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El Señor de los Milagros en Gunma

A mediados de octubre, la señora Kusaka, chimbotana ella, preparaba la masa elástica de los picarones a un lado del mostrador del restaurante La Frontera de José Cobata. Muchos curiosos se acercaron hasta el zaguán para verla en acción. En la noche estaba programada una actividad con motivo de la procesión del Señor de los Milagros en Oyama, a casi dos horas de Tokio. 

Es la continuación del preludio del gran programa de música criolla que animó Antonio Yonamine, teniendo como invitado al maestro Fernando Loli Huambachano, fallecido en el 2010. Temas vienen, temas van y la cerveza no se detiene. Hasta el parqueo del restaurante han llegado decenas de peruanos y brasileños, además de japoneses.

Un día antes, en la iglesia de Oyama, se programó una misa el fin de semana. La asistencia de peruanos y latinos afincados en la zona fue mayoritaria.  Incluso estuvo presente el padre Manuel Kato nada menos. Un grupo de voluntarios adornaron la cúpula, limpiaron y arreglaron al Cristo Morado. Las alfombras de flores también comparten el cartel. Hito san es el especialista en eso. 

Ese recuerdo de hace seis años, sigue hoy más que vigente. Reconstruyamos la historia de fe que se inició con mucho esfuerzo del pueblo católico que sigue al cristo de Pachacamilla en cualquier rincón del mundo. 

En Gunma, el Cristo Morado sale por primera vez

En la prefectura de Gunma, la gente se armó de creatividad para terminar a tiempo el arco y la mesa de apoyo. Un grupo de entusiastas peruanos se propuso diseñar, preparar y armar todo el armazón que llevará la sagrada imagen del Señor de los Milagros en su primer recorrido 

Yuri Villalobos, Tokumei Asato, Machan Kaneko y Emilio Villalobos vienen trabajando todos los fines de semana y en sus momentos libres para ir dándole forma al arco. Parece que lo están logrando. El armazón está casi listo. Los bordes además ya han recibido una primera capa de pintura y esperan por una segunda. 

Los círculos que adornan el propio espacio en donde irá la imagen fueron adaptadas además de las circunferencias que normalmente poseen los pasamanos de las escaleras. Aún falta darle el acabado con macilla. Es decir, ingenio puro y la mejor disposición para colaborar y dar ideas.

Todo el material que vienen utilizando es a base de madera. Según Yuri Villalobos Igue, hasta el momento han invertido 180 000 yenes (1500 dólares) y esperan fácilmente superar los 250 000 yenes (2200 dólares). Una cantidad que después tendrán que devolver pues es parte de un préstamo.

Villalobos indicó que la imagen del Señor de los Milagros se hizo en el Perú. Se trató de una gigantografía de tela que próximamente enviarán al Japón. En total se estima que entre arco y mesa llegue a pesar unos 400 kilos. Era el 2008 y además la primera vez que la imagen del Señor de los Milagros se paseaba en andas como usualmente ya se está haciendo en varias partes del mundo en el que residen gran número de peruanos. 

La gente se acercó hasta el Kazukawa koen, conocido como el parque de los caballos entre los peruanos que residen en la zona, como quien llega a cumplir con una responsabilidad divina y abandonó el parque fortalecida y con muchas ganas de seguir en el combate. Para muchos, diseminar de esa manera el poder de la esperanza en un país donde lo único que vale es adaptarse para sobrevivir ya es un milagro.

La procesión

Después de la bendición de las imágenes del Señor de los Milagros y de la Virgen del Carmen del otro lado, las melodías características empezaron a escucharse y el ambiente cobró mayor fuerza religiosa. José Villalobos Igue, uno de los peruanos encargados de la organización de la procesión, encabezó la cuadrilla y después de que las 24 personas tomaron sus posiciones procedieron a levantar la imagen. 

Un momento sin duda emocionante para cualquier católico que se conmueve con el Cristo Morado, hoy más elevado que nunca, y una circunstancia especial para los fieles que le ven jugando con el cielo celeste de la ciudad.

La procesión salió del parque y recorrió un buen tramo de la avenida colindante. El grupo se desplazó en uno de los carriles de la pista y orientados por un cordón blanco que evitaban que invadan el otro lado. Aquí en Isesaki se turnaron para cargar al señor personas de civil y mujeres. La imagen descansó en la iglesia católica de esta ciudad y calmó la sed de esperanza de decenas de inmigrantes que se mantienen en Japón gracias a su trabajo y a su imperturbable fe.