Por: Ciria Chauca Falconí
Ken Fukazawa Molnar, ingeniero mecatrónico, nieto de inmigrantes de Yamanashi, vivió en el 2014 la experiencia única de ser un becario de la prefectura de Yamanashi.
Nieto de la señora Hirono Fukazawa, de 100 años de edad, hijo de Luis Fukazawa, vicepresidente institucional y de Verónica Molnar.
¿Tenías objetivos específicos al postular a la beca?
Sí, mis objetivos claramente eran dos: conocer a mi familia allá y vivir la experiencia de trabajar en una empresa en Japón.
¿Profesionalmente te ha ayudado la beca?
Sí, la beca me ha ayudado en dos aspectos fundamentalmente: a aprender palabras de japonés técnico, que uno realmente no aprende durante las clases de japonés en el Perú; y a mostrarme un esquema distinto de trabajo, muy organizado y que aplica la metodología de Toyota. Me ayudó a revalidar los conceptos que estudié en la universidad, pero que no tuve oportunidad de aplicarlos acá.
¿Cómo ha sido tu experiencia en Nippon Electric Company Nec Kofu?
Al inicio todo fue lento y hasta tedioso, tuve que leer varios libros, entre ellos, un libro de programación de Mitsubishi y libros relacionados con la metodología de Toyota, todos en japonés. Después de casi un mes estudiando, la práctica se agilizó bastante. Durante este periodo se estaba desarrollando una nueva línea de producción y pude participar en su elaboración y desarrollo. Trabajé en equipo con los mismos japoneses, y apliqué la totalidad de mis conocimientos.
¿Has adquirido nuevos conceptos de mecatrónica?
Más que adquirir nuevos conocimientos, pude percatarme de la validez de los conocimientos que ya poseía, y enriquecerlos con la forma de aplicarlos a la industria. La mecatrónica yo la veo orientada a la automatización, ese es uno de los pilares de la metodología de Toyota. Aplicar esto en Japón es sencillo, todas las empresas lo hacen, y esto te hace competente en el mercado. En el Perú, sin embargo, la mecatrónica es vista como una inversión costosa, por lo que son pocas empresas las que apuestan por ella.
¿Es útil hacer uso de una beca prefectural?
Yo creo que sí. La beca de la prefectura está pensada para conseguir dos cosas: obtener conocimientos que te fortalezcan profesionalmente, y que te empapes de la experiencia que es vivir en Japón, ver otra realidad, otra forma de pensar y de hacer las cosas para que tal vez puedas replicarlas en tu país. Inclusive es útil para Japón, pues se espera que el becario vuelva a su país y anime a más gente a conocer Japón, a hacer negocios o a trabajar con japoneses.
¿En Yamanashi, pudiste visitar a tu familiar?
Sí, claro que sí. La experiencia fue increíble. Conocí las casas donde vivieron mi abuelita Hirono y mi abuelito Katsuro Fukazawa, ambas tienen más de 100 años de antigüedad. Conocí a varios primos de mi papá y en especial conocí a la hermana menor de mi abuelita Hirono, Fumiko, que hoy ya tiene 93 años, y es la viva imagen de mi abuelita; cuando la vi claramente reconocí a mi obaachan en ella y me sentí como en casa.
¿Y cómo fue la experiencia con tu abuelita Hirono?
Como suele pasar en la mayoría de familias —si no en todas— mi abuelita siempre ha sido el foco de unión familiar. Gracias a ella toda mi familia por el lado Fukazawa se reúne por lo menos dos veces al año, para su cumpleaños en marzo y por Navidad en diciembre. Mi abuelita Hirono fue desde el inicio la única persona con la que podía usar mi japonés, quizá incluso me mantuve estudiando japonés para poder entender a mi abuelita, aunque claro, después de más de 80 años en el Perú, su japonés se mezcla con el español.
¿Cuál es tu apreciación sobre Perú Yamanashi Shinbokukai?, ¿cómo ves el futuro institucional?
Perú Yamanashi Shinbokukai, es un kenjinkai de los más sólidos que hay en el momento. Está muy bien organizado y hay una fuerte participación de sus miembros. El mayor problema, sin embargo, radica en que la mayoría de los miembros activos son de la generación de mi papá a más. El kenjinkai nace de una iniciativa de apoyo y camaradería entre paisanos japoneses en un país con diferente idioma, costumbres, etc., pero ese ambiente es diferente al que se vive hoy en día. Los nikkei han logrado volverse parte de la sociedad peruana, y muchos de ellos ya no sienten esa necesidad de estrechar vínculos con la gente de su kenjinkai. En el futuro, veo la necesidad de una reforma en la orientación de Perú Yamanashi Shinbokukai, necesitamos jóvenes que se sientan identificados con sus orígenes y quieran tomar la posta de la dirección de la organización. Es lo mismo que le falta al Perú: la apuesta por la educación, pero en nuestro caso, una apuesta por los valores y la cultura japonesa que queremos preservar. Me gustaría que los más jóvenes se sientan identificados con ello y que participen gustosa y voluntariamente de las actividades, y que gracias a eso nuestra institución perdure en el tiempo.