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Un trabajo con buena miel

Por Christian Hiyane Yzena

Antes de viajar al Japón por una oportunidad de trabajo en 1989, Gustavo Sakai Uehara (52)  se desempeñaba como sectorista de crédito en Diners Club, un negocio de tarjetas de crédito que por entonces crecía a índices modestos, nada comparado a la dinámica que posee ahora donde no hay persona que no cuente con alguna de ellas. La experiencia en el manejo y en la forma de trabajo que guardaba ese rubro le resultó interesante.

Si bien el Perú vivió una terrible crisis a mitad de los ochenta, Gustavo no necesitó viajar al Japón como entonces lo hicieron miles de nikkei por las oportunidades y la oferta de empleo que existía en la isla y no podía desaprovecharse: buen sueldo a cambio de trabajo duro, es cierto, pero gratificante al fin y al cabo. 

Había terminado la carrera de Administración en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos apenas dejó las aulas del Colegio Nuestra Señora de la Merced, donde cursó la primaria y la secundaria. Su padre, Kazuo Sakai, fue japonés y su madre Toshiko Uehara, nisei. 

Su hermano menor, Hugo Sakai (50), que enrumbó inicialmente, le animó a probar. Por una cuestión amical lo hizo con el pasaje financiado a través de Inoue. Llegó a la ciudad de Yokohama, Kanagawa, donde entonces se congregaron muchos extranjeros, especialmente descendientes de japoneses latinoamericanos, e ingresó a la fábrica Calsonic.

«Se trataba de una empresa norteamericana que después los japoneses compraron. Me dedicaba a la producción de tubos de escape y sistemas de transmisión», cuenta este limeño que creció en Santa Beatriz, a espaldas del Canal 4 de televisión, exactamente.

Posteriormente ingresa a la Fujikiko, una empresa ubicada en Honjo, Saitama, por un año y a Delica Ace en la zona de Kawaguchi, empresa a la que este tuvo acceso gracias a unos contactos en Ajinomoto del Perú. 

En 1995 volvió al país retomando su labor en Diners Club. Casi diez años después, en el 2006, retornó al país del Sol Naciente con otras perspectivas obviamente. Tenía una deuda por saldar pero también hacerse de un capital y poder invertirlo.

En el 2009 regresa a Lima con la intención de recoger a su familia y radicar en Saitama. Sin embargo, sus hijos Kevin (19) y Tami (14) no estaban muy convencidos de viajar, en especial la última de ellos. El reiterado pedido de sus padres probablemente terminaron por crearle algún tipo de temor que devino en repentinas faltas al colegio. 

Efectivamente. La movilidad escolar la recogía y cuando llegaba al colegio decía no sentirse bien y que prefería regresar a casa. Este proceder se hizo repetitivo y preocupó a sus padres, quienes no entendían el por qué de esa conducta. La llevaron a varios sicólogos para determinar la causa de ese problema. Hubo acercamientos aunque nada determinantes.

Hasta que, cuenta Sakai Uehara, fue la propia señora que manejaba el vehículo escolar quien le confesó que Tami pensaba que al regresar de la escuela no iba a encontrar a su papá. Ese temor asociado a la ausencia de un ser querido la obligaba a permanecer atenta ante una improbable y abrupta despedida. Por ese motivo, Sakai desistió de viajar y se quedó en el Perú.

Nuevamente ingresó al rubro de las tarjetas de crédito, entre otras cosas. En uno de los viajes de trabajo tomó contacto con una Organización No Gubernamental (ONG) y se interesó por la apicultura en términos económicos, sobre todo en lo que concierne a la cera, la miel, el polen y el propolio. Con un capital modesto pudo ingresar a este interesante pero aún poco evolucionado negocio en líneas generales en junio del 2009.

Floramiel K & T Negocios

Fue en Irrigación Santa Rosa, distrito de Sayán, zona norte de Lima, camino a Churín, en donde empezó con catorce colmenas bautizando a su empresa con la denominación de Floramiel K & T Negocios. Cabe agregar que el florecimiento solo se produce una vez al año, en primavera y hay que estar atentos ante cualquier amenaza que las colmenas puedan tener. Como la peste de polilla que ingresó y comenzó a alimentarse de los nichos. Esto terminó por arruinarle, al menos en esa oportunidad, la inversión que realizó.

Gracias a los consejos de Amadeo Caballero, un experimentado zootecnista de la zona, que por cuestiones familiares y generacionales se dedicaba al mismo negocio aunque con una rentabilidad exponencialmente mayor, fue que decidió no abandonar la tarea y tomar el traspié como una valiosa experiencia.

En estos cinco años, las enseñanzas han sido muchas y muy valiosas. Sabe desde el sistema de trabajo que emplean las abejas, la productividad de una abeja reina, la participación de los zánganos y los activos que se desprenden de ese negocio. Asimismo la genética más recomendable de las abejas para dedicarse a ese rubro (que Sakai recomienda que sean italianas) y todo aquello que tenga que ver con la buena marcha de estos pequeños y laboriosos capataces y obreros del cual los seres humanos tienen mucho que aprender.

Ahora último, por ejemplo, Gustavo andaba un poco preocupado por la invasión de hormigas cerca de las colmenas. Una amenaza que había que combatir desde ya para evitar pérdidas en unos cuantos días.

Floramiel

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