Por Christian Hiyane Yzena
Hiro Tome Shimabukuro fue dueño de varias concesionarias de comida en distintas entidades como la Universidad Católica del Perú y la empresa de Energía de Lima Norte (Edelnor), además de la cafetería de la Asociación Estadio La Unión (AELU). Para mayores señas, se identifica plenamente con Carper, uno de los equipos más representativos de la institución deportiva nikkei. En realidad no tuvo mayores problemas económicos.
Pero a fines de los ochenta, en plena época de viaje de los nikkei al Japón con el objetivo de ahorrar debido a la alta demanda de mano de obra, decidió probar suerte. Partió contratado desde el Perú con la empresa contratista Narukawa. Varios familiares, entre hermanos y primos, también optaron por viajar. Arribó a Narita y de allí a Moka, en la prefectura de Tochigi.
Pero fue consciente de que no era lo suyo. Su permanencia en el archipiélago apenas fue de seis meses. Volvió al país y se enfocó al negocio que siempre lo mantuvo ocupado. La experiencia en el ramo de comida lo llevó a la corporación Norky’s, una de las cadenas más grandes que comercializa nuestros populares pollos a la brasa en el Perú y varias ciudades del extranjero.
Fueron varios años hasta que decidió jugársela solo. Además, los conocimientos que poseía del negocio se convirtieron en su mayor respaldo. Inauguró entonces su primer local de venta de makis, en su versión original denominadas sushi, con varios toques de la gastronomía criolla: con palta, acevichado o el rocoto maki, por ejemplo. Para cerrar su propuesta tuvo que reunir a tres de sus cuatro hijos que siguieron carreras afines con la preparación de alimentos.
El nacimiento de Sushimás
Varios de ellos se encontraban en el extranjero. Así nació Sushimás con su primer local en Jesús María, en la céntrica calle Huiracocha. No demoró mucho en escalar pues su objetivo era ofrecer un producto de calidad a un precio accesible para todos. Ciertamente, Hiro sabe que los insumos que llevan los maki no siempre son los más económicos pero en eso estaba basada su propuesta: algo bueno y al alcance de los bolsillos.
El primer establecimiento de Sushimás terminó por convencerlo de que se trataba de una interesante idea. La mirada estaba puesta ahora en la expansión. «Si hay una cadena de pollos como Roky’s, Norky’s que además tiene al lado a un chifa, porque no puede haber una de maki», reflexiona Christopher Tome Reyes (29), el hijo mayor de Hiro, quien siguió estudios en Le Cordon Bleu y ahora es el administrador del reciente local de Sushimás en el Centro Comercial Megaplaza de Lima Norte.
«Yo no ganó mucho por esto, pero juego con la producción. Desde que abrimos en esta parte de la capital, las cosas han ido mejorando y tiene para mucho más. Estamos creciendo», señala Hiro Tome. El chonan (hijo mayor) apunta más alto: «Mi gran sueño es enriquecer la culinaria nacional y la japonesa, y convertir a Sushimás en un negocio corporativo», refiere Christopher.
Y no existe nada de maquillaje en esta pretensión. Nosotros fuimos testigos de lo bien que le está yendo en el mall del Megaplaza. Los clientes no dejan de adquirir algunos de los combos o el soba. Una delicia es sin duda el maki con queso parmesano, el parrillero o el Okinawa soba.
El sobrino que regresó
Pero la buena estrella de Sushimás es el espíritu de unión familiar que reina en sus ambientes. Una prueba palpable de ello es la participación de Takashi Kato Shimabukuro (21), sobrino de Hiro, dentro del negocio que tiene en Megaplaza como itamae. Allí lo encontramos entre los rollos de arroz, pescado fresco, empanizados y cuchillos de finísimos cortes. Hace apenas dos años que regresó de Japón. Nació en la ciudad de Moka nada menos y creció entre Tochigi y la localidad de Hadano, en Kanagawa, prefectura a la que se mudó cuando tenía cinco años.
Apenas egresó de la preparatoria, ingresó a trabajar a una pequeña empresa de estampados de polo en el mismo Hadano. Los pedidos tenían que ver con la impresión de prendas especialmente para los colegios de la localidad que realizaban distintas actividades como los infaltables undokai. Después de dos meses laboró en Stanley, una fábrica en la que también trabajaban sus padres.
«Allí me dedicaba a todo lo que era focos, limpieza, revisión (kensa) y los empaquetaba», añade Taka. La jornada no estaba mal porque llegaba a hacer dos horas diarias de zangyo (horas extra). Después de un año incursionó en el rubro de construcción, en el área de pintura (penkiya) de las casas nuevas por cuatro meses. Dentro de la misma empresa decidió ingresar al área de E-yo (servicio a domicilio) y luego a Pankiya, relacionado al mantenimiento de techos y tubería.
En el Perú
Cuando estaba por terminar en esta última empresa viajó a Lima. Retornó al país donde le esperaba su madre Susana Shimabukuro y su pequeña hermana Reyna. Aquí laboró en una agencia de viajes, especialmente en la atención de turistas japoneses. Después ingresó a Matsuei, su primer encuentro con la gastronomía japonesa en realidad. Hasta que Hiro le invitó a formar parte del proyecto Sushimás.
Hoy se siente contento y satisfecho. «El Perú me gusta y regresaría a Japón a visitar nada más», menciona Taka. Distingue eso sí la forma de trabajo de los japoneses con la de los peruanos. Los primeros son mucho más inflexibles y rigurosos. Pero cada quien tiene su propia forma de llevar la administración de la empresa. Una estupenda comunión de fuerzas: desde Hiro, Christopher y ahora Takashi. El mejor de los éxitos.
DATOS
Dirección: Jr. Huiracocha 1226, Jesús María
Teléfono: 4243613
C. C. Megaplaza: Av Alfredo Mendiola 3698, Independencia
Facebook: Sushimás restaurante de sushi