En la colectividad nikkei, el ohigan (‘el otro mundo’, donde habitan las almas de los que ya no están entre nosostros) es una celebración importante porque nos permite honrar la memoria y el alma de nuestros ancestros, y además seguir practicando las costumbres heredadas de los pioneros y respetar así la memoria colectiva de los nikkeis.
Esta festividad se celebra cada mes de marzo, motivo por el cual, el domingo 20, una delegación partió del CCPJ rumbo a Cañete. La parada inicial fue en el cementerio Casablanca, donde hicieron sus ofrendas los representantes de las instituciones nikkeis, la Asociación Peruano Japonesa, la Embajada del Japón, la Asociación Estadio La Unión, la Asociación Okinawense del Perú, la Asociación Femenina Peruano Japonesa, la Asociación Femenina Okinawense del Perú y el Movimiento de Menores AELU, que este año participó por primera vez; asimismo, asistieron alumnos representantes de los colegios La Unión, La Victoria y Hideyo Noguchi.
El segundo punto fue el Cementerio San Vicente de Cañete, donde se colocó ofrendas en el monumento dedicado a los pioneros que allí reposan.
La ceremonia central se realizó en el templo Jionji y estuvo a cargo de la venerable Jisen Oshiro, de la comunidad Zen Sotoshu.
Luego de la ofrenda budista se realizó la parte protocolar, que inició con las palabras de bienvenida del nuevo presidente de la Asociación Peruano Japonesa de Cañete, Antonio Harata, quien recordó que el Ohigan se celebra cada año en el equinoccio de la primavera. «Es una oportunidad también para recordar a los primeros japoneses y su sacrificio al pasar los primeros años en el Perú».
Harata agradeció a la APJ por la gestión del evento; a su antecesor, Miguel Gusukuma, quien ejerció la labor por 26 años y confió en él para continuar con el trabajo en Cañete.
Seguidamente, la presidenta de la Asociación Femenina Peruano Japonesa, Mercedes Tsukakoshi, felicitó a la directiva e hizo votos para continuar con la costumbre del Ohigan con la finalidad de recordar a los antepasados.
El presidente de la APJ, Jorge Kunigami, pronunció en su discurso, en representación de la APJ, que «nos es muy grato participar junto a todos ustedes en esta tradicional ceremonia budista que forma parte de la festividad japonesa del Ohigan, dedicada a honrar la memoria de nuestros antepasados. Durante esta celebración visitamos las tumbas de familiares, las cuales limpiamos con cariño y en donde dejamos ofrendas para agradecer a nuestros ancestros con fervor».
En Japón, dos veces al año, cuando comienza la primavera y el otoño, se reflexiona y se brinda el respeto merecido a las innumerables personas que desde el pasado hasta el presente, de una manera u otra, han influenciado en sus vidas para ser cada vez mejor.
«Para nuestra comunidad nikkei es una excelente oportunidad para reflexionar sobre aquellas cosas que nos unen, que son producto de nuestro pasado común: el hecho de ser descendientes de los inmigrantes japoneses, que con sus sueños y esperanzas nos legaron estas tradiciones y costumbres y sobre todo valores (...). Por ellos exhortamos a los jóvenes escolares de los colegios nikkeis que nos acompañan el día de hoy a comprometerse e investigar sobre estos elementos de la historia de nuestra colectividad y reflexionar sobre ellos. Estamos seguros de que encontrarán elementos que nos ayudarán a ser mejores personas cada día».
Finalmente, felicitó y agradeció a la APJ de Cañete por el recibimiento, a la comunidad Zen Sotoshu y a todos los presentes a esta importante celebración.
A su turno, el cónsul del Japón en el Perú, Koichi Shimono, señaló: «Es un gran honor para mí acompañarles a celebrar esta tradicional festividad en este camposanto donde descansan las almas de sus ancestros, los pioneros de la inmigración, a quienes en su memoria me dirigo con sumo respeto. Igualmente, manifestarles mi profunda admiración a todos los miembros de la APJ de Cañete y a los miembros de la comunidad nikkei por su iniciativa en mantener viva su volundad y por el esfuerzo de llevar adelante este importante oficio año a año. Este año contamos con la participación del Movimiento de Menores de AELU, orgullosos de sus raíces, deseosos de participar y tener un mayor conocimiento acerca de la historia de sus ancestros. La actual comunidad nikkei es el fruto de años de esfuerzo y perseverancia de cada uno de ustedes y sus miembros actuales. Desde la llegada al Perú de los pioneros, las virtudes como el espíritu de unión, ayuda mutua y perseverancia han logrado una fuerte estabilidad. Ellos seperaron las dificultades que encontraron y dejaron para las generaciones venideras su sabiduría y sus valiosas experiencias que seguiran contribuyendo para el desarrollo de la comunidad nikkei y la relación de amistad entre el Perú y el Japón. Permítanme expresar mi profundo respeto y agradecimiento, y elevar una oración por el descanso de las almas de los inmigrantes, quienes consolidaron las bases de la comunidad nikkei y forjaron a sus sucesores. Al finalizar mis palabras, agradezco sus atenciones y hago votos por el bienes¬tar de todos ustedes y sus familias».