La misa que celebró el padre Luis Guibo, vicario pastoral peruano-japonés, este segundo domingo de agosto fue especial tanto por su relación con el Obon, una tradicional celebración japonesa que se realiza en homenaje a los espíritus de los antepasados, como por la reflexión a la que invitó para lograr un mundo sin armas nucleares.
Previamente a la misa, como acto simbólico, los asistentes hicieron llegar al padre Guibo los nombres de sus familiares y amigos fallecidos.
Asimismo, al pie del altar, fueron colocados elementos propios de la celebración budista del Obon.
En la eucaristía, el vicario pastoral anotó que en Okinawa el reecuentro con los difuntos fallecidos, de acuerdo con el calendario lunar, cambia de fecha cada año; sin embargo, la Vicaría Pastoral Peruano-Japonesa ha fijado el segundo domingo de agosto como la fecha para recordar y agradecer, a través de una misa, a los antepasados fallecidos.
«Nuestros, okasan, otosan, obaachan y ojiichan, con sus defectos y sus virtudes, nos han formado, nos han enseñado y son nuestro ejemplo. Por eso hay que agradecer a Dios por la vida de nuestros antepasados», manifestó.
El padre hizo además una breve explicación de la tradición okinawense, según la cual los familiares fallecidos vuelven para pasar unos días con sus seres queridos, ocasión que es aprovechada para reunirse con la familia.
Este año la celebración del Obon será el 26, 27 y 28 de agosto. El día 20 es la fecha del Tanabata. Los familiares acuden al cementerio para limpiar la tumba de sus antepasados y los invitan a visitar la casa, donde les esperan con platos preparados de modo especial y con cariño.
El padre Guibo subrayó también que con la misa por la celebración del Obon la tradición de Okinawa se une a la iglesia católica.
Asimismo, el vicario elevó unas plegarias por las víctimas del bombardeo nuclear en Hiroshima y Nagasaki, e hizo un llamado para lograr la paz mundial.
Al final de la eucaristía, los asistentes recordaron a sus antepoasados elevando plegarias y colocando osenko (incienso).