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CCPJ es muestra de unidad y cooperación de la colectividad

Por Grace Gálvez Núñez

Luego de narrar brillantemente el contexto histórico del Perú y del Japón en el que se colocó la primera piedra del Centro Cultural Peruano Japonés, el reconocido doctor Iván Pinto Román entró en materia y comentó los detalles de esta importante construcción que hoy es una sede cultural al alcance de todos.

Organizada por el Grupo de Estudio e Investigación «Presencia de los Japoneses en el Perú. Siglos XVII-XX» del Instituto Riva Agüero, PUCP, la conferencia «Cincuentenario de la primera piedra del Centro Cultural Peruano Japonés» concluyó con prolongados aplausos.

Pinto Román trazó una línea temporal y se remontó a hechos históricos como el gobierno de Sánchez Cerro, la revuelta el 26 de febrero de 1936 en Tokio y el incidente del puente Marco Polo, en 1937, que condujo a la segunda guerra de Japón y China. «China no estaba preparada para la guerra. Nankín fue brutalmente arrasada. Fue muy doloroso, cruento para la historia de países que merecen vivir en paz y armonía, no debió ocurrir jamás. Este desventurado belicismo llevó a hechos que para los japoneses, para quienes descienden del Japón y para los que queremos Japón, nos avergüenzan», expresó sentidamente el experto.

A fines de 1939, Manuel Prado tomó el poder de manera autócrata. «Desdichadamente en Perú, el Palacio de Justicia entregado por un dictador, manchado por sus actividades nada acordes con las leyes, llevaría ese mal signo y hasta ahora merece una limpieza. Por algo no tenemos justicia en el Perú», criticó.

Mientras tanto, en Nihon se produciría un hecho atroz. «Alemania, Japón e Italia se unen en una penosa tríada el 27 de setiembre del 40, demostración de lo errado del rumbo tomado por el gobierno príncipe Konoe (…) que llevado por su ceguera contribuyó a lo que sería la peor desgracia de Japón».

Es en ese mismo año que en Lima se produce un «hecho trágico que solo se explica con la palabra barbarie. Seguidores de un ímpetu antijaponés, exacerbados por falsías, por volantes que mentían y hablaban de la inminencia de la invasión (…) movieron a estudiantes tanto del colegio Guadalupe como el de la Recoleta a participar en las turbas que saquearon, dañaron e incluso dieron muerte a algunos ciudadanos de origen japonés, destruyendo el fruto de tantos años», contó. Los desmanes duraron dos días. 

En el 41, Prado se declaró aliado de Estados Unidos y 1771 ciudadanos de origen japonés inocentes fueron enviados a su concentración en norteamérica. «Fue el más amplio programa de reubicación de ciudadanos en toda la historia estadounidense. (…) ciudadanos japoneses y nipo-peruanos, fueron incluidos en esta indignante y vergonzosa labor de extradición».

El desenlace de la Segunda Guerra Mundial es más que conocido: las bombas atómicas que asolaron Japón. «Pasada la tragedia, se dio lugar a la readopción de la amistad peruano-japonesa y allí se mostró que el Perú no guardaba ni odio ni rechazo (…) Los descendientes de japoneses decidieron quedarse, contribuyendo al crecimiento de la nación que ya era suya».

En 1956, Prado fue presidente por segunda vez, esta vez elegido democráticamente. «Enmendó los gravísimos errores cometidos en su primer gobierno y fue en ese segundo mandato que se restañaron las relaciones peruano-japonesas de manera auspiciosa», afirmó Pinto.

Posteriormente, en 1963 es elegido el Belaúnde Terry como presidente, quien «impelió la retracción simbólica del daño causado a la colectividad de origen japonés en el Perú».

En 1964, hubo un acuerdo bilateral de adjudicación de un lote de terreno a la Sociedad Central Japonesa del Perú, «en compensación por la confiscación de inmuebles que sufriera la colectividad japonesa en Lima, Chancay (…) dicho terreno fue destinado a ser el Centro Cultural Peruano Japonés que hoy nos cobija».

El 18 de agosto del 1965 fue colocada la primera piedra. «Las damas de Fujinkai contribuyeron con 100 000 soles para la plasmación de este centro, lo cual nos recalca una vez más ese afán de unidad, de cooperación por el bien conjunto que siempre ha guiado a la colectividad», aseveró el experto.

«Fue un esfuerzo que no ha realizado ninguna otra colectividad de origen inmigrante en el Perú, es un centro que irradiara no solo la cultura del país en que provenían los ancestros, sino que reafirma la cultura de un país en donde habían hecho su hogar y en el que sus hijos nacerían y sus nietos», añadió.

Pinto Román recordó también que se tenía la idea de construir un bello jardín japonés, idea que no cuajó. «Sería deseable que la Asociación Peruano Japonesa buscara la forma de que un distrito de Lima le asignase un parque, que cercado pudiera convertirse en un gran jardín japonés como aquel primero que se viera en el Perú en la Quinta de Óscar Hereen, gracias a la presencia de un destacado jardinero japonés», propuso.

Sería el 12 de mayo de 1967 en que finalmente se produjo la inauguración del emblemático CCPJ, actuando como padrinos el entonces príncipe heredero Akihito, la princesa Michiko y el presidente de la República, Fernando Belaúnde Terry. «Esto reafirma ese afán de afirmación de lo peruano y lo japonés, como compete a quienes tienen en su origen el país de Japón y en su destino el país de Perú», finalizó.