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El bailarín de marinera tiene que ser de corazón noble

Por Rubén Kanagusuku

Con 26 años de residencia en el Japón, José Suhara y su esposa Ana Bohorquez iniciaron hace cuatro años la escuela de marinera Sol y Luna en la ciudad de Kashiwa, prefectura de Chiba en el Japón, que cuenta con numerosos alumnos. 

En su paso por Lima, luego de asistir al 55 Concurso Nacional de Marinera realizado en Trujillo, Suhara nos concedió la siguiente entrevista antes de emprender retorno al Japón.

¿Dónde aprendió a bailar marinera?

Empecé a bailar de niño. Luego cuando ingresé a estudiar al Senati, allí había un grupo de danza.

¿Y cómo se inició en Japón?

Después de más de veinte años de casados nos hemos animado a practicar, empezando como aficionados. Alquilamos un local y nos dábamos tiempo para enseñar marinera a través de videos, tratando de imitar a los campeones. Era el 2010 aproximadamente. No teníamos la intención de mostrarnos públicamente y un amigo que nos vio practicando nos dijo que bailábamos bien y que en Chiba se iba a realizar un evento cultural. Y como este amigo participaba en la organización, quería un número peruano para que los japoneses y el público en general disfruten de la marinera. Nos convenció. Mandamos a traer la ropa del Perú y nos preparamos un poco más para el evento, para dar una buena impresión. A partir de allí empezamos a salir en los eventos de la zona.

Ese fue su inicio en el Japón...

Así es, hasta que se realizó el primer concurso de marinera en Nagoya. Era un concurso libre llamado «Sacachispas» organizado por la que fue hija de Luis Alberto Takahashi. Lamentablemente falleció en el Japón. Ella era una apasionada de la marinera. Fuimos a participar como una experiencia y conocimos a mucha gente, nos gustó el ambiente pues era algo muy sano, muy bonito. Había bastante amistad. Quedamos en tercer lugar en ese concurso y nos animó a seguir adelante. Y empezamos a prepararnos para los otros concursos.

¿Hay muchos concursos en Japón?

Ahora sí. Hay tres filiales: Tokio, Nagoya y Osaka. Estas dos últimas están fuertes pues están llevando bastantes campeones, tanto para participar como para ser jurado.

¿Cómo fue la segunda vez que participaron?

Fue en Tokio, organizado por el Club Libertad, filial Tokio. Participamos y ganamos en la categoría adultos. Allí fue que recién nos animamos a enseñar. Eso fue en el 2012. Empezamos con nuestras tres hijas, de allí con unos vecinos y con una señora que venía desde Saitama con su hija. Éramos tres niños y nosotros que practicábamos, y poco a poco iba llegando más gente hasta llegar a 25 alumnos. De allí nos empezaron a llamar de Saitama, de Tochigi y de otros lugares.

Al principio no sacábamos a los niños a los eventos, pues no sabíamos las coreografías y los bailes grupales; una vez que las aprendimos, empezamos a llevar a los niños a los eventos y nos fue muy bien pues se desenvuelven mejor. En la marinera hay que tener la actitud para bailar, desenvolvimiento y seguridad. La marinera es soltura. 

¿En qué eventos participan en Japón?

La fiesta más importante es la de 28 de julio, en donde siempre nos invitan. Participamos también en los eventos de las municipalidades de las prefecturas. Este año, por ejemplo, por ejemplo nos invitó el alcalde de Kashiwa (Chiba) a un evento del Club de Leones de la ciudad. Una vez nos vio bailar en un matsuri y le gustó.

¿Cómo ve el público japonés la marinera?

El público japonés es un poco recatado. Al principio miran y preguntan, pero cuando les interesa llaman y están detrás de los ensayos y presentaciones. Ahora hay mucha aceptación. Nos llaman mucho a los eventos japoneses porque la marinera es un baile que tiene mucha energía. Cuando ven a bailar a los niños, se emocionan. 

Antes estaba el tango y el flamenco de moda en el Japón, ahora el flamenco casi no lo veo. La marinera está en todos lados: en Tochigi, en Gunma, en Tokio, Nagoya, Kanagawa y en otros lugares.

Es decir que hay bastante interés por la marinera en Japón.

Así es. Nosotros cuando enseñamos empezamos a las 9 a.m. y un día normal terminamos como a las 6 p.m. Si hay eventos nos quedamos hasta las 9 p.m. Hay padres que vienen de diferentes prefecturas para traer a sus hijos a nuestras clases. Sabes que no es fácil movilizarse en Japón, pero a pesar de ello lo hacen y los niños quedan contentos. Si hay presentación al día siguiente, se quedan en la casa y nos vamos todos juntos al evento. Es un trabajo en conjunto. Nosotros damos gracias a Dios y consideramos una bendición que a mis tres hijas les gusta la marinera y nos acompañan a las presentaciones.

¿Qué beneficios les trae a los niños aprender marinera en el Japón?

Hemos conseguido con la marinera sacar a los niños de ese mundo de los juegos virtuales. Un mundo un poco frío en donde ellos se sumergen muchas veces porque los padres no tienen tiempo de darles algo real. Ese es nuestro objetivo. Que los niños se enamoren de la marinera y que no la bailen por bailar. 

Además la marinera era algo que no conocían, es diferente de un niño que ha nacido en el Perú. Se crean lazos familiares y la amistad es muy grande, formándose un Perú chiquito en cada clase. Llegan y se saludan, de repente no hablan todos español, pero se dan sus besitos, abrazos, se saludan en español. Eso también estamos tratando de inculcar: que no tengan vergüenza de su cultura ni de sus orígenes. 

La marinera da bastante seguridad al niño en su desenvolvimiento, además que mejora la comunicación con los papás y con el entorno.

Cuéntenos una anécdota.

Hubo un evento en donde participaron varias escuelas. Fue en octubre pasado. Hay un niño en mi escuela que es muy bueno bailando, ha sido campeón, pero es muy orgulloso. Su mamá es japonesa y su papá es peruano. Cada escuela demostraba su talento y sus bailes y él hace un movimiento para levantar el sombrero con el pie y agarrarlo con la mano, esa era su habilidad. Y en plena presentación se le cae el sombrero. Siguió bailando hasta que terminó la canción y se fue corriendo al baño a llorar. Yo estaba de animador, y cuando quise presentar a otro grupo no había nadie. Todos los grupos se habían ido con él al baño a consolarlo. Todos nos quedamos sorprendidos y los papás aplaudieron. Eso es compañerismo. Eso no se ve en el Japón. Le dijeron para que bailara otra vez y bailó, y le resultó el paso de baile. Para nosotros fue una satisfacción tremenda conseguir todo eso en los niños. El verdadero bailarín de marinera tiene que ser de corazón noble y si no lo es, en la escuela tiene que aprender.

¿Cuáles son sus proyectos a futuro?

Tener un local propio en Kashiwa (prefectura de Chiba) y el próximo año venir con los niños al Campeonato Nacional de Trujillo.