Por Ciria Chauca
Dos veces al año, Cañete es el lugar del peregrinaje espiritual de la colectividad nikkei: el Ohigan, es una tradición budista celebrada en Japón durante el equinoccio de primavera y otoño, en Cañete se festeja en el otoño. El Obon es uno de los festivales más importantes de Japón, en homenaje a los antepasados.
Los visitantes de Lima participan en el oficio budista y en la romería que se realiza en el cementerio japonés Casablanca y en el camposanto de San Vicente. El punto central de la celebración espiritual es el templo Jionji, ubicado en el local de la APJ Cañete.
En homenaje a los inmigrantes japoneses, delante del altar budista, los asistentes ponen incienso y elevan oraciones.
Al finalizar la mística budista, las integrantes del Comité de Damas de la Asociación Peruano Japonesa de Cañete sirven el más rico almuerzo cañetano, que tiene como fondo la sopa seca, plato típico de Cañete, Chincha e Ica. Consiste en tallarín acompañado de carapulcra.
En el más reciente Ohigan, las nikkei cañetanas se dieron el trabajo para preparar 450 platos de sopa seca, tallarín, carapulcra, arroz con pollo, ensalada y el infaltable postre.
Hay diferentes maneras de preparar la sopa seca cañetana, pero las nikkei cañetanas le ponen un sabor único, delicioso y exclusivo.
Los ingredientes son fideos, tuco, ají amarillo, queso fresco, laurel, perejil, cebolla, tomate, zanahoria y pollo o gallina. Se acompaña con carapulcra.
Por constituir un plato típico de Cañete, que es muy consumido como en el sur chico de Lima, la sopa seca merece ser declarada Patrimonio Cultural de la Nación.