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«Tengo para rato con el cuento»

Por Grace Gálvez Núñez

Pedro Llosa Vélez tiene una doble vida: por las mañanas es un aplicado profesor de Economía en el colegio Markham y por las noches se convierte en un prolífico escritor, en un contador de historias excepcional. 

Él ha recorrido buena parte del mundo: vivió y trabajó en Europa, visitó la India para probar una experiencia completamente distinta y el año pasado viajó a Berlín y Rusia con alumnos y colegas de la escuela donde dicta clases. Eso sí, le encantaría conocer Japón y China, «países que tienen un componente cultural altísimo», según señala.

A continuación, una entrevista que nos permitirá conocer más a fondo al ganador del VIII Concurso Nacional de Cuento, premio «José Watanabe Varas», gracias a su libro Las visitaciones.

¿Tienes algún acercamiento a la literatura japonesa?

He leído un par de libros de Murakami (Sputnik, mi amor y Los años de peregrinación del chico sin color), me parece un escritor interesante y controvertido porque a algunos les gusta y a otros no, pero voy quedando contento con los dos libros que le he leído. Me gustaría seguir explorando, seguir otros libros clave que me han recomendado de él.

¿Qué destacas de Murakami?

Tiene un estilo particular, bien marcado, y eso es una virtud. Engancha con unos, no con otros, algunos no le ven el vuelo necesario, pero creo que hay algo especial y valioso en su literatura. Hay un dato oculto permanente, que es lo que jala; sabe guardar, sugerir, hablar más por omisión que por extensión, en ese sentido sí me parece interesante.

¿Cómo definirías tu propio estilo?

El primer libro que escribí (Viento en Proa, 2002) eran cuentos cortos, muy tradicionales, con una frase que puede dar el giro. Luego en Protocolo Rorschach (2005) eran cuentos más largos, despreocupándome que el final fuera tradicional. Me gusta el ejercicio de las dos historias, me gustan historias que se van entrelazando, me gusta la idea de una novelita pequeña, que no tenga necesariamente esas características del cuento: como una flecha o nockout. 

De allí en adelante, como en Las visitaciones, sí me gusta escribir cuentos largos de 30 páginas. Eso implica que tienes que tener un ritmo más lento, pausado, alargado… Creo que hay quienes tienen esa genialidad del cuento breve, pero es difícil lo que ellos te pueden dejar. Creo que el cuento de 30 páginas es el que puedes leer de un tirón, como cuando vas al cine y dispones de dos horas. A lo largo de 10 o 15 páginas, vas sintiendo a ese personaje, y cuando llegas al final de las 30 ya hay un vínculo.

¿Tienes planes de escribir una novela?

Planes inmediatos no. Las historias buscan su propio género, a veces piensas una historia y dices: «Esto es muy visual» y caería bien en una obra de teatro. Siempre he escrito cuento. De hecho, uno de los cuentos de Las visitaciones era una novela de 120 páginas vuelta cuento de 40, quité todo lo que yo consideraba era la grasa, se llama «Última llamada».

¿Tienes alguna manía u orden al momento de escribir?

No tengo ningún orden. Ese es un problema. Cuando me meto en una historia vivo mucho por tiempo con ella y voy buscando los espacios en dónde puedo escribir. 

Mi ideal es poder aislarme, la soledad es el mejor aliado para la escritura, los seres humanos son un estorbo para el escritor. Además, prefiero el silencio, que cada vez más difícil de conseguir. 

Algunas veces me voy solo a la playa en mis vacaciones. Es fabuloso y productivo, ya que te obliga a estar solos tú y tu historia. Apago el celular y camino, leo, me siento a escribir; trabajas un par de horas, cocinas, luego te vuelves a meter en tu historia. 

¿Por esas escapadas a la playa te pusiste «Cazador de Ostras»?

Hay un ave en el sur que se llama «cazador de ostras», de pico rojo. Yo escribí un cuento al respecto, e iba a ir en Las visitaciones, pero no estaba como yo quería y decidí no incluirlo, y para que esté de alguna forma presenté mi libro ese seudónimo. 

¿El escritor nace o se hace?

Creo que la narrativa se hace porque es chamba, no hay corte de camino. En la poesía hay genialidad, en la música también. La narrativa creo que es una de las pocas cosas que sí pueden venir en uno, como parte de tu ADN. Es la persistencia en la necesidad de escribir.

Eres profesor de Economía y escribes cuentos, son cosas muy distintas, ¿sientes que llevas una doble vida?

Es cierto, pueden haber momentos en que esa doble vida me puede incomodar, pero también encuentro ciertas etapas, una de ellas es que algunos amigos están metidos de lleno en la literatura y como que están saturados de ella. 

A veces pienso que podría ser profesor de Literatura, la escritura en sí es como un ejercicio absolutamente aislado de los demás. Cuando ya la escritura es el centro de tu vida, lo demás es lo que mejor se te ajusta.  

A mí me gusta enseñar Economía y disfruto escribiendo artículos en medios, ahora tengo una columna en la revista Poder, que quizá no tendría si fuera solo profesor de literatura. 

¿Crees que el cuento está devaluado?

El cuento debe enseñarse desde el colegio. Hay un lado editorial interesante, pero falta el lado de la revaloración. Cuando la educación pública en el Perú no era un privilegio de todos sino de unos cuantos, los profesores eran personas probas. Haber estudiado en una escuela pública era un privilegio, eso sería interesante estudiarlo. Pero ahora hay muchos cortes de camino, se valora al deportista que es multimillonario. 

¿Hay algún libro al que siempre vuelves?

No, tengo varios autores que me gustan. Me parecería infiel y descortés decir un nombre. No vuelvo a uno definido, pero recurro a grandes autores a veces y siempre trato de buscar cosas nuevas.

¿Cuál es tu siguiente proyecto literario?

Tengo en la cabeza un siguiente libro de cuentos que viene desde antes, que espero acabar. Tengo hasta cinco cuentos que podrían estar bajo una temática común, y otros más en proceso que estoy trabajando. En cualquier momento podría cerrar otro libro, de ocho o nueve cuentos. Tengo para rato con el cuento.

¿Tú mismo corriges tus escritos?

Trato que lo vean otras personas, es el mayor acto de respeto que le puedes dar al lector. Alguien de afuera te hace ver tus muletillas o errores, eso es interesante.

Me gustaría ser un cuentista a tiempo completo, de la misma manera como un deportista. El deportista olímpico no es un amateur, entrena todo el día, llega a una olimpiada y luego ya se retira. 

¿Qué recomendarías a los escritores que recién se inician?

A lo mejor es el consejo más idiota que puedo dar, pero lo único que podemos hacer es sentarnos a escribir, hay que escribir nada más. 

Los cuentos y artículos que escribía no tenía idea de quién me los iba a publicar, pero los escribía y es más fácil cuando ya los tienes hechos. 

La vida de (Julio Ramón) Ribeyro debería ser el modelo que debería tener el escritor, nunca tuvo dinero o fama, su reconocimiento fue ya después de muerto. 

Además, debemos ver la literatura como un ejercicio de sí mismo. Soy pesimista o estoy confundido respecto a qué futuro hay y si hay verdaderas motivaciones para escribir. Ahora no se lee mucho, no hay chico voraces, que quieren leerlo todo, y ese es el elemento número uno en la literatura.