La sensei Erica Yonamine, de la escuela Ryuseihonryu Ryuseikai, presentó una charla sobre las danzas tradicionales de Okinawa, arte que se ve muy a menudo en las actividades de la colectividad nikkei.
«En mi casa siempre se habló el uchinaguchi, por ello lo entiendo bastante y eso me ayuda con las letras de las canciones de las danzas», comentó.
Yonamine es una nikkei argentina cuyos padres son amantes de la cultura de Okinawa. Viajó tres veces a Okinawa; una a los once años por la beca de Okinawa Japan Foundation, a la Universidad de Bellas Artes a estudiar danza, música, teatro y cultura okinawense; luego fue por la beca de Nishihara Sonjin, de donde es descendiente. Ese año también se recibió de profesora de la escuela Ryuseihonryu Ryuseikai.
En Argentina perteneció a diferentes grupos de música okinawense, además, practicó el karate e hizo una exhibición en el Uchinanchu Taikai del 2002.
«Fue un gran honor cuando los emperadores del Japón visitaron Argentina y me dijeron para que baile frente a ellos representando a la colectividad nikkei. Cómo es la vida, hace dos años vino el príncipe del Japón al Perú y mis alumnas bailaron frente a él. Eso fue muy grato para mí».
Al iniciar su exposición, indicó que la danza es una forma de comunicación no verbal, donde se expresan sentimientos y emociones a través de movimientos y gestos. Asimismo, a través de la danza se trasmiten costumbres, vivencias e historias.
Entre otras cosas, se explicó que en Okinawa antiguamente se creía en un mundo ideal (Nirai kanai), el mundo perfecto, que estaba más allá de los mares. Habían personas que tenían dones especiales y se comunicaban con esos dioses para pedirles prosperidad, buena cosecha, buena pesca, y la manera como se comunicaban era a través de movimientos y gestos. De allí se dice que nacen los movimientos de manos y el canto.
Se resaltó, además, que hay diferentes tipos de danza, entre estas, la clásica, la popular, la moderna y la folclórica.
Sobre la danza clásica se señaló que antiguamente solo los hombres de la nobleza podían bailar en el castillo de Shuri frente a las diferentes visitas, y de allí nacieron las danzas clásicas.El nubui kuduchi es la base de la danza clásica masculina y cuenta la historia desde la salida de Okinawa y hasta la llegada a Satsuma. La historia, que se narra a través de los movimientos, incluye siete partes. En el kudai kuduchi, se representa el regreso.
Asimismo, se indicó que el hamachi dori es una danza en la que los bailarines son como pajaritos pequeños que están llorando en la orilla del mar porque alguien se está yendo. Esta representación, que es como una despedida, se divide en cuatro partes.
Al concluir su ponencia, Erica Yonamine recibió un reconocimiento de Ángel Shirota, presidente de la Cooperativa Aopcoop, que fue auspiciadora del evento.
La presentación concluyó con las danzas a cargo de los alumnos de la profesora Yonamine, quienes se llevaron los aplausos de todos los asistentes.