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El corazón del shodo

El shodo o caligrafía japonesa es un arte muy difícil de perfeccionar. Los trazos, la presión del pincel y las formas que se le dan a cada caracter crean un balance mental que el practicante de shodo busca. En este sentido es una disciplina con corazón.

El maestro Ryuho Hamano se presentó en el Centro Cultural Peruano Japonés, donde realizó una exhibición artística que dejó sorprendidos a muchos.

Francisco Okada, presidente de la APJ, señaló que Hamano es un reconocido artista de shodo y grabados en sellos de madera, que desde hace 14 años recorre distintos países mostrando su arte, y que recientemente ha completado su primera gira por Sudamérica que incluyó Brasil, Bolivia, Paraguay, Argentina y Perú. En dichos países desarrolló talleres con jóvenes a quienes mostró este milenario arte.

El embajador Masahiro Fukukawa destacó que en sus tres años de funciones en el Perú es la primera vez que presencia una actividad centrada en el shodo, por lo que refirió que es una experiencia muy valiosa.

Hamano indicó que hace cinco años, cuando estuvo en Honolulú, Hawaii, tuvo la oportunidad de realizar una exposición en la que compartió con los nikkeis. Fue una experiencia que lo marcó, pues si bien se sentía como si estuviera con japoneses, se dio cuenta de que muchos de ellos no hablaban nihongo y que los issei y nisei le transmitieron su preocupación que las generaciones venideras perdían el interés por la cultura japonesa. De esta forma, decidió enseñar su arte a los jóvenes y una forma de dar un homenaje a los nikkeis fue escribir en 24 telas 1000 apellidos de los inmigrantes, una iniciativa que gustó mucho.

En su presentación en el Perú, Hamano escribió en cinco telas de 3 por 1.5 metros poemas muy antiguos y apellidos.

En cada kanji, el maestro Hamano a través de su trazo demostró que el shodo tiene mucha fuerza expresiva, más que el significado de las palabras que imprime en la tela, tiene una estética que se manifiesta en las diferentes formas de las líneas.