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Yukari Tokumitsu en la huella de los grandes

Por Daniel Óscar Tagata

Yukari, como le decimos cariñosamente, cuando estuvo en el Perú como fotógrafa profesional, captó muchísimas escenas hermosas de la costa, sierra y selva y, asimismo, de su gente. En 1990, al conmemorarse el 90 aniversario de la inmigración japonesa al Perú, publicó el libro Obon (festividad) que recoge y resalta la vida de los primeros japoneses que vivieron vicisitudes, penurias, dificultades y sacrificios en un país extraño y con el correr del tiempo lograron, con paso firme, superar y avanzar, creciendo con éxito.

Ella plasmó tres bellas esculturas con su inspiración, animación y realización. Todas las estatuas tienen el propósito de recordar y tributar reconocimiento a los emigrantes japoneses que se establecieron en el Perú. Las tres imágenes están ubicadas en lugares estratégicos: «Gracia Sakura» en el Centro Cultural Peruano Japonés, develada el 18 de agosto de 1989; «Lima Chan», en Yokohama, Kanagawa, Japón, el 27 de febrero de 1999; y «Sakura Chan» el 19 de marzo del 2006 en el Templo Jionji de Cañete, logradas por Yukari Tokumitsu, más conocida como la gestora, artífice, autora, mamá y madrina de las esculturas.

Las tres estatuas están ataviadas con kimono, estilo tradicional japonés, y fueron hechas las dos primeras con piedras de la cantera de Okayama, Japón, y la tercera «Sakura Chan» con piedra peruana y por un artista peruano. Las tres son un testimonio de los vínculos de fraternidad entre el Perú y Japón. El escultor del Japón, Eichi Ishida, se sintió muy conmovido por el hecho de que su obra «Gracia Sakura» se encuentre al otro lado del Pacífico.

Las tres imágenes de granito están con las manos extendidas y simbolizan la amistad, el amor por el pueblo peruano y japonés, sin distinción alguna de edad, género, clase social, credo o etnia. Los rostros sonrientes de las niñas despiertan simpatía y agradables sentimientos. Sus figuras cobran vida en la medida que las personas se acercan. Para muchos constituye un signo de buena suerte, de agradecimiento, de deseo, de un mañana mejor, de protección, pedido que lo hacen con optimismo, fe y esperanza. Sienten que ellas irradian amabilidad y sencillez. La presencia de las tres esculturas nos hace recordar que hubo un pasado y que actualmente disfrutamos porque la trayectoria de la colectividad peruano-japonesa es ejemplar, digna de admiración.

Yukari ha hecho suyo el dicho popular: «Si quieres felicidad, da felicidad; si quieres amor, da amor», lo cual se aprecia en sus cuatro proyectos realizados: el libro Obon y en las tres esculturas. Su infatigable amiga, la muy querida profesora Michiko Gushiken, apoya los altos propósitos que ha tenido Yukari. La Asociación Peruano Japonesa organiza todos los años los festejos de aniversario el 18 de agosto que a propósito este año cumple 25 años (Bodas de Plata). Ha contado con la presencia de autoridades e instituciones educativas: Emmanuel, José Gálvez, Inka Gakuen, La Unión, La Victoria, Hideyo Noguchi, Santa Beatriz, Centro Recreacional «Ryochi Jinnai» y los alumnos de idioma japonés. Los jóvenes están asimilando los principios y valores de sus ancestros que llegaron al Callao el 3 de abril de 1899 en el barco Sakura Maru. Ahora los ojiichan y obaachan nos hacen recordar el pasado y refuerzan los valores, tradiciones y costumbres.

Nuestra amiga Yukari puede decir misión cumplida: ha rendido homenaje a los inmigrantes japoneses que llegaron al Perú; ha inmortalizado el sentimiento de veneración por nuestros ancestros; ha fortalecido la vida familiar de la colectividad peruano-japonesa; ha dejado enseñanzas prácticas a las nuevas generaciones sobre todo de cumplimiento de la palabra empeñada; ha demostrado que se puede llegar lejos con humildad; ha hecho posible que se intensifique la fraternidad de orilla a orilla; ha motivado para que tengamos muy presente la paz, la libertad, la lucha por los derechos humanos, el respeto hacia la conservación del medio ambiente, el desarrollo de la comunidad nacional y el bienestar de la humanidad; ha instituido la tradición de celebrar el tanyobi (fiesta de aniversario), colocando collares de tsurus (grullas), elaborados por manos amigas con el tradicional arte del origami y que simbolizan la felicidad.  

Yukari se ha ganado el corazón de los peruanos y de los japoneses. Con su trabajo silencioso, tenaz, eficaz, logró cristalizar y dejar enseñanzas a la niñez y a la juventud sobre los principios y valores de una cultura que ha sabido amalgamarse con la nuestra para felicidad de la colectividad peruano-japonesa y la admiración de la comunidad nacional.

Yukari ha dejado enseñanzas sabias y prácticas de amor filial, de cumplimiento de la palabra empeñada. Ha demostrado que los emblemas permanentes de sueños y esperanzas pueden realizarse; que las inspiraciones, inquietudes, necesidades y opiniones pueden llegar para fortalecer la visión y misión de las instituciones; de manantial para hacer realidad los principios y valores; de aliento para mejorar el nivel y la calidad de vida; de resonancia para que nuestros países intensifiquen las relaciones. Yukari Tokumitsu merece nuestro reconocimiento con una condecoración simbólica virtual de «Gratitud».