La colectividad nikkei de Lima y Cañete se reunió para participar en la romería en los cementerios cañetanos y celebrar el Obon, festividad japonesa en homenaje a los difuntos. En el acto conmemorativo, realizado el domingo 12, participaron 160 personas. Destacó la presencia de un buen número de jóvenes.
El Obon fue oficiado por el obispo Tetsuei Somoyama y la reverenda Fabiana Fukaya, de la Federación Budista Sulamericana Jodo Shinshu Hongwanji-Ha.
La romería se inició en el cementerio japonés Casa Blanca, al pie de un obelisco que se levanta en tributo a los inmigrantes japoneses.
La ceremonia budista se inició con la entrega de ramos de flores en homenaje a los antepasados. Participaron el cónsul de la Embajada de Japón, Koichi Shimono; el presidente de la APJ de Cañete, Akira Harata; el presidente de la Asociación Peruano Japonesa, Julio Kunigami; la presidenta de la Asociación Femenina Peruano Japonesa, Mercedes Tsukakoshi; así como los representantes de la Asociación Okinawense del Perú, Asociación Estadio La Unión y Movimiento de Menores AELU.
Luego de la ofrenda de flores, los asistentes encendieron y colocaron osenko, y elevaron plegarias por los inmigrantes japoneses.
En el cementerio Casa Blanca están enterrados los restos de los primeros inmigrantes japoneses, que al llegar al Perú trabajaron en las haciendas de Santa Bárbara, La Quebrada y Casa Blanca.
La romería continuó en el cementerio general de San Vicente, donde el obispo Tetsuei Somoyama ofició el acto budista. Los invitados continuaron con la ofrenda de flores y los asistentes rezaron y colocaron incienso.
Al mediodía, la delegación de Lima, así como los integrantes de la APJ cañetana ingresaron al templo Jionji para participar en el oficio budista celebrado por Tetsuei Somoyama y Fabiana Fukaya. Este se inició con la entrega a cada asistentes del Jodo Shinshu, libro de servicio Shoshingue para acompañar en la entonación himnos de fe y nembutsu.
El programa de la celebración del Obon se inició con la celebración de la ceremonia del té, a cargo del profesor Soyo Maruoka, de la Asociación Urasenke de México, que en la visita a Cañete estuvo acompañado por las profesoras de la Asociación Urasenke Tankokai del Perú.
En el marco de la festividad del Obon, que se realizó al pie del altar budista, que ocupa el lugar principal en el templo Jionji, todos los asistentes participaron en el acto de colocar osenko.
Destacó aquí la participaron de los alumnos de los colegios nikkei La Victoria, José Gálvez, La Unión y Hideyo Noguchi; además de los jóvenes del Movimiento de Menores AELU.
Al concluir la festividad, algunas familias se dirigieron al lugar donde se guardan las tablillas, ihai de sus antepasados.
Invocación a las nuevas generaciones
En el mensaje de Obon, Jorge Kunigami, presidente de la Asociación Peruano Japonesa, subrayó que esta es una festividad japonesa en la que se honra la memoria de los antepasados, «y los inmigrantes japoneses que llegaron a nuestro país preservaron esta tradición, y hoy sus descendientes la celebramos cada año en el mes de agosto».
En Japón, según dijo, se cree que durante el Obon, los espíritus de aquellos que se fueron regresan para visitar a sus familiares. Por eso en estas fechas, «visitamos sus tumbas y los recibimos con arreglos florales, y elevamos nuestras oraciones por sus almas, dándoles gracias por el ejemplo de vida que nos legaron».
En estas fechas, añadió, la familia se reúne en la casa paterna, con los hermanos, los hijos, los nietos; y se les recuerda a los antepasados con alegría y agradecimiento «por todo lo que nos legaron, y también por el don de vida que hemos recibido».
«De esta manera, orando por ellos y por todos aquellos nikkeis, cuyos restos o sus ihai se encuentran en Cañete, rendimos nuestro homenaje a su paso por la vida, con recogimiento y reflexión».
En tal sentido, expresó su invocación para que las nuevas generaciones conserven esta tradicional actividad.
«Por ello, incentivemos que vengan los jóvenes de los colegios de la comunidad nikkei, a quienes les invocamos conservar y heredar esta tradición. Y sobre todo, que expresen el sentimiento de gratitud y respeto hacia nuestros ancestros», añadió el presidente de la APJ.
En el acto protocolar, el cónsul Koichi Shimono expresó su respeto a todos los miembros de la APJ de Cañete y a los miembros de la colectividad nikkei por el esfuerzo para celebrar esta tradicional ceremonia.
«Como ustedes saben, el oficio budista y ofrenda floral simbolizan la elevación de una oración por el desaanso de las almas. Pienso en el esfuerzo permanente de los pioneros inmigrantes, y creo que es una oportunidad para reflexionar de dónde venimos», manifestó.
Anotó que se han cumplido 117 años desde que en 1899 los primeros inmigrantes japoneses llegaron al Perú, llenos «de sueños y esperanzas».
«Actualmente, ustedes, los nikkei de la colectivdad peruano-japonesa, se desempeñan en todos los campos y ocupan un lugar importante en la sociedad peruana. Este es el resultado de años de esfuerzos de cada uno de los miembros que han seguido el ejemplo y guía de sus mayores y han recibido la herencia de valores, como son el respeto, la laboriosidad, entre otdos, los cuales deben perdurar y seguir transmitiéndose a las furutas generaciones». Por ello, «quisiera manifestar mi profundo respeto y admiración, y al mismo tiempo orar por el descanso de las almas de los inmigrantes, quienes establecieron las bases de esta sólida comunidad nikkei», indicó.
Mercedes Tsukakoshi, presidenta de la Asociación Femenina Peruano Japonesa, acentuó que como todos los años, en agosto, la colectividad nikkei rinde homenaje «a todos nuestros antepasados». Y felicitó y agredeció a la comunidad nikkei de Cañete por su constante preocupación al cuidar el templo budista Jionji y los camposantos, «permitiéndonos rendirles un justo agradecimiento hacia ellos».
Enseguida, Ana Kawano, presidenta del Comité de Damas de la APJ de Cañete, quien se desempeñó como maestra de ceremonia, agradeció a todos los asistentes y los invitó a disfrutar del almuerzo.