Por Grace Gálvez Núñez
«Cuando ingresé al postgrado de la Universidad de Nagoya me interesaban mucho los medios de intercambio de los peruanos en Japón y me enteré que se desarrollaba la procesión del Señor de los Milagros. Vienen tantos peruanos, más de 200 en solo un día, era sorprendente para mí», expresa la doctora Hiromi Terazawa.
El español que habla muy bien le sirvió para conversar con los peruanos asistentes a esta ceremonia y comenzar así sus investigaciones. «En la sede de la procesión todo era nuevo para mí, el color morado, el hábito, era como misterioso. Al principio me interesaban mucho los medios de comunicación, pero cambié de tema al del Señor de los Milagros. Hace ocho años vengo observando esta procesión en la zona de Nagoya», explica la investigadora, quien además trabajó un año en el Consulado de Perú en Nagoya.
Sin embargo, su mirada a través de todo este tiempo no ha sido solo como investigadora. «No soy católica y no vengo solo para investigar, sino ya por amistad porque he hecho muchos amigos. Mi amiga Mónica Carranza, por ejemplo, trabaja mucho para realizar esta procesión cada año», comenta.
Midorigaoka es la zona específica a la que asiste Terazawa cada tercer domingo de octubre. «Ellos (la comunidad peruana) se esfuerzan bastante por realizar una procesión como la de Lima, pero con reglas japonesas. Hay que cuidar muchas cosas como el estacionamiento, este tema siempre aparece en la propaganda porque no hay estacionamiento y algún vecino siempre se queja porque, por ejemplo, un coche aparca en su jardín».
La diferencia estaría en que en Japón no existe un recorrido por las calles, sino solo dentro de las instalaciones de la iglesia, puesto que se trata de una zona completamente residencial. Lo mismo para la comida peruana y japonesa que se vende durante la celebración.
Quienes participan en la procesión son nikkeis peruanos y sus cónyuges, peruanos en general y japoneses católicos. «En Japón, los católicos no son mayoría. Para mí el catolicismo es bastante severo, siempre muy serio, todos tienen corazones buenos. El estilo peruano es distinto, con las canciones más alegres», indica Hiromi.
Durante la recesión del 2008, los dekasegi la pasaron muy mal. Muchos peruanos y brasileños regresaron a sus países puesto que perdieron sus trabajos y sus casas. Justo ese año, para la procesión del Señor de los Milagros llegó el obispo japonés a ofrecer la misa y la dio en español. Esto sorprendió y significó mucho para los peruanos participantes, fue una señal de esperanza.
Relación entre peruanos y japoneses
Entre los años 90 y 95 se produjo una ola de migración hacia Japón, de Brasil y Perú. Entonces, a decir de Terazawa, se produjo un choque grande por el tema de idioma y de costumbres. «En las ciudades que tenían mucha población de los extranjeros había un choque con los nikkei porque, a pesar de que se parecen físicamente, no son japoneses. Eso a los japoneses les chocaba, pensaban que eran japoneses locos o extraños, porque preguntaban temas de la vida cotidiana como los horarios de los trenes. Casi todos los migrantes tienen una experiencia semejante al inicio», resalta.
Luego de más de 20 años es distinto. Ahora tienen hijos que estudian en la universidad o en el bachillerato y llevan una vida normal. «Tengo otra investigación sobre la relación entre los peruanos y japoneses en Inuyama, donde viven 420 peruanos. En la zona hay una ONG activa para los peruanos, y en la ciudad la relación entre los peruanos y los japoneses es buena, pero es bastante difícil para los peruanos comunicarse como amigos con los japoneses; por lo que los padres siempre les preguntan a sus hijos, quienes hacen de intérpretes», detalla.
Colectividad nikkei en Perú
Terazawa ha visitado el Perú tres veces y se ha formado una visión de la colectividad nikkei, de la cual dice es muy integrada. «Son muy modestos, tímidos, elegantes, trabajadores; pero son peruanos, no son japoneses. La diferencia es que son abiertos y activos, y tienen un vínculo bastante fuerte entre nikkeis. La APJ es una muy buena asociación para los nikkeis, siempre me impresiona el Centro Jinnai, porque las obaachan y los ojiichan están juntos cantando canciones japonesas, bailando activamente», manifiesta.
No obstante, la estudiosa ha encontrado otra veta para seguir investigando. «Es interesante que sean peruanos, hayan nacido en Perú, vivan como peruanos, pero se esfuercen en mantener la cultura japonesa y tengan una asociación japonesa. ¿Es por sangre, por sentimiento, por nostalgia? No lo sé, pero es interesante», declara.
Y añade: «Entiendo que si soy peruana y vivo en Japón, lo normal es que me agrupe en una asociación peruana, es natural; pero si siendo peruano me agrupo en una asociación japonesa... no encuentro respuesta a esa interrogante».
Investigadora de todo lo peruano
Actualmente la doctora Terezawa continúa sus estudios sobre la procesión del Señor de los Milagros, y además investiga los medios de comunicación y la comida peruana y japonesa de los nikkeis de Japón y Perú. «El año pasado hice entrevistas a cinco obaachan de APJ para preguntar las costumbres de las comidas, qué comían cuando eran niñas. La procesión, los medios de comunicación y la comida de las familias son las partes más importantes de mi tesis doctoral, entonces las sigo estudiando», apunta.
Su mensaje final es el siguiente: «Gracias a APJ Japón está más cerca y es muy necesario recordar siempre a Japón, pero tampoco se olviden de que hay peruanos en Japón que siempre se acuerdan de su país».