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Los valores japoneses de la Orquesta Internacional Teruya

Por Christian Hiyane Yzena

César Teruya Masuda (55) recuerda cuando acompañaba a su hermano Kembo Teruya a los ensayos de la orquesta nikkei Seventy Seven, cuando solo tenía siete años. La música le llamaba mientras correteaba por Barrios Altos y estudiaba en el colegio José Gálvez del Callao.

Cierto día en que faltó un tecladista en una banda, Teruya recurrió al maestro Kenji Yamasato para que este le enseñe algunos tips. El entrañable músico le dedicó tiempo y le dejó valiosas enseñanzas, esas que duran toda la vida. A los 17 años, formó la orquesta Arizona Nisei, y luego pasó al restaurante del conocido trío de boleros Los Morunos, poco tiempo después, se convirtió en el director musical de la banda. 

No le iba mal económicamente, en una época en que el terrorismo hacía de las suyas y la hiperinflación del gobierno de Alan García nos hundía. Pero viajar a Japón estaba de moda y él no se resistió. Casado y con dos hijos a cuestas, Diego y Carlos, a César le deslumbraba la idea de conocer la tierra de sus abuelos y aún más trabajar en ella. Entonces renuncia, vende sus instrumentos y en febrero de 1989 arriba a Narita.

Pero quiso agradecerle a su tía Mitsuko Teruya y a su obaachan Tomiko. Por eso, antes de enrolarse a la fábrica en Ota, prefectura de Gunma, viajó a Yonabaru, Okinawa, para darles las gracias, especialmente a Mitsuko, que fue su garante, mientras que la recomendación de viajar hasta la isla fue de su madre, Kyoko Masuda. Un mes después, ingresó a la fábrica Kanai a través de Tadashi Higa, un joven nikkei que fungió de contratista, y su labor consistía en cargar aros de automóviles hasta unos ganchos que pasaban por pintura.

«Fue un trabajo fuerte y muchos de los compañeros tenían hasta las uñas arrancadas por el mismo peso de los aros. Solo había teiji (jornada de ocho horas). Estuve dos semanas», recuerda. Luego pasó a un kaisha de pintura que tenía que ver con Subaru en la céntrica localidad de Isesaki, una zona en donde reside un gran número de peruanos. Aquí el giro del empleo tenía que ver también con pintura, aunque se trataba de autopartes. Allí trabajó por año y medio.

Algo que cautivó a César fueron los instrumentos que se vendían en las casas musicales, especialmente en el emporio electrónico de Akihabara. Adquirió varios de ellos y ensayaba en sus momentos libres. Por supuesto que podía hacer lo suyo, había material, pero esperaba el momento, ese que de todas maneras se dio.

PASIÓN POR LA MÚSICA

Meses después viajó su familia. Sus hijos estudiaron un tiempo en Japón, aunque luego retornaron al Perú y hoy son profesionales. Vivieron en Isesaki. Como toda persona que nace con una vocación, César no podía vivir sin hacer música. Además de obrero, se dedicaba los fines de semana a tocar en un local latino, El Bass, en Oizumi, donde brasileños y peruanos se divertían lejos de la rutina laboral diaria. Después, vino el Perú All Star, en Isesaki, donde pasó de ser músico a socio del negocio, junto a Julio Arakaki, por tres años. El local se llenaba de bote a bote todos los días, y la gente se pasaba la voz. 

César se alejó de las fábricas y su ingreso dependía de la discoteca. Todo estaba saliendo de lo mejor hasta que un hermano mayor que se encargaba  en Lima del negocio de su madre, enfermó. Mamá Kyoko le pidió que regrese al país porque ella no podía hacerse cargo del restaurante. De manera paralela abrió, en sociedad con un familiar cercano, una pollería en la transitable av. Arenales a la que le puso «Kris». No le fue bien. 

Un hermano suyo le pasó la voz de que estaban necesitando un marco musical para amenizar un negocio. Aunque el tiempo era cortísimo, César armó un pequeño grupo y le bautizó como Orquesta Internacional Teruya. Desde entonces, no han dejado de tocar. Celebraciones especiales como el Día de la Madre, la fiesta de Año Nuevo o reuniones corporativas siempre figuran en agenda. Entre las fiestas más famosas que han amenizado se cuentan la fiesta que se armó en Palacio de Gobierno con motivo del Día del Pisco, durante la gestión de Alan García. 

Asimismo, la fiesta de los Wong, familia que se ha abierto campo en distintas áreas comerciales después de iniciarse en el rubro de alimentos. También en reuniones con Faber Castell, Vidriería Furukawa o en fiestas del Año Nuevo de la Asociación Estadio La Unión. En los últimos años, han ocupado el estelar dominical del popular centro comercial Plaza San Miguel, donde hay gran afluencia de gente.

LOS VALORES JAPONESES

«No es que antes no lo haya practicado, porque en mi casa siempre tuvieron presente valores como la responsabilidad, la disciplina; pero en Japón es cosa de todos los días. Y el respeto entre ellos es increíble. Todo eso lo practico entre los miembros de la orquesta. Yo no acepto que lleguen tarde o faltando poco para la presentación porque hay que ensayar previamente. He visto, no te voy a decir nombres, de gente que llega a tocar, todos sudosos. Eso no va conmigo», advierte César.

Es verdad. El trabajo en la orquesta se lleva profesionalmente. Se improvisa, pero nada que tenga que ver con indisciplina o cuestiones de última hora. Otro detalle es que la orquesta acoge en su mayoría a descendientes de japoneses y varios de ellos han estado en algún momento trabajando en Japón. «¿Tuviste oportunidad de viajar a Japón con tu orquesta?, le pregunto. Una vez, junto al cómico Pablo Villanueva, estuvimos muy cerca, pero por problemas de demora de la entrega de visa no se pudo», cuenta. 

Datos

Orquesta Internacional Teruya

Cesarteruyam@hotmail.com

Facebook:Orquesta Internacional Teruya

Teléfono: (51) 999-658-220