En la celebración del Día Nacional de Japón, con motivo del natalicio del emperador Akihito, el maestro Ryuho Hamano realizó una demostración de caligrafía japonesa y escribió dos poemas dedicados a los niños peruanos.
Hamano, reconocido artista de shodo, es la segunda vez que viene al Perú. Le interesa trabajar con los niños peruanos, por eso en su primer viaje a Lima realizó talleres de caligrafía japonesa en los colegios La Unión, Hideyo Noguchi, José Gálvez y La Victoria.
Precisamente al visitar los colegios ha conocido a los niños peruanos que han tenido que regresar de Japón forzados por la situación del terremoto del 2011.
Hamano en Lima supo de los niños peruanos cuyos sueños son crear un colegio nikkei. Y al volver de Japón estos niños continúan con el objetivo de hacer en el Perú una universidad nikkei.
Precisamente, pensando en esos niños, Hamano ha compuesto un poema Man’yoshu, que es de hace 1400 años atrás, más o menos de la mitad del siglo VII.
El maestro Hamano explicó que Man’yoshu es un poema representativo de la literatura japonesa y consiste en una colección de diez mil hojas 4500 poemas rítmicos.
La composición de Hamano es en japonés, pero en los sonidos utiliza el sonido fonético del kanji.
El creador Ryuho ha escrito dos poemas inspirados en el estilo de Yamanoue no Okura (660–733), quien fue un poeta japonés, conocido por sus poemas de niños.
La primera composición de Hamano es:
«Saboreando el melón
recuerdo a los niños
comiendo estas avellanas
con más añoro recuerdo a los niños
Desde dónde habrán venido los niños
cierro los ojos
y los sigo recordando vivamente
Ya es de noche
y no consigo dormir»
La respuesta a este poema se llama Hanka:
«Aún la plata
aún el oro
así como las joyas
no hay otra cosa
más valiosa y preciosa
que la vida de un niño»
Gracias a la traducción del japonés al español, hecha por Keiko Mendoza hemos podido publicar la poesía de Ryuho Hamano.
Dato
Hamano recorre muchos países mostrando el arte de la caligrafía japonesa, shodo. En Sudamérica ha visitado Brasil, Bolivia, Perú, Paraguay, y Argentina, donde desarrolló talleres con jóvenes a quienes mostró el arte milenario japonés.