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«La naturaleza es una esencia imprescindible para ser feliz»

Por: Ciria Chauca Falconí

Jorge Yamamoto, fotógrafo, psicológo social, investigador y docente de la PUCP, inauguró la exposición fotográfica «La naturaleza de la felicidad», en la galería Jinnai del Centro Cultural Peruano Japonés. Puede ser visitada hasta el 2 de octubre.

Esta exhibición, según resalta Yamamoto, es un tributo a sus padres, Jorge y Sumie Yamamoto.

¿Su papá se dedicó a la fotografía?

Sí, puso un estudio pequeño, Fotografía Lux, en Miraflores. Luego traspasó el estudio a Higuereta, allí se llamaba Foto Estudio Sumi, porque mi mamá se llama Sumie. Funcionó por buen tiempo. Después mi papá se retiró.

Él ha sido un modelo a seguir, un buen maestro, en el sentido de que no me incentivó que copie nada, sino que me dejó que yo pueda desarrollar mi propio estilo y mis propias técnicas.

¿Usted ha crecido en un estudio fotográfico?

Sí, prácticamente me he criado ahí, por eso mis primeros recuerdos son de juegos con cámaras malogradas, junto con carritos. Me es difícil recordar a qué edad he hecho mis primeras fotos, pero es probable que mi primera publicación fuera a los 13 años, en una revista que se llamaba Edición.

¿A qué edad comenzó a trabajar como fotógrafo?

Como muchos descendientes de japoneses, tenemos una cultura en donde el trabajo infantil no es mal visto. Particularmente, para mí, trabajar desde pequeño en el estudio fotográfico de mi padre fue una escuela de vida para la dedicación al estudio, al trabajo y al profesionalismo. Entonces, he trabajado desde que tengo uso de razón. Inicialmente era como un juego, hasta ahora lo es, pero con más responsabilidad y  con objetivos por cumplir.

¿Cuándo hizo su primera exposición?

Creo que cuando era estudiante de Psicología, tenía 21 años. Hice una exposición colectiva de fotografía en el hall del Centro Cultural Peruano Japonés. Y la exposición individual fue en la galería Ricardo Palma en la Municipalidad de Miraflores. 

¿Fue complicado hacer fotos con cámara mecánica?

Sí. En cambio, en la fotografía digital también se puede reproducir ese enfoque manual, que tiene sus beneficios: mayor control de la imagen, calidad de la resolución, no solo en la nitidez, sino también en la  capacidad de reproducir blancos más blancos y negros más negros y la capacidad de hacer fotos utilizando muy poca luz.

¿La fotografía es un arte o un trabajo?

Son ambas cosas. Cada vez hay mayor aceptación de la fotografía como arte, porque en la historia era un poco polémico, sobre todo con el contraste con la pintura. Pero luego vendría esta línea que acepta a la fotografía como arte, porque uno puede transmitir las emociones sublimes relacionadas con la profunda naturaleza humana y expresarla de una manera personal. Y es un trabajo porque es un método de registro a la vez.

¿De qué lugares son las fotos que muestra en «La naturaleza de la felicidad»?

Hay fotos de las Islas Galápagos, tanto submarinas como en tierra. También hay de la isla El Gran Caimán, especialmente de fotografía submarina. Hay imágenes de nuestro hermosísimo Perú, especialmente de la cordillera Blanca y la cordillera Huayhuash, que es una cordillera remota y uno tarda unos 11 días en darle la vuelta, más de 100 kilómetros y 10 mil metros entre subidas y bajadas. Hice la expedición (hace poco), así es que hay fotos que no tienen ni un mes. 

Además, aproveché un proyecto sobre las comunidades muy aisladas y muy felices. Allí hay grupos familiares que viven como si vivieran hace 30 mil años y si tomamos la lista de desarrollo de las Naciones Unidas, viven más en subdesarrollo, pero si uno los visita viven en la más extraordinaria felicidad.

¿Cuáles son esas comunidades?

Por ejemplo, alrededor de la laguna Carhuacocha y de la laguna Viconga hay pequeñas comunidades. 

¿Cómo ha sido su experiencia fotográfica?

Ha sido un proceso largo, como diría Sandra Bernardo, la fotografía submarina es la expresión muy complicada, porque hay que estar en un entorno muy agreste, que es bajo el agua. Y el agua es un enorme filtro de colores, por lo que hay que realizar técnicas de iluminación muy complejas, pues uno no puede ponerle un flash encima ya que la imagen saldría muy plana.

Mi experiencia fotográfica es un proceso gradual que ha comenzado hace 25 años, cuando con un grupo de amigos fotografiamos Guagapo (una cueva de 1500 metros), en Tarma.

¿Buceó en Guagapo?

Sí. Traté de hacer fotografía, pero mi técnica y mi equipo eran muy malos. Me quedé con el clavo, me compré una cámara submarina Nikonos, pero nunca me salieron buenas fotos. Con la tecnología digital me compré una cámara pequeña de gran resolución y así me empezaron a salir las mejores fotos. 

También hice un viaje al parque nacional Tayrona en el Caribe colombiano. Allí me animé más por las mejores fotografías. Empecé a documentarme, a leer mucho más y a conseguir mayor información sobre la fotografía. Logré mejorar el trípode, compré un flash submarino, con eso me quité el clavo e hice las primeras fotografías de la cueva de Guapo, que tiene un río subterráneo, donde han estado 7 expediciones, y las 6 primeras no pudieron tomar fotos. El año pasado logramos tomar las primeras fotos del sifón de Guagapo, que lo estoy presentando en la exposición fotográfica.

¿Cuál es la finalidad de su exposición fotográfica?

Son varias. La primera de ellas es una reflexión acerca de la naturaleza, de la felicidad. Esta naturaleza está íntimamente relacionada. La naturaleza como paisaje genera nuestra felicidad. La felicidad es sustancial, es satisfacer nuestras necesidades y nuestras necesidades las ha satisfecho durante miles de años la naturaleza, el mar, las montañas. Por eso, ver un paisaje nos va a generar felicidad. 

La exposición es para compartir con el público esos instantes de felicidad. Es un complemento a mi trabajo de tiempo completo, como docente e investigador.

Además, cuando estoy en un sitio tan hermoso me siento tan afortunado, y me parece egoísta (no compartirlo). 

En el ámbito más personal, es un tributo a mis padres que me fueron criando en ese entorno no solo fotográfico, sino también de responsabilidad, de trabajo duro. Ellos me apoyaron cuando me iba de viaje, me daban más rollos de películas que los que les pedía, siempre estaban atentos a ver qué libros y revistas necesitaba.