Regresar

Nikkei honraron la memoria y el alma de sus ancestros

Es un domingo especial, a las 8:00 a.m. se escucha el sonido particular de bonsho, campana budista. Es el comienzo de la celebración de Ohigan, equinoccio de otoño,  para honrar la memoria y el alma de los antepasados. Los alumnos de los colegios La Unión, La Victoria, José Gálvez del Callao y Hideyo Noguchi de Chacra Cerro escuchan con atención la breve explicación de venerable Jisen Oshiro y de esta manera aprenden la forma correcta para tocar bonsho y lo práctica un representante de cada plantel nikkei. También lo hace, Carmen Hayashi, presidenta interina de la Asociación Femenina Peruano Japonesa, así como las integrantes de la directiva de Fujinkai.

De inmediato, un total de 150 nikkeis de todas las edades parten con rumbo a Cañete, para participar en la romería y en la festividad de Ohigan, en homenaje de sus seres queridos.

Después de tres horas de viaje, el primer punto para realizar la romería es el cementerio japonés Casablanca, que tiene 87 años de antigüedad y donde descansan los restos de 680 inmigrantes japoneses. 

Dirigiéndose especialmente a los escolares, venerable Oshiro, detalla la manera exacta de colocar osenko y elevar oraciones por los antepasados. Para la gran mayoría de los alumnos es la  primera vez que asisten a la celebración budista en honra de los fallecidos y por eso al encender el incienso experimentan