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«Japón me ayudó a madurar y a explotar todo lo que tenía adentro»

Por Christian Hiyane Yzena

Luis Enrique Miyashiro Saavedra (38) llegó a Japón por un arrebato juvenil y los tres meses que pensó en quedarse se convirtieron en catorce años. Cansado de que sus padres lo limiten y lo corrijan cortándole la propina o despojándolo de las llaves del carro por sus frecuentes inconductas, decidió irse y reunir el dinero suficiente para adquirir su propio automóvil y pegar la vuelta a Lima.

Hasta entonces llevaba una vida que cualquier chico de su edad ya hubiese querido tener. Toda la familia además se encontraba laborando en Japón: desde su padre Víctor Miyashiro, su madre Catalina Saavedra y sus hermanos Lucy, Raquel, Susy y Víctor. Las remesas llegaban puntualmente para el mantenimiento del departamento en el que vivía en Los Olivos. 

Se divirtió como cualquier jovenzuelo y en ocasiones cayendo en excesos. Sus días giraban en torno a la pelota pues jugaba muy bien al fulbito y sus salidas nocturnas. Pero había que parar un poco y pensar en el futuro. Estaba viviendo muy rápido. Además, como él mismo reconoce, fue la calle su mejor maestra desde pequeño cuando la pasaba bien con sus amigos de la calle Bauzate y Mesa en La Parada, Breña, Huachipa, Vitarte y finalmente en Los Olivos.

En ese contexto, haber viajado a Japón fue la mejor opción que tomó. No era una exageración concluir que Luis era una persona sin futuro. Hasta una de las profesoras de un colegio nikkei lo condenó a vivir en los extramuros del progreso. Por esa rabia contenida de disfrutar de la independencia fue que afortunadamente se encontró con el porvenir. Aunque la percepción de la misma haya tardado en llegar.

Japón, allá voy

Toda la familia Miyashiro vivió y trabajó en la prefectura de Shiga, el tiempo que estuvieron en Japón. Cuando Luis viajó llegó al aeropuerto internacional de Kansai y posteriormente se desplazó a Shiga. Era 1997. Se hospedó semana y media en el apato de sus padres para luego jugársela solo. Gracias a la ayuda de su hermana Raquel y su cuñado, ingresó a la fábrica de prensa y pintura Matsuwa, localizada en la ciudad de Koga, distrito de Kosei. 

Tuvo picos altos de trabajo cuando ingresaba a las 7 de la mañana y salía a las 3 de la mañana. Apenas había tiempo para descansar un poco. Luis laboró cinco años en este lugar pero la experiencia que tuvo fue invalorable. Si bien renunció por cuestiones económicas, en varias ocasiones pospuso su retiro definitivo por agradecimiento con sus superiores a quienes aprendió a estimar.

De todos ellos recuerda a Yamamoto san, su jefe. «Era un guerrero. Le gritaba cosas feas a la gente pero cuando era conmigo nunca me trató mal», señala. A continuación nos revela algo sorprendente: el último día que trabajó, como tenía conocimiento de toda el área operativa de la fábrica, se encargó de apagar y cerrar todo. En un momento dado, se echó sobre un pareto. 

«Suena ridículo, pero comencé a llorar y me fui despidiendo de las máquinas», agrega con emoción. Por añadidura fue la primera vez que se sintió plenamente gracias a su empleo. El principal activo que Miyashiro Saavedra detenta para si, sostiene, es las ganas que le pone al trabajo. Cuando llegó a Japón, no tomó mucho en cuenta la parte económica, sino sentirse a gusto con lo que hacía.

Posteriormente ingresó a la NEC de Minakuchi, siempre en Shiga. Fue su debut trabajando con extranjeros. A pesar de las zancadillas que le pusieron y a las malas intenciones que muchos tuvieron con él, salió adelante. Tanto que llegó a la sección de pintura de donde salían diariamente 50 galones valorizada cada una en promedio, 3000 dólares. Se pintaban los tubos de los interiores de los televisores. Con 15 máquinas, se pintaban 1000 válvulas por hora. En este laboratorio se sacaban los cálculos de las mezclas en base a tres colores: amarillo, rojo y azul.  

Después de cuatro años regresó a Lima. Quedarse en Japón nunca fue su objetivo por eso siempre estaba al tanto de cómo marchaban las cosas en el Perú. Qué tendencias, novedades, se producían. Adquirió dos terrenos y aprendió joyería en un instituto. Al llegar se reunió con amigos de la promoción del colegio La Victoria, donde estuvo los últimos tres años de secundaria.

Concluyó que hubo gente mucho mejor económicamente que no necesitó viajar a Japón. Esto fue un aliciente para seguir avanzando, procurando tener algo más seguro. Regresó a la NEC aunque esta vez al área de producción de fluorescentes de uso doméstico. La demanda fue tremenda y el trabajo creció cuando el país atravesaba por una ola de baja producción y falta de empleo a raíz de la crisis del 2008-2009.

Regreso definitivo: Panadería-Pastelería Valentino

Encontró el momento adecuado para retornar al país de manera definitiva. Miyashiro asegura que estaba más curtido y con ganas de agarrar el guante y desafiar al país. Siempre con respeto y gracias a los pequeños negocios que tuvo como la comercialización de celulares o los juegos de billar, repensó la manera de hacer negocio. Y así nació la Panadería-Pastelería Valentino que dentro de poco ampliará para colocar una cafetería. 

Panes de toda variedad y pasteles dulces y salados son la carta del día. En estos cuatro últimos años, el negocio le ha quitado todo el tiempo del mundo. Pero no está solo, pues Luis se encuentra asociado con su hermano Víctor y espera que esto crezca. Todos los ahorros de Japón están puestos en la panadería que está empezando a andar aunque todavía falta más. Y la inversión siempre será insuficiente.

Antes de terminar nuestro diálogo, Miyashiro Saavedra suelta una reflexión a modo de catarsis: que pudo, que el talento y las ganas de hacer bien las cosas siempre estuvo en él. Y que no encontró mejor escaparate para liberarlos que trabajando en Japón. 

A los que confiaron y no confiaron en lo que podía hacer, les dice que siempre hay que buscarle un sentido a todas las cosas que uno enfrenta, sean buenas o malas. La última de las buenas nuevas de Luis es el nacimiento de su hijo en diciembre próximo, a quien bautizará con el nombre de Valentino. Suerte.

DATOS

Panadería-Pastelería Valentino

Cdra. 10 Gral. Garzón, Jesús María

Teléfono: 4242204

Email: panyasan@outlook.com