La conferencia «Pedro Paulet en el Japón», dictada por el comunicador Álvaro Mejía Salvatierra, dejó abiertas muchas interrogantes entre el público, puesto que era desconocido para la mayoría la gran contribución que este sabio peruano dejó al mundo.
El evento organizado por el Grupo de Estudio e Investigación «Presencia de los Japoneses en el Perú. Siglos XVII-XX» del Instituto Riva-Agüero de la PUCP y la Asociación Peruano Japonesa se realizó el pasado miércoles y causó gran interés en el público, puesto que Pedro Eleodoro Paulet Mostajo (Arequipa 1874-Buenos Aires 1945) no ha sido reconocido como merece.
Mejía Salvatierra, experto en la vida y obra del brillante ingeniero peruano, contó que Paulet fue huérfano de padre desde los tres años. Su abuelo materno, Santiago Mostajo, fue carpintero y líder del movimiento obrero-artesanal de Arequipa.
Después de la guerra con Chile, su mentor, Hipólito Duhamel, sacerdote francés, enseñaba a amar a Dios y a la Patria y defenderla sin condiciones. Según él mismo, empezó lanzando cohetes de carrizo.
Añadió que a Pedro Paulet se le conoce como pionero en la aeronáutica. Diseñó en 1902 el primer avión-cohete, precursor de los jets que romperían la barrera del sonido en 1947. Su ala pivotante permitiría el despegue vertical y el desplazamiento horizontal y diagonal. En 1944 afirmó que serviría también como submarino. Asimismo, hay evidencias de que en 1909 quiso construir un submarino.
Paulet también inventó el motor de las naves espaciales. Según el expositor, alrededor de 1900, en París, mientras era estudiante, Paulet inventó el motor cohete de combustible líquido. Reconvirtió el diseño de un motor de automóvil en un motor bipropelente (que consta de dos componentes: combustible y oxidante, los cuales se mezclan y reaccionan).
Siguió el consejo de Marcelin Berthelot, experto en explosivos químicos, para usar como propelente las panclastitas (explosivo líquido muy potente) de Eugene Turpin. Experimentó hasta que halló la fórmula apropiada. Una explosión le hizo perder el oído.
Otro hito importante en la vida de este genio es que en 1910 construyó casas para obreros en el Perú. Durante su gobierno municipal, Billinghurst convocó a un concurso para construir las primeras casas para los obreros en La Victoria. Hubo exposiciones de proyectos y Paulet mostró los suyos inspirados en el modelo alemán. En 1919, los obreros peruanos recién conquistarían la jornada de ocho horas de trabajo.
Salvatierra también recordó que Pedro Paulet quería que se reconozca al mar como la cuarta región natural del Perú, puesto que era clave geopolíticamente hablando. Afirmaba que el mar nos ofrecía una enorme posibilidad de desarrollo: «Por mar vinieron los conquistadores, por mar vinieron las fuerzas independentistas. Por mar derrotaron a la Confederación Peruano-Boliviana. Por mar perdimos la guerra del Pacífico», eran algunos de sus argumentos, por los cuales pedía revalorar nuestro mar, no solo por seguridad nacional, sino porque el mar le abría las puertas del mundo a nuestra industria, al comercio y al turismo.
En 1927, Paulet saltó a la fama al publicar su proyecto de una nave espacial impulsada por motores de combustible líquido, los únicos capaces de viajar en el espacio, donde no hay oxígeno. Los motores originales de Paulet serían usados en los misiles V2 de Alemania, en la Segunda Guerra Mundial. El gestor sería Wernher Von Braun, futuro responsable del programa Apollo.
Hacia 1932, el nuevo gobierno de Sánchez Cerro estableció un control de la inmigración japonesa, por lo que se designó al ingeniero Pedro Paulet —quien venía de ser cónsul en Rötterdam— como cónsul en Yokohama, Japón.
El hijo mayor de Paulet, Héctor, quien además era su secretario, se casó con la japonesa Fukuko Yamaguchi, quien fue con ellos al Perú, cuando los Paulet abandonan Japón en 1935.
Debido a sus exitosas labores en Japón, el emperador Hirohito le entregó personalmente al sabio peruano una katana en agradecimiento. Este sable es exhibido en el Museo Aeronáutico de la FAP, en Surco. Aún se desconocen las causas exactas de tal honor. Mejía deja una puerta inmensa para que continúen las investigaciones.