Por: Ciria Chauca Falconí
Para Jorge Kunigami el Día del Padre se inició desde muy temprano, con un partido de fútbol en la AELU, y es que la celebración arrancará con sus compañeros del Club Carper.
El almuerzo será familiar, junto a su esposa, Harumi Yonamine, a sus hijos, Paola e Isao, y a sus cuatro nietos. En la tarde se reunirá con sus hermanos para recordar a papá Minoru y mamá Kiyo, los pioneros de la comida nikkei.
El actual presidente de la Asociación Peruano Japonesa les envía a los papás nikkeis «un fraternal saludo por su día», y hace votos para que el Señor bendiga sus hogares.
¿Qué es un papá?
Es difícil la pregunta. Es la persona que vela por la familia, incluyendo la madre y los hijos.
Es quien, con cariño, tiempo y paciencia, guía a sus hijos por el camino de la vida, llevándolos de la mano y ensenándoles con el ejemplo. En esa tarea, el complemento perfecto es la madre.
¿Tiene algún significado especial para usted el Día del Padre?
Es la oportunidad para celebrar con nuestros padres e hijos, por todo lo que nos han legado, y que pese a las dificultades hacen todo para que no nos falte nada. Y también es una oportunidad para pensar si como padres es¬ta¬mos haciendo lo correcto.
Además, es la oportunidad de reunirnos en familia y fortalecer el vínculo familiar.
¿Este domingo va a celebrar su día?
Empezaré desde temprano. Jugamos fútbol en AELU a las 9 de la mañana. Luego del duchazo, empieza la primera celebración con los compañeros del Carper; y seguramente en el almuerzo, será con mi esposa Harumi y mis hijos y nietos. Al terminar la tarde, como justo el domingo 19 es un aniversario más del cumpleaños de mi mamá, iremos a la casa de mi hermana, donde está el Butsudan, y nos reuniremos con todos los hermanos, que no son pocos, para recordar a papá Minoru y mamá Kiyo.
¿Cómo festejaba este día con su papá, Minoru Kunigami?
En los últimos años la casa quedaba chica para albergar a toda la familia. Había que ponerse de acuerdo para estar por turnos, era como ir a una fiesta. La alegría de papá era ver y jugar con los nietos y bisnietos, todos juntos. Siempre ha sido una celebración alegre y bulliciosa. Su más reciente recomendación para el Día del Padre era que «ya no le regalen cosas, que se lo den «en crudo», nos decía.
¿Admiraba usted a su padre?
El habernos criado junto con mamá a los 14 hermanos, en tiempos tan difíciles, era ya un motivo de admiración. Ellos se esforzaron y sacrificaron muchísimo para darnos una mejor calidad de vida.
Papá era un genio en la cocina. A pesar de que trabajaba desde las cuatro o cinco de la mañana, todos los días, para conseguir el pescado y los mariscos frescos para el restaurante, se daba maña para estar al frente de la cocina, y de cualquier cosa que había sacaba ricos platos de comida, que la gente consumía con mucho agrado.
Mi papá tenía un sexto sentido para saber qué tipo de comida le gustaba a la gente, y cuando la preparaba iba casi con nombre propio. El cebiche y la parihuela eran los platos preferidos de los comensales.
Le gustaba experimentar, y ha dejado muchos platos típicos en la Buena Muerte, como el caldo de calamar en su tinta, calamar relleno, torreja de erizos, tamalitos de pescado, etc.; aparte de garbanzos con mariscos, palta rellena, sudado, consomé. Casi todo lo que comíamos en casa era de su mano. Por ejemplo, empezó preparando el jamón del país para la familia y terminó con la costumbre de vender dos o tres moldes de jamón del país todos los domingos en la tienda, a pedido de los clientes.
¿Qué le dijo su papá cuando usted ingresó a la universidad?
Es una historia de hace tantos años. De los 14 hermanos, soy el quinto de los hombres en la familia, y todos ayudábamos en el restaurante porque faltaba mucha mano de obra, en la cocina, para cobrar, para evitar el «perro muerto». Era el año 1967, y el restaurante paraba lleno de clientes.
Cuando ingresé a la UNI, mi papá no sabía que había postulado, y mucho menos que había ingresado. Se enteró cuando un grupo de amigos me fueron a buscar a la casa con sus tijeras para cortarme el pelo. Cuando tocaron la puerta, mi papá salió y les preguntó: «¿Qué quieren? Yo estaba detrás de mi papá, y les escuché decir, casi asustados: «Hemos venido a felicitar a Jorge porque ha ingresado a la universidad y queríamos cortarle el pelo». Ahí se volteó, me miró y me dijo: «¿Es verdad?». Yo no había tenido tiempo de explicarle que había estado estudiando por las noches y que había postulado, porque mamá me había dado para la inscripción en la UNI y ella tampoco le había avisado.
