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Erica Yonamine mantiene vivo el espíritu de la cultura japonesa

Por: Ciria Chauca Falconí

Erica Yonamine, nikkei argentina, casada con el escultor peruano Haroldo Higa, mamá de Leandro y Facundo, desde hace 10 años difunde su arte como profesora de la escuela Ryusei Honryu Ryuseikai filial Perú. En esta entrevista detalla la celebración del aniversario, su experiencia como sensei y sus proyectos.

¿Cómo es Ryusei Honryu Ryuseikai filial Perú?

La casa matriz de la escuela se encuentra en Naha, Okinawa, bajo la dirección de la directora Higa Noriko. Nosotros somos la filial Perú que pertenecemos al taller de socias de Fujinkai de APJ. Aprovecho para agradecer enormemente a Fujinkai por haberme abierto las puertas hace 10 años para difundir mi arte. Actualmente tengo 40 alumnos, divididos en dos grupos de adultos, un grupo de jovencitas (10 a 15 años) y uno de niñas (5 a 9 años).

¿Hay filiales en otros países?

Hay filiales en Okinawa, Osaka, Hawái, Argentina y Perú.

¿Cómo fue tu contacto con la escuela?

Empecé a estudiar danza okinawense a los cinco años para un evento del pueblo de mis padres (Nishihara), en la escuela Ryuseihonryu Ryuseikai filial Argentina, con la sensei Ishimine Junko, desde entonces hasta el día de hoy que no dejo de bailar. 

Tuve la oportunidad de viajar a Okinawa tres veces para aprender más sobre la danza y la cultura okinawense, la primera a la edad de 11 años, luego con la beca de Okinawa International Foundation a estudiar en la Universidad de Bellas Artes de Okinawa, y por último gracias a la beca de Nishihara obtuve en este último año el título de Profesora de Ryukyu Buyou de la escuela Ryuseihonryu Ryuseikai bajo la dirección de la directora Higa Noriko.

¿Cómo será la celebración de los 10 años? 

Se realizará en conjunto con la Asociación Peruano Japonesa en el Teatro Peruano Japonés el domingo 18 de enero. El evento lleva el nombre de «Kukuru», kokoro en japonés o corazón en castellano. Es una actividad que entra dentro de la agenda cultural de APJ con entrada libre y gratuita. 

Queremos consolidar el aniversario como un evento cultural y artístico, siendo nuestro objetivo mantener vivo el espíritu de la cultura japonesa okinawense a través de la danza y la música. Llevar a la reflexión la importancia de continuar, prevalecer nuestras raíces que con tanto sacrificio nuestros abuelos y padres han cruzado y dejado su tierra natal para emprender nuevos caminos en otros países, sin dejar de lado los valores y su cultura.

¿Quiénes participarán?

Las protagonistas principales son mis alumnas, es la celebración de  los 10 años que estamos juntas y que confían en lo que yo les transmito. Con ellas nos estamos preparando arduamente desde hace un año full ensayos y preparativos para que todo salga según lo planeado. 

También están las mamás de las niñas que son muy dedicadas, hábiles, colaboradoras lo que nos facilita la organización del evento. 

Para esta ocasión especial asistirán desde la casa matriz de Okinawa la directora Higa Noriko y la profesora Higa Kazue. También nos acompañará la profesora Mika Yonamine de la filial Argentina, todas nos deleitarán con su presencia en el escenario. Tenemos números sorpresas con artistas locales que nos apoyarán en esta gran celebración. 

¿En el baile te inspiraron tus abuelos o tus padres?

Bailo desde los cinco años, mis padres fueron los motores para que yo me encamine en este arte. Son issei, amantes de la cultura okinawense, desde pequeños nos criaron a mis dos hermanos (Hide y Mika) y a mí, en un ambiente de uchinaguchi, de música y danza okinawense. 

Mi papá es sensei de samisén de Nomuraryu y mi mamá desde joven baila Ryukyubuyou. Mi abuelo de parte materna también tocaba samisén, le gustaba bailar y cantar.

¿El baile es un arte?

Sí, donde trabajas no solo movimientos, pasos, sino aprendes a interpretar y expresar el significado del Odori. La danza es una historia narrada con movimientos donde aprendemos valores, cultura, transmitimos un significado que puede ser de ilusión, de alegría, de tristeza etc. 

En Okinawa, el Odori se conoce como Ryukyubuyou y depende del estilo, puede ser ceremonioso pero también puede ser muy alegre, cada danza nos cuenta diferentes historias. En Okinawa la danza y música lo relacionan mucho con la naturaleza. 

Por ejemplo, el Odori Kagyadefu es una danza clásica de un ritmo lento, el cual muchos creen que lento es sinónimo de aburrido, pero de fondo tiene un mensaje muy profundo donde compara la felicidad del día con el abrir de los pétalos de la flor al recibir el primer rocío matinal. Al bailarlo debe transmitir ese sentimiento de alegría de felicidad de una manera elegante. Significa tanto que es el baile de apertura de todo evento.

Tanchame es un Odori popular de un ritmo alegre que cuenta la historia de una pareja de pescadores. A través de sus vestimentas, sus movimientos, sus gestos, podemos darnos cuenta las costumbres que tenían, el clima, la geografía, la vestimenta que utilizaban, a qué se dedicaban, etc.

¿Has visto crecer a tus alumnos?, ¿tus hijos bailan? 

Tengo alumnos desde los cinco años hasta ufff…, pero mis alumnas mayores son muy pilas, muy activas, hasta yo me asombro que muchas veces puedan bailar a la par mía. Aprendo mucho de ellas, de la vitalidad que tienen y me enseñan a que nada es imposible. 

El Odori las ayuda a estar en forma, ya que trabajamos no solo el cuerpo, sino la mente y el corazón, estoy muy orgullosa de ellas y de todo mi grupo. 

El grupo de jóvenes que ha entrado conmigo cuando tenían seis o siete años, y hoy tienen 14, 15, han aprendido mucho, he trabajado bastante con ellas  para  que entiendan lo que hacen y siento que ha dado fruto porque cuando bailan emocionan al público. Las peques, como yo les digo, son superkawaii, movidas, me divierto bastante con ellas por su naturalidad, espontaneidad. El grupo de las jóvenes y las pequeñas son el semillero de la escuela, así que debo trabajar bastante con ellas. 

Mis hijos me acompañan a la clase y en algunos bailes como Kagyadefu lo bailan, pero de hecho que están acostumbrados a la música y el Odori. Recuerdo que al año ya estaban tocando miniparankus y lo hacían bien.

¿Tu esposo baila?

No, tampoco canta. Pero desde que lo conozco fue mi fuente de apoyo para seguir en el Odori. Él como artista y docente entiende lo que hago, me da consejos y me alienta para seguir adelante. Compartimos el gusto por la música japonesa y tenemos un feeling con Okinawa, ahí nos conocimos. 

¿Cuáles son tus proyectos como profesora?

Seguir creciendo como escuela y que logremos cumplir muchos años más con nuevos integrantes. 

Fomentar  la cultura okinawense a los niños, jóvenes que son el futuro. 

Romper con la idea de que pasan los años y vamos perdiendo vínculos, costumbres. La idea es todo lo contrario: tratar de fortalecer,  enriquecer la cultura okinawense a través de la danza y la música. 

Y quién diría, en algún momento poder ir a Okinawa con mi elenco a bailar y mostrar nuestro arte.