien presentó el tradicional Kagiyadefu (baile típico okinawense al inicio del evento) para luego mostrar un video en donde se aprecia las bondades que ofrece la isla de Okinawa.

El público asistente quedó fascinado ante los atuendos de los participantes del show, al ser posiblemente la primera vez que ven los coloridos trajes okinawenses, asimismo, quedaron sorprendidos al ver los pasos de karate de los integrantes de Ryukyukoku Matsuri Daiko quienes a manera de un singular kata mostraron el dinamismo del arte marcial japonés oriundo de la isla.

Los bailes Nubui Kuduchi, interpretado por los integrantes de Perú Nakagusuku Sonjinkai y Nuchibana (guirnalda de flores) deleitaron al público con un ritmo más calmado y mostraron el baile tradicional okinawense al interpretar una danza llena de significados.

Los integrantes de Ryukyukoku Matsuri Daiko remecieron el teatro al compás de los vigorosos tambores mientras que Haisai Uchina deleitó con las tradicionales melodías de la isla. La nota musical moderna la puso John Azama al interpretar la canción Shimanchu nu Takara mientras que el espectáculo del mimo Luis Kanashiro contagió de alegría a la tribuna con sus brillantes interpretaciones sin hacer uso de la palabra.

El shishimai (león okinawense) deslumbró al público, especialmente a los niños. Este brillante número es pocas veces visto en escenarios fuera de la colectividad nikkei.

La presentación cerró con el tradicional kachiashi contando con la participación de la mayoría del público asistente quienes se identificaron automaticamente con el contagiante ritmo del sanshin de Miyuki Arakaki y los tambores de los integrantes de los miembros de Matsuri Daiko.