No me dijo nada, se quedó callado y me dejó salir. Pensé que se molestaría, pero al regresar con el pelo cortado ya se le había pasado. Muchos años después, he logrado entender que gracias a mis hermanos mayores que se quedaron en el restaurante, yo pude seguir mis estudios en la universidad. Porque después, mis hermanos menores, todos, han podido seguir estudios técnicos y superiores.
¿Su padre le enseñó a ser un mejor papá?
Creo que el hecho de haber crecido entre tantos hermanos, viendo a mi papá lidiar con cada uno de mis hermanos, hombres y mujeres, y con la ayuda de mi mamá, porque hasta los 12 años yo era el último de los hombres, y crecí muy apegado a mi mamá.
Creo que, sin decir palabras, de las experiencias diarias uno aprende de lo que ve en la casa, y en eso mi papá era muy práctico. Todo lo hacía en casa, nunca necesitó un técnico, albañil, peluquero, carpintero. Creo que papá perfecto es difícil de lograrse, pero ha sido un buen ejemplo, dedicado 100% a la familia, y en eso mucho tiene que ver mamá, que lo hacía recapacitar cuando era necesario.
¿Cuáles fueron sus consejos para ser un mejor papá?
Ahora que ya he pasado la etapa de padre primerizo es más fácil decirlo. Lo más importante es dedicarle el tiempo necesario para estar con ellos, conocerlos más de cerca, compartir sus alegrías y preocupaciones, darles confianza para tomar sus propias decisiones y practicar los valores que desea heredarles, la mejor manera es el ejemplo; advertir en ellos sus fortalezas y debilidades, y saber resaltar en todo momento el cúmulo de posibilidades que tienen para realizarse como personas. Estar a su lado para gozar de cada peldaño que suben y celebrar juntos cada éxito en su desarrollo. Contarles de nuestras frustraciones y fracasos, para que ellos no caigan en ellos.
No olvidar que la mejor herencia que le puede dejar a los hijos es una buena educación, formación moral y los valores que siempre admiramos de nuestros ancestros, y que identifican a la colectividad nikkei.
¿Cómo ha sido su experiencia con el nacimiento de su primera hija?
Mi primera hija Paola nació en la época del gobierno militar, cuando teníamos el toque de queda por las noches. Luego de varias falsas alarmas de nacimiento, mi esposa Harumi, pensando que era otra falsa alarma, tuvo que salir de urgencia en horas de la noche al hospital, y subiendo a un auto, mostrando nuestra bandera blanca por el toque de queda, y yendo despacio porque la velocidad era limitada, el recorrido se hacía una eternidad. Cuando llegamos al hospital, el doctor no se encontraba y tuve que salir a buscarlo, así que, nuevamente en el auto, con mi bandera blanca, a velocidad controlada. Cuando regresé al hospital, Paola ya había nacido. Me perdí de ver el alumbramiento de mi hija, pero uno se olvida de toda esa odisea al ver a la criatura y a la esposa y saber están bien.
¿La APJ ha celebrado el Día del Padre?
Sí, al igual que el Día de la Madre, en la APJ celebramos también el Día del Padre, porque damos un especial valor a la familia y queremos fortalecerla, promoviendo la unión familiar. En esta ocasión, haremos un agasajo a los padres colaboradores de APJ, para lo cual nos estamos reuniendo en el Dai Hall, en donde tendremos oportunidad de almorzar juntos, y gozar de un show criollo, a cargo del Dúo de Oro, durante el cual sortearemos algunos regalos como TV de 32", equipos de sonido, etc.; y habrá un pequeño presente para todos los padres.
¿Su saludo a los papás peruanos?
En nombre de la Asociacion Peruano Japonesa, deseamos hacer llegar a todos los padres, especialmente a los padres de la comunidad peruano-japonesa y colaboradores de la APJ, nuestro fraternal saludo por su día. Esperamos que la pasen con sus seres queridos, hacemos votos para que el Señor bendiga sus hogares. Aprovechamos para reconocer el valor y esfuerzo que dedican, junto a su esposa, para lograr una sólida familia y la formación de sus hijos, con los principios y valores que el país necesita para asegurar su próspero futuro.