Hace 110 años, a bordo del buque Itsukushima Maru, se dio inicio a la inmigración okinawense, que es ante todo, una historia de cooperación.
Y así lo demuestran las raíces en Okinawa, pues la isla, al ser un territorio de calor colosal, con abundante humedad, cataclismos (tifones, aluviones, etc.), agrestes parajes y de recursos escasos, siempre requirió de un trabajo unido para salir adelante.
El carácter férreo ante la adversidad y la conservación de la alegría hicieron frente a las guerras, conquistas y a la violencia ajena que formaron parte de su historia milenaria. Así, el yui maru (trabajo colectivo) y sus expresiones culturales (las melodías, las danzas, la culinaria, la artesanía, etc.) les permitieron erguirse ante las dificultades. En general, su sociedad es el reflejo de la cooperación para avanzar unidos y celebrar siempre la vida.
Al inmigrar arribaron con sus posesiones más importantes, sus valores y su espíritu cooperativo, e hicieron realidad sus sueños de progreso. Pero también sufrieron la incomprensión de la sociedad y las consecuencias de un conflicto ajeno. Sin embargo, vencieron al infortunio y se aferraron a la vida con la convicción de compartir, algo que ahora es propio de la identidad okinawense.
«Para Aopcoop, como descendientes de uchinanchus, ayudarnos mutuamente y trabajar unidos es progresar, ser parte de una sociedad solidaria y exitosa y que en conjunto es más que un individuo. Estas importantes lecciones trazan nuestro camino, permaneciendo siempre prestos a servir a nuestros shimanchus (paisanos), es por ello que lo celebramos con mucha alegría en el presente aniversario organizado por la Asociación Okinawense del Perú», indicaron los representantes de la cooperativa.