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Kaizen: pasos pequeños para grandes cambios

Por: Fiorella Dávila Pérez

Tanto en nuestra vida profesional como personal, los cambios son necesarios. Pero cambiar es para muchos un paso que jamás puede darse, y entonces aparecen las excusas más increíbles, esas que nos confirman que cuando queremos podemos ser muy creativos. La técnica del Kaizen, popularizada por Masaaki Imai, está dirigida precisamente a concretar esas metas postergadas, no con saltos que puedan parecernos imposibles, sino paso a paso. 

La expresión Kaizen viene de los vocablos japoneses kai (‘cambio’) y zen (‘bueno, mejor’), que en conjunto significan la acción del mejoramiento continuo, armonioso, y por lo tanto gradual y ordenado.

Su origen japonés se da a consecuencia de las necesidades que padeció la población del archipiélago después de terminada la Segunda Guerra Mundial. El desolador panorama alcanzó incluso al sector industrial, y lo producido carecía tanto de calidad como de diseño. Para cambiar esto, en 1949 se creó la Unión Japonesa de Científicos e Ingenieros (JUSE), organización que se encargaría de la creación y difusión de ideas relacionadas con el control de calidad. Con estos objetivos, la JUSE invitó al Dr. William Edwards Deming, un experto que había desarrollado metodologías basadas en datos estadísticos, y a Joseph M. Juran, experimentado administrador de sistemas, a dictar distintos seminarios en los que se lograría crear una nueva metodología para mejorar la cadena empresarial. 

Deming, Juran y el mejor de sus alumnos, el japonés Kaoru Ishikawa, se convertirían así en los precursores de una nueva filosofía que podría aplicarse tanto al ámbito empresarial como a distintos aspectos cotidianos: el Kaizen.

Tarea de todos

El mejoramiento progresivo que entraña el Kaizen puede entenderse en cualquier organización como una tarea que implica a todos los estamentos de la empresa (gerentes, administradores, operarios, etc.), pues solo así se garantizará un crecimiento real y sólido.

En nuestra vida diaria, este mejoramiento continuo también puede aplicarse. ¿A quién no le ha pasado? A veces en nuestra mente se instalan las listas de cambios (grandes o pequeños) que queremos hacer en nuestra vida (pagar una deuda, aprender inglés, comer saludablemente, hacer ejercicios, etc.) y decidimos empezar de una buena vez. 

Los primeros días la emoción parece fortalecer nuestro propósito y no desistimos, hasta que surgen nuevos factores del día a día que nos arrastran y nos llevan —nuevamente— por un camino conocido, uno en el que nuestros propósitos no tienen cabida. 

La técnica del Kaizen puede servirnos como antídoto para esas idas y venidas que hacen que finalmente no alcancemos nuestros planes. El asunto está en desglosar los objetivos, así, mientras solo deben alcanzarse pequeñas cosas al día (pagar una parte de la deuda, aprender a conjugar un verbo del inglés, incluir una fruta en nuestra dieta, caminar 10 minutos, etc.) nuestro estrés o preocupación se reducirá y esto —con voluntad y constancia— nos llevará a conseguir, a la larga, un gran número de cambios, pues cada paso, aun cuando sea pequeño, nos hará estar más cerca de la meta.