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Abe tiene el apoyo político para las reformas estructurales

Por Christian Hiyane Yzena

Aunque con un nivel cada vez mayor de ausentismo en las urnas, el Partido Liberal Demócrata de Shinzo Abe ha obtenido una abrumadora mayoría en las elecciones de renovación de la Cámara Baja del Parlamento japonés, casi dos tercios del total (325 de 475 escaños) ayudado por los budistas de Nuevo Komeito. La victoria del primer ministro y de su representación política ha sido el corolario perfecto de la inteligente maniobra que ejecutó al anticipar los comicios por dos semanas lo que dejó descolocado al opositor Partido Democrático del Japón.

Pero hay más. La aprobación mediante votación de la reinterpretación de la Constitución pacifista en abril próximo que intenta incorporarle cambios sustanciales como la participación militar en algunos casos de las Fuerzas de Autodefensa en acciones de combate fuera del país, es uno de los mayores retos que Abe tiene y que intentará consolidar gracias al amplio respaldo que posee en la Dieta, incluso para sortear los vetos desde el Senado. De esta manera se echa a andar la iniciativa de reivindicación nacionalista que tanto persiguió, con el objetivo de inyectarle un poco de optimismo al ciudadano promedio nipón mientras afina su política impositiva.

Para los especialistas, la recesión que vive Tokio responde al aumento del impuesto a las ventas de 5 a 8% aplicado desde abril pasado lo que ha congelado el gasto de los consumidores. Hay  una segunda etapa de incremento de 8 a 10% hasta el 2017 que se mantiene en el limbo. Por tanto, épocas prósperas no se verán por el momento, sino molestias generalizadas a causa de nuevos desembolsos populares.

Que los pocos que votaron hayan decidido por la permanencia de Abe tiene que ver con el juego de la esperanza y de la confianza depositada en él. No es que suene bonito o rime bien pero los propios ciudadanos se juegan sus últimas cartas. La idea es que los Abenomics comiencen a levantar y a proyectar un horizonte más promisorio en medio de tanta resignación.  Hay etapas dentro del propio esquema de Abe que han funcionado pero la transformación real todavía es esquiva.

Hasta hoy  la primera y segunda flecha estaba basada en que los estímulos fiscales y monetarios lleven al país a sostenerse con un 2% de inflación. Una inyección de liquidez de 80 billones de yenes anuales adicionales ha incrementado la base monetaria favoreciendo a las empresas multinacionales que exportan por la devaluación del yen.  Pero la mediana y pequeña empresa que no participa en el exterior se ha visto perjudicada por el encarecimiento de las importaciones. 

La tercera flecha y la más compleja de realizar es la que tiene que ver con las reformas estructurales que en su mayoría aún forman parte de la gaveta de pendientes. Aquí se cuentan las reformas de la agricultura (que Perú Shimpo desarrolló en un artículo anterior desde la cosecha del arroz) o del sistema de salud. En el primer caso, pese a que apenas constituyen el 0.8% de aportación al PBI japonés, es evidente que el grupo agrario ejerce una fuerte presión sobre el gobierno. Este es el momento en que Abe pueda implementar las reformas estructurales que el Japón necesita en medio de tanto respaldo político y congresal, por el sostenimiento económico del mundo.