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«Martín Chambi es el fotógrafo más trascendente»

Por: Ciria Chauca Falconí

En el Museo de Arte de Lima (MALI), hasta el 14 de febrero del 2016 está abierta la exposición fotográfica de Martín Chambi, que reúne cerca de 400 piezas entre fotografías y documentación de la época del destacado artista indígena. 

Chambi, considerado el padre de la fotografía peruana en el siglo XX, nació en 1891, en Puno, pero fue en Cusco donde aprendió y se dedicó a la fotografía, desde 1920. Falleció en 1973.

A continuación, en diálogo con Lucrecia Echegaray y su hijo Oscar Chambi Echegaray, conoceremos un poco más de la trayectoria de Martin Chambi. 

¿Cómo descubres al fotógrafo Martín Chambi?

Empiezo a valorar su obra desde niño, tanto por los comentarios como por las enseñanzas que recibí de mis padres. La transmisión oral en la familia ha sido constante. Todo el tiempo hemos tenido presente al abuelo cariñoso y al artista, y al respeto por su obra. Desde niño he crecido con eso. Los retratos los tenemos en casa, colgados en las paredes. Los he visto desde niño y los he valorado.

¿Cómo es que nace tu dedicación por la fotografía?

Cuando mi padre regresa de Argentina retoma el tema del cine. Empieza a difundirlo y crea el Cine Club en Cusco, pero no deja de lado la fotografía, siempre caminaba con una cámara. A pesar de que tuvo como profesión la arquitectura no dejó la fotografía. 

Lo que recuerdo de niño es que mi padre me hacía ingresar al laboratorio experimental que había en nuestra casa en San Isidro, me hacía revelar. Me decía: «Quédate un rato y ayúdame en el laboratorio». Lo hacía con gusto y así aprendí. Como lo tenía a la mano, me parecía tan familiar, que cuando decidí estudiar ciencias sociales y sociología no dejé la fotografía, y descubrí que no había universidades ni institutos donde la enseñaran como carrera. 

En la década de los 80, eran institutos como Kodak los que daban cursos puntuales. Así que básicamente he tenido una escuela familiar y la seguí. Gracias a esa escuela y a mi padre me inicié en laboratorio de la casa.

¿Ahora te dedicas a tiempo completo?

Sí, claro. Yo produzco fotos. Si en una semana no hago fotos, es como si me faltara aire. Enseño fotografía en dos universidades, soy corresponsal gráfico de una revista, y soy editor gráfico de la revista Kaikan de la Asociación Peruano Japonesa. Lo hago con mucho aprecio, con mucho cariño a la colectividad peruano-japonesa. Vivo de la fotografía.

¿Te marcó alguna fotografía de Martín Chambi?

Sí, un autorretrato que se hizo en las alturas de Carabaya, en Puno, y lo envió a mi familia con una dedicatoria por Navidad y Año Nuevo. Una foto chiquita donde él aparece casi a contraluz, en un amanecer, en las montañas de Carabaya con las nubes atrás que van saliendo. En esas contraluces del amanecer él está con una especie de pipa y un sombrero. Siempre miraba esa fotografía y me llamaba la atención el manejo de las contraluces, desde niño crecí con eso, quería estar en ese lugar, así lo sentí. Me motivó visitar la tierra de mi abuelo, buscar ese amanecer, esa neblina y las nubes con el sol. 

Otra fotografía es la chichería que Chambi hace como una producción casi cinematográfica. Dirige a los participantes, a los actores de la chichería, al que está tirando la fichas al sapo, al niño que recoge, a los personas que están alrededor tomando chicha y arriba están las calabazas colgando. Hay una escena muy pictórica, muy artística, que demuestra que el objetivo del artista ha sido perennizar un momento importante para la sociedad. Las chicherías eran las cavernas de la nacionalidad, un lugar donde los cusqueños se sentían identificados, por lo tanto, debemos tener esa mirada de valorar la riqueza cultural que tenemos los peruanos. Gracias a esa fotografía me sentí muy identificado.

¿Hay que descubrir el mensaje en la muestra en MALI?

Claro. En este caso, valoro el esfuerzo que ha hecho Natalia Majluf, la curadora de la exposición. Le ha dado una perspectiva novedosa al trabajo de Martín Chambi. Teníamos en la familia algunos estudios que han hecho internamente, pero no se le había visto como un actor del indigenismo, como un actor intelectual y participativo del movimiento indigenista. Creo que es justamente en esta serie de fotos que Natalia Majluf ha colocado en el MALI donde se ve eso, incluso aparece junto a una pintura de otro artista indigenista, Camilo Blas. En toda esa sala, hay una serie de personajes y retratos de situaciones que grafican las costumbres y las tradiciones de los indígenas del Cusco. La curadora explica el trabajo sistemático que tuvo Martín Chambi al registrar las costumbres y las tradiciones de los indígenas ha sido una manera de decir que esto es nuestra cultura y es parte de nuestra riqueza, y hay que saber apreciarla y valorarla. 

¿Chambi se sintió identificado?

Sí, Martín Chambi no es solamente el portavoz de esta cultura indigenista a través de sus imágenes, sino que se siente identificado como indígena y se siente identificado con este movimiento ideológico y cultural. Él trataba, de alguna manera, de denunciar una situación injusta que se vivía en el país, porque al indígena se le menospreciaba y se le marginaba. A través de sus imágenes lanza una voz de protesta, que reclama justicia en la sociedad.

Lo que dice Martín Chambi es que existe una riqueza tremenda en los indígenas peruanos y en la cultura popular peruana y en especial en esta zona surandina, Cusco, Puno y Arequipa, que no es valorada, no está visible. 

Lo interesante de la exposición en el MALI es que hay imágenes originales, copiadas por el propio Martín Chambi, y que algunas han sido recopiladas especialmente para la exposición, porque ya pertenecen a otras personas, y es que Martín Chambi obsequió muchas obras a los amigos, familiares y a colecciones privadas. Toda la familia se ha puesto de acuerdo para la exposición.