Por: Alvaro Ito
El miércoles 7, Perú Shimpo recibió la visita del elenco de Ginoza Sonjinkai del Perú encabezada por la presidenta Kazuko Nakada y dos becarias japonesas, quienes estarán por 10 días en el Perú visitando instalaciones nikkeis y lugares turísticos del país. Eriko Nakahodo y Karen Urazaki nos cuenta un poco sobre sus estadías.
¿Cuál es el motivo de su visita al país?
Eriko: En Ginoza Son recibimos desde hace 29 años a tres becarios de Perú, Brasil y Argentina. Y desde hace nueve años, de forma inversa, dos becarios visitamos los países sudamericanos, y en esta ocasión vengo en representación del municipio de Ginoza.
Karen: Yo quise postular a esta beca porque me pareció indispensable poder conocer el mundo para aprender mucho con estas experiencias. Aún soy estudiante, pero cuando trabaje estoy segura que me servirá mucho lo vivido en este viaje. La curiosidad me movió a presentarme.
¿Qué les parece Perú?
E: Aún no vemos mucho porque acabamos de llegar anoche, pero Lima es totalmente distinta a Argentina, la veo más moderna y encima se aprecian restaurantes de comida japonesa. También me llama la atención lo grande que es la colectividad nikkei.
U: Cuando fuimos a Argentina me pareció un lugar familiar, por su similitud a Ginoza, a Okinawa. Ahora en Lima quiero apreciar cómo los japoneses trabajan arduamente y conocer más sobre la historia de Perú. Disfruto mucho las visitas por eso.
¿Qué actividad es la más esperada?
E: Espero con ansias el viaje a Machu Picchu. También quiero ver cómo están los ex-becarios de Ginoza Son, ya que nosotros los recibimos cada año.
U: Yo también quiero ir a Machu Picchu. Pero tal como dice Nakahodo san, quiero ver a los exbecarios que conocieron Okinawa por las becas otorgadas.
Melissa Zeballos resaltó su compromiso con Ginoza Sonjinkai y afirmó que apoyará en el crecimiento del sonjin.
¿Qué conociste en Ginoza Son?
Nunca había pensado identificarme tanto con la cultura de Ginoza, porque hasta el año pasado no había tenido participación en el Sonjinkai.
Entré de un momento a otro y ni bien pisé la tierra de Okinawa, sentí que era parte de mis raíces. Recordé mucho lo que mis abuelos me habían enseñado de pequeña que poco a poco se fue perdiendo con el tiempo.
Me sorprendió que todos eran muy cálidos, ya había conocido antes Japón en Tokio, todo lo que era Naichi, pero eran muy fríos. Cada uno iba por su lado, trataban de no tocarse en el tren y permanecer lo más distantes posible.
Pero en Ginoza hasta en el paradero del bus te encontrabas con una «nesan» y te invitaba su mandarina que estaba comiendo. Fue algo que me gustó muchísimo porque se sintió la familiaridad, y casi no regreso (risas). Muy bonito en realidad.