Lauro Hirose ofreció en el más reciente Omoide no Melody un medley de Frank Nagai. Lauro siempre cultivó el repertorio de Nagai, al extremo que sus amigos del barrio de los jirones Andahuaylas y Cuzco lo llamaban «Frank Migikai». Hay que reconocer que él las interpreta muy bien. Mientras lo escuchaba en el Dai Hall, recordaba que en los años 60 compraba discos de carbón,aquellos que giraban a 78 revoluciones por minutos y que se rompían con cualquier golpecito, en una tienda japonesa de la calle Billinghurst. Creo que se llamaba Ebisuya. Años después, la disquera nacional FTA lanzó un long-play y dos singles de Frank Nagai.
Este mes, el lunes 27 para ser preciso, se cumplirán seis años de la desaparición del cantante japonés. Sus últimos 23 años fueron muy tristes pues, a causa del intento de suicidio —trató de ahorcarse el 21 de octubre de 1985— había quedado sin habla y perdido la memoria. ¿Qué lo llevó a tomar tan drástica decisión? Sufrió una gran depresión al enterarse que su amante se había desprendido del hijo que esperaban, sin haber conversado previamente con él. Su esposa, Shizuko, le pidió el divorcio y Frank quedó al cuidado de una hermana. Encima hubo disputas legales a causa de la fortuna que el cantante había logrado gracias a su voz.
Frank Nagai nació el 18 de marzo de 1932 en Matsuyama, prefectura de Miyagi, y su nombre verdadero era Kiyoto Nagai. Fue descubierto por el compositor Tadashi Yoshida y debutó en 1954. Yoshida escribió 2400 canciones, entre ellas muchas de las que se popularizaron en la voz de Frank Nagai, tales como Yurakucho de Aimashoo, Yoguiri no Daini Kokudo, Tokyo Night Club, etc. A su vez, el cantante descubrió a Kazuko Matsuo con la que grabó varios temas a dúo. El cantante hizo también cine y fue dirigido por Shohei Imamura en Nishi Ginza Ekimae y actuó al lado de Kyo Machiko y Nozoe Hitomi en Yurakucho de Aimashoo.