Por: Christian Hiyane
Glenda Carola Delgado Ramos (34) nació en Ecuador, vivió en el Perú pero creció literalmente en el Japón. Por cosas del destino mientras sus padres Luis Delgado Abe y Teresa Ramos, artistas de circo, se encontraban trabajando en la ciudad ecuatoriana de Milagro, tuvieron que dirigirse hasta el hospital de la zona ante el nacimiento de la segunda hija del matrimonio Delgado-Ramos.
De la apacible ciudad norteña que lucía las calles limpias y ordenadas pasó al puerto del Callao agitado y destemplado. Por allí también tuvo una breve estancia en Colombia pero nada como para tomarlo en cuenta. «Era igual de desordenada que Lima», recuerda. Tenía solo nueve años y la ilusión inamovible de convertirse en una policía cuando dejara el colegio.
En 1990 su padre viaja al Japón y se instala en Tokio. Seis meses más tarde su madre lo acompaña. La salida de descendientes con destino a Narita era de todos los días. En 1993, Glenda también se embarca a la isla con tan solo trece años. Dejó sus estudios en el Colegio Nacional Mariscal Cáceres y apenas llegó a Yamanashi, prefectura en donde entonces residían sus padres, se matriculó en sexto grado en la escuela Ogasahara Shoogakko.
El ijime nuestro de cada día
Al siguiente año ingresó al Kushigata Chugakoo hasta el segundo de secundaria. No pudo seguir adelante por un malsano comportamiento de uno de sus compañeros, el famoso furio del aula llamado Keta, que hostilmente la discriminaba a diario por los pasillos y ambientes de la escuela. Glenda fue objeto de ijime desde que pisó las aulas de los colegios japoneses.
«Soporté los ataques y la discriminación entre mujeres. Pero con un hombre, no se puede. Siempre me decía que por qué no me iba a mi país, que apestaba o que me vaya por otro lado. Esa vez me cruce con él por el pasillo y me empujó. Como le contesté, me pateó», cuenta algo asombrada. Ese fue el motivo por el que decidió no volver a estudiar en otro colegio.
Mientras seguía el Programa de Educación a Distancia (PEAD) en razón de que siempre tuvo entre sus objetivos más próximos volver al Perú y seguir una carrera universitaria o convertirse en policía, se animó a trabajar haciendo arubaito en Yamashita Denki. Por dos años se encargó de hacer kensa (revisión) a las agujas de los relojes utilizando un microscopio.
Luego siguió la Nissan. Los periodos de trabajo que pasaba en cada kaisha eran relativamente cortos. No recuerda por eso con exactitud el número exacto de fábricas por las que pasó a excepción de Konika, donde estuvo los tres últimos años, antes de que la familia se mude a Kanagawa.
En esta prefectura, que estuvo poblada desde un inicio por dekasegi peruanos quienes eligieron en muchos casos esta zona para vivir, laboró en la Nissan por dos años. Tiempo suficiente para convencerse una vez más de que la rutina laboral del Japón no era lo suyo. Prefirió entonces traer ropa desde el Perú para vender a pedido. Así andaba de viaje en viaje a Lima. «Sacaba más que estando en una fábrica», refiere.
Tsubasa Perú
Bajo ese giro siguió hasta cuando decidió retornar al Perú en el 2012. Observó como una buena opción de empleo, abrir una agencia de viajes. «Cuando vendía ropa siempre me preguntaban si conocía algún lugar donde los pasajes aéreos sean baratos. Así gracias a mis contactos, amistades y conocidos de éstos es que inauguré hace seis meses Tsubasa Perú», agrega.
Dentro de sus objetivos inmediatos con la flamante empresa está hacerse del segmento de turistas nipones que eligen al Perú como destino de visita. «Me parece que hay un déficit que cubrir en cuanto a la atención y trato, innovar la calidad del servicio que reciben los japoneses que vienen a visitarnos. A ellos les gusta mucho la amabilidad y en muchas ocasiones he sido testigo de cómo los reciben», señala Glenda que domina el nihongo y la escritura gracias al periodo que pasó en los dos colegios japoneses.
¿Qué le falta para dar ese paso? le preguntamos. Ajustar detalles. Fortalecer su trabajo. Por lo pronto se ha asociado con otro peruano en lo que respecta a los tours. Hoy se encuentra reordenando un poco sus ideas para dar el gran salto y hacerse más conocida en donde sea necesario.
Sobre Japón tiene sentimientos encontrados. Aprecia el orden, la limpieza, el respeto entre ellos mismos pero sostiene que un terrible pasivo para ella, es su vida rutinaria, hacer siempre lo mismo. «Me gustaría unir lo que me gusta de allá con lo bueno de acá», sostiene. «Japón es mi segundo hogar y el Perú, el lugar de las oportunidades. Lógicamente que tengo a mi familia que es el motor, lo que me inspira a seguir adelante», asegura.
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