Por: Iván Augusto A. Pinto Román
En el progreso de la literatura Heian, aquella onna de, de mano femenina, ocupa un lugar primordial. Una obra realista, muestra auroral del auge que alcanzase la creación clásica nipona es el conjunto de íntimos bosquejos del Kagerô Nikki («Apuntes de una Efímera», en el traslado al castellano de Hiroko Izumi Shimono e Iván Pinto Román), impar tentativa de abordar la condición humana con absoluta llaneza y honestidad, que exhibiese la extraordinaria floración de la veraz expresión de la propia realidad, y el estreno magistral de la prosa femenil.
Este diáfano testimonio personal de la dama que conocemos solamente bajo el apelativo de Udaishô Michitsuna no Haha, o La Madre de Michitsuna, Capitán de la Derecha, inauguró la gran prosa escrita por una mujer, segunda esposa de Fujiwara no Kaneie, el más poderoso aristócrata y político en la corte de Heiankyô durante la segunda mitad del siglo X. Su lectura hoy, más de mil años después de su registro, exhibe sin ambages, impregnada de miyabi, elegancia, y mono no aware, compasión por la caducidad de todas las cosas, la inmutable precariedad de las pasajeras relaciones humanas.
A fines de la segunda mitad del siglo X, las damas de la aristocracia Heian acentuaron su actividad creativa, que empezara con diarios y apuntamientos. Una de ellas, casi al desgaire, a guisa de personal distracción, crearía en el cerrado mundo cortesano Heian un novísimo género: el ensayo. Padrón de sueltos pensamientos e impresiones, informal colección de anotaciones es el Makura no Sôshi, trazado por la dama apodada Sei Shônagon, doncella de honor de la emperatriz consorte Sadako, vertido al castellano, por Hiroko Izumi Shimono, Oswaldo Gaviria Cannon e Iván Pinto Román, como El libro de la almohada. Este es el prototipo de la asociación de cavilaciones y embelesos, al que con ingenio llamaría su autora zuihitsu, o «al correr del pincel», conforme los más diversos y dispares temas acudieran, de improviso, a su mente.
La dama Sei Shônagon, dotada de miyabi, elegancia y refinamiento expresivo, añade a su obra una característica personalísima, el okashi: la gracia, el donaire, el garbo, el mohín, el guiño cómplice, que tornan sus vivaces páginas en un directo y personal intercambio de pareceres con el lector, tal es la lozanía y agudeza con que esta cautivante escritora embebiera su primigenio ensayo que, transcurrido más de un milenio desde que lo pincelara sobre primoroso papel de malvas, sigue aún hoy despertando cordialidad, deleite y jovialidad.
Entre las dos primeras décadas del siglo XI, otra dama, nombrada Murasaki Shikibu, habría de comenzar a componer el Genji Monogatari, o Relato de Genji, la más notable y extensa obra de ficción de toda la literatura clásica del Japón, que proporciona un fascinante retrato de la vida en la corte Heian, del esplendor de sus rituales su culto a la fineza y la hermosura, así como de la conciencia de su caducidad.
Murasaki Shikibu, dama de honor de la emperatriz consorte Shôshi, segunda esposa del Emperador Ichijô, compuso hace un milenio la prominente y extensa narración que ha merecido la nombradía de primera novela psicológica de la literatura universal. El influjo que su composición ha ejercido sobre la creación literaria japonesa posterior es formidable, lo demuestran los más de 10 000 trabajos literarios de diversa índole que se hicieron en torno a tal primigenia novela, la misma que reiteradamente ha sido trasladada al idioma japonés moderno por muchos notables escritores japoneses de la Edad Contemporánea, entre ellos, Tanizaki Junichirô, así como traducida a lenguas de Occidente.
El lapso en que transcurre la novela comprende unos 70 años, y cuatro generaciones; toman parte en el relato cerca de 300 personajes individualizados. Los lances amorosos de Genji, de su nieto Niou (vástago de su relación con la dama de Akashi) y su putativo hijo Kaoru (en verdad hijo de la tercera esposa de Genji, la Tercera Princesa, y de Kashiwagi, hijo mayor del mejor amigo de Genji, Tô no Chûjô) muestran las pesadumbres de la existencia humana, sujeta a la fugacidad y al hado dispuesto por los propios hechos personales del pasado. La historia transcurre principalmente en Heiankyô y el pueblo de Uji, en las cercanías de la vieja capital.
Preñado de tonalidades y connotaciones, el concepto de mono no aware alude a la circunstancia de la época Heian, de acentuada impronta budista, e implica la conciencia de la transitoriedad de todo lo viviente. La dama Murasaki Shikibu habría de sellar su monumental novela con la constante alusión a la fugacidad de lo visible, la labilidad de los logros humanos, tan deleznables y efímeros como las gotas de rocío expuestas a los primeros rayos del sol matutino.