El budismo llegó al Perú con los primeros inmigrantes japoneses y Sotoshu es una de las comunidades con presencia en nuestro país desde hace más de cien años, por lo que fortalecer esta relación es parte de la labor de la delegación que llegó a Lima encabezada por el director de la División de Educación y Difusión, reverendo Kenji Nakamura; e integrada por el gerente, reverendo Risai Furutani; y los reverendos Koeda Shutoku e Ikki Nambara.
En nuestro país, la comunidad budista Sotoshu tiene presencia gracias a la labor de la reverenda Jisen Oshiro y sus discípulos, quienes ofician ceremonias budistas y difunden la práctica del zazen (meditación).
«El motivo de la visita es por los 110 años de presencia de Sotoshu en el Perú, por eso hemos venido con el reverendo Nakamura en esta oportunidad. A pesar de la distancia, hemos venido porque sabemos que existe la colectividad nikkei que participa en actividades y romerías, y aunque acá prima el catolicismo, queremos que la gente sepa la importancia de orar por los antepasados», sostuvo Furutani.
«También el zen en Lima está teniendo actividades gracias a la reverenda Jisen Oshiro y hemos venido como apoyo. Y como Sotoshu tiene como finalidad estar en diversas partes del mundo hemos venido a apoyar en esta labor», añadió el director Nakamura.
En Lima, los monjes realizarán una visita al templo Jionji de Cañete, además se reunirán con los directivos de la Asociación Peruano Japonesa y el embajador del Japón en el Perú, Tatsuya Kabutan.
Sotoshu en el Perú
«Sotoshu llega con los inmigrantes, acompañándolos en su sufrimiento. A diferencia de EE. UU. o Europa, en donde la gente está interesada en el zen de manera intelectual, aquí en Perú todo se inició con el sufrimiento del inmigrante; luego fue trasmitido a las familias y se fue asentando en las ciudades, donde la gente fue interesándose por el zazen y su implicancia en la cultura, artes marciales y todo en general», explica Jisen Oshiro.
Específicamente, Zen Sotoshu llegó al Perú en 1903, con Ueno Taian, quien fundó el templo Jionji y tuvo como misión dinfundir las enseñanzas budistas entre los inmigrantes japoneses que llegaron al país.
Conmemorando los 110 años de presencia en nuestro país, Sotoshu donó la Campana de la Amistad Perú-Japón, que se encuentra en el CCPJ y que nos recuerda el orar por los antepasados.
«La campana en japonés de llama bonsho y se entregó al Perú, a la colectividad nikkei, como algo especial. El bonsho tiene un significado de orar por la paz y la memoria de los antepasados, por eso en Hiroshima existe también una campana que se llama Gembaku no kane, que tiene el mismo significado que la que nosotros donamos para celebrar la amistad entre Perú y Japón», explicó Nambara.
En la actualidad, Sotoshu tiene influencia más allá de la colectividad nikkei y muchos peruanos están interesados no solo en las enseñanzas del budismo, sino en la práctica del zazen. Jisen Oshiro, señala: «yo tengo dos discípulos monjes, que son Castilla y Sánchez, [ellos] son muestra de que el zen no es algo étnico, lo mismo se ve en el Hanamatsuri, que es una actividad que va más allá de la comunidad nikkei, participan muchos peruanos y se ha afincado como una actividad del distrito de Miraflores».
Zazen
Gracias a la práctica del zazen, Sotoshu tiene presencia en casi todos los países de Sudamérica. Incluso se cuenta con cerca de cien monjes, aunque muchos de ellos todavía en entrenamiento.
«El año pasado en la prefectura de Yamaguchi se organizó un evento que se llama Sekai Jamboree y es organizado por los scouts. Hubo participación de comunidades religiosas. Nnuestra meditación llamó mucho la atención, participaron cerca de 2500 personas en meditaciones de 3 a 5 minutos y esperamos que de esa forma pordamos llegar a más gente de Sudamérica», sostuvo Nakamura.
«En el Perú pude ver cómo pratican el karate y el judo, que son muy conocidos, esperamos que el zazen sea así de conocido y que más personas lo practiquen, ese es nuestro ideal», añadió.
«Hay Sotoshu en el Perú, Estados Unidos y otros países, y cada uno es diferente, eso es atractivo, porque va cambiando con el transcurrir de los años. Es como el agua en un recipiente, que puede ser circular y pasar luego a uno cuadrado, cambia la forma pero la esencia es la misma, siempre va a ser agua. Nosotros pensamos que a pesar de los años lo importante es que Zen Sotoshu se mantenga y siga», indicó.
Formación de monjes
El director Nakamura sostuvo que la formación de un monje termina cuando este muere, se trata de un constante aprendizaje a lo largo de su vida. En la actualidad existen templos dedicados a la formación de monjes en Brasil y Estados Unidos.
Los 110 años del templo Jionji
El próximo año se celebrará el 110 aniversario de la fundación del templo Jionji de Cañete, y de acuerdo con lo que dijo el reverendo Nakamura se tiene previsto la participación de una delegación de Japón. «Tenemos como misión orar por los antepasados, quienes sufrieron con el trabajo y el día a día», finalizó.