Por Alfredo Kato
En mi larga trayectoria como cronista del espectáculo, he hecho amistad con muchos artistas y uno de ellos fue Óscar Avilés. Por lo tanto, su muerte me ha afectado y entristecido mucho. Sosteníamos una amistad de más de cuarenta años, al extremo que siempre me hablaba de una vieja foto captada en el cumpleaños de su padre, en la casa que tenían en el Callao, y en la que yo aparecía «chibolo y con pelo». A pesar de las promesas, nunca me dio una copia de dicha fotografía.
Cuando en 1995, siendo director de Cultura de la Asociación Peruano Japonesa, me pidieron que organizara actividades que abrieran el Centro Cultural Peruano Japonés a toda la colectividad en general, no había dinero. Así es que se me ocurrió crear «Los que nos hacen cantar» y contar con la colaboración desinteresada de los artistas con los que más amistad tenía y en uno de los primeros en los que pensé fue Óscar Avilés.
Era abril y después que Óscar, Erasmo Díaz, Augusto Polo Campos, Manolo Avalos y Walter Fuentes hablaran sobre el vals criollo y respondieran las preguntas del público, anuncié que era la hora de escuchar música. Cuando los invitados, que estaban sentados dando cara a los asistentes, voltearon hacia el escenario para ver quiénes iban a actuar, yo les dije que eran ellos los que iban a hacer el show.
Avilés me dijo: «Alfredo, pero yo no he traído mi guitarra», y yo lo tranquilicé informándole que iba a estrenar una guitarra Yamaha que acababa de llegar del Japón. Y los que tuvimos la suerte de estar presentes aquella noche disfrutamos de un breve e improvisado espectáculo que resultó mejor que uno preparado y bien ensayado. Todavía se me escarapela el cuerpo al recordar lo que nuestros grandes artistas nos ofrecieron en dicha velada.
Polo declamó su poema Mis fronteras teniendo como fondo musical a Avilés tocando el vals Mi Perú de Manuel «Chato» Raygada; y a continuación los lamentablemente también desaparecidos Erasmo Díaz Yuijan y Manolo Avalos ofrecieron en el piano a cuatro manos el vals Cariñito del compositor tusan. Fue algo realmente hermoso y una muestra de que nuestros artistas son talentosos y muy creativos.
Para celebrar el primer aniversario del Teatro Peruano Japonés, lo invité para que participara en el show y esta vez vino con su guitarra. También invité a Alicia Maguiña y Carlos Hayre, a Cecilia Barraza y a Jean Pierre Magnet, quien actuó solo con su saxo porque sus compañeros de «Perú Jazz» tenían otros compromisos aquella noche.Todos actuaron sin cobrar un céntimo y ofrecieron un gran espectáculo.
De esa noche tengo una anécdota: Hayre se me acercó y me dijo en voz baja, «Alfredo, yo estoy peleado con Avilés, trata de que volvamos a ser amigos», y yo le respondí con una pregunta: «¿Y qué podría hacer para lograrlo?». Fue entonces que el desaparecido guitarrista me sugirió: «Consíguete un whisky e invítanos a brindar juntos». Le comenté el asunto a Augusto Ikemiyashiro y este no sé de dónde se consiguió una botella de whisky.
Serví el trago en sendos vasos y con Hayre nos acercamos a Avilés, y yo, con la seriedad del caso, le dije que no era posible que dos grandes artistas que habían sido amigos se hubieran distanciado y que era hora de que volvieran a ser amigos. Avilés me escuchó serio y me sorprendió que lanzara seguidamente una sonora carcajada y me dijera: «Carlos te la hizo... nunca hemos estados enemistados». Hayre había recurrido al ingenio para conseguir el whisky.
¡Salud, Óscar!