Regresar

Hiro en torno a la música okinawense (por ahora)

Por Christian Hiyane Yzena

Hiro (Paolo Goya) está comenzando a sacarle un poco de lustre a la música okinawense en complicidad con los irreverentes guionistas de la serie «Al Fondo Hay Sitio» que mantiene altos índices de rating todas las semanas a las ocho de la noche.

Los momentos son breves, casi como un veloz flashback que precisamente rearman en nuestra memoria lo que la música del sanshin significó para los inmigrantes que llegaron desde la isla del reino Ryukyu, pero suficientes como para que la gente comience a grabarse la idea de que se tocaba para celebrar instantes de alegría, congoja o desamor. 

Antes, ya el simpático personaje hacia gala de su propio odori tomando movimientos con la mano que repetían otros personajes de la serie, como es el caso de la señora de la casa, la medular Francesca (Ivonne Frayssinet).

Pocas veces, por no decir casi nunca, hemos asistido a que un personaje nikkei se tome el protagonismo de la serie, embriagado por el febril amor de una mujer que se desempeña como este dentro del servicio de empleados de la residencia de los Maldini, la tierna pero siempre inoportuna Monserrat, la popular monsefuana.

En suma, el clásico arquetipo que no está muy alejado de la realidad honda y lironda: del japonés que arribó desde un lugar del otro extremo de la civilización, que se puso a órdenes de un capataz y llevó en silencio la pena del desarraigo en el campo o en las propias alacenas agrícolas.

Hiro sostiene además ese halo de misterio que caracterizaban a los japoneses de esa época: mirada perspicaz y muy poco diálogo pero siempre efectivos al momento de cumplir diligentemente con el mandado. Hay momentos en que incluso aparece sin que siquiera se escuche sus pasos. Su presencia casi desapercibida lo eleva al mismo tiempo a una suerte de tótem y modelo de la cultura asiática.

Es exagerado en sus formas afables a veces? Probablemente, pero no habría que olvidar que con ese dejo característico que monopoliza a la «r» en todos los diálogos, encarna al mismo tiempo a un personaje divertido que bulle de esperanza, rectitud y confianza, poco tendente a recibir alguna coima o a traicionar o ser traicionado, en medio de personajes falsos y egoístas, como el mismo Miguel Ignacio de Las Casas. Por donde se le mire, queda bien parado con su katana en mano.

La presencia física y real de un descendiente, como es el caso de Goya a quien hemos tenido la suerte de conocer por las mismas informaciones que Perú Shimpo ha hecho de él, le confiere un plus especial. Con sus formas limitadas en la acción pero suficientes para el perfil deseado por los guionistas, Hiro puede convertirse en otro personaje memorable de la serie. Que reemplace al correcto mayordomo Peter en la casa ya dice mucho de su participación.

¿Qué puedan existir elementos de burla o exageración en su rol? Pueda que sí. Pero a lo largo de los años a ese columnista lo molestaban en el colegio con el sambenito de «Vinifan  jai». Cuando levantaba la mirada para hacer mostrar cierta molestia ya se escuchaba el estribillo: mismo libro usando Pepito, Luchito, etc.». Ver a Hiro es mil veces mejor que verse como forro sobre un cuaderno con etiqueta incluida. A mostrar una sonrisa se ha dicho.