Por Grace Gálvez Núñez
Gran concurrencia tuvo el merecido homenaje al escritor nikkei Augusto Higa Oshiro, denominado «La Victoria de Augusto Higa», que constó de dos partes: un conversatorio y una exposición gráfica sobre la vida y obra del artista.
«La obra de Augusto Higa vista por los jóvenes» fue la mesa que abrió este reconocimiento, con los escritores Lilian Farías y Yoni Príncipe, teniendo como moderador al último ganador del Concurso de Poesía de la APJ, Diego Alonso Sánchez.
«Cuando un escritor se inserta dentro del proceso de transformación de la sociedad y de alguna manera revela algo de la sociedad es porque está cumpliendo una gran labor y es lo que sucede con la obra de Augusto Higa», expresó Príncipe.
«Están saliendo tesis, hay trabajos de investigación, y eso configura y marca su gran momento en la actualidad, y también lo perfile como uno de los grandes escritores peruanos», añadió, para posteriormente analizar el libro Gaijin, a través de su personaje principal Sentei Nakandakari.
De inmediato tomó la palabra Farías, afirmando que «la obra de Augusto Higa nos muestra una forma diferente de ser peruanos, porque creo que la relevancia de su obra es que nos muestra sujetos migrantes que no tomamos en cuenta cuando decimos somos peruanos. La comunidad nikkei está muy presente y muy arraigada en lo que significa peruanidad, y el maestro Augusto Higa lo demuestra en sus escritos».
La ponente disertó luego sobre «el sujeto migrante» en el libro La iluminación de Katzuo Nakamatsu. «La narrativa de Augusto Higa se ha convertido en los últimos años en una pieza fundamental para la narrativa peruana, ello por el desarrollo de una temática divergente, cuyos personajes deambulan en una marginalidad no solo espacial sino cultural, y hasta espiritual», indicó.
El conversatorio que siguió se denominó «Augusto Higa entre dos amigos», donde se presentó el escritor nikkei al lado de sus entrañables compañeros de letras Carlos Calderón Fajardo y Roberto Reyes Tarazona. El moderador fue el joven cuentista Miguel Ángel Vallejo Samechima.
«Yo quisiera hablar de su enorme persistencia, su enorme capacidad para mantenerse escribiendo durante 40 años. Hasta hace pocos años Augusto no tenía el reconocimiento que tiene ahora, era un escritor marginal, entonces esto es un reconocimiento no solo de la comunidad peruano-japonesa, sino del Perú entero», comentó Calderón.
Asimismo, reveló que Higa le comentó que ser okinawense «no era la mejor situación dentro de la comunidad nikkei, un poco como los que viven fuera de la isla. Y que gente como (José) Watanabe y Tilsa Tsuchiya, que eran de dentro de la isla, tenían un reconocimiento que él no tenía. Pero el problema más importante de todos era el ser peruano y japonés al mismo tiempo, y eso ya lo distinguía de los otros escritores de su generación».
De otro lado, Reyes manifestó que si bien hay escritores de un solo libro por el que son reconocidos y escritores con un entusiasmo prematuro y juvenil que después decaen, el caso de Higa es distinto: «Es un escritor que si bien demostró desde el principio un talento y un gran manejo del lenguaje, es un escritor que ha ido consolidándose cada vez más porque su obra se ha ido depurando, ha ido mejorando su lenguaje, lo ha hecho cada vez más exquisito y ha logrado una maestría que es reconocida y una originalidad notable».
Acto seguido se le dio la palabra al homenajeado, Augusto Higa Oshiro, quien dijo que se trata de un evento poco esperado por él y se siente muy agradecido por ello. Inmediatamente después procedió a contar una anécdota para explicar sus obras.
«Con un amigo nisei discutíamos qué cosa era ser un nisei, y él me dijo algo curioso: “Si yo soy japonés, lo seré desde la puerta de mi casa para adentro; si yo soy peruano, lo seré de la puerta de mi casa para afuera”. Era previsible la dualidad. Cuando yo empecé a escribir fue de la puerta de mi casa para afuera», apuntó.
«Ese mundo que yo describí, que traté de interpretar, tenía un límite, y ese límite se da cuando yo escribo Final del Porvenir. Cuando yo quiero escarbar más en la interioridad de este personaje, no puedo hacerlo, me es difícil interpretar conflictos internos. Por eso poco después empecé a escribir relatos que se organizaban desde la puerta de mi casa para adentro», continuó.
«No es que allí (en sus libros) esté representado lo japonés ni lo criollo, sino que es lo que yo conocí. Porque el mundo de lo japonés y de sus descendientes es demasiado complejo, no es posible identificar solamente un tipo de descendiente, son muchos y con muy complicados. El tipo que yo he descrito es el que tiene una nacionalidad vacilante, ambigua y tienen un conflicto anterior que le da una patente de nacimiento. Pero el descendiente de hoy, el que ha nacido en los 80, ya no tiene esas características», aseveró.
Finalmente, resaltó que el ser nikkei es una manera de ser peruano. «Es a partir de eso que trato de fusionar ambos elementos: la casa de afuera y la casa de adentro en un todo organizado. He intentado hacerlo de manera separada, pero lo que falta es una visión mucho más integradora. Hasta aquí es lo que yo puedo dar, es parte de nuestro compromiso y esfuerzo como escritores para comprendernos a nosotros mismos y comprender el país en que vivimos», concluyó.
Al término de la ponencia, todos los asistentes salieron al hall del Centro Cultural Peruano Japonés para apreciar la muestra «La Victoria de Augusto Higa» y pudieron tomarse fotos con su escritor predilecto. La exhibición estará abierta al público hasta el 8 de mayo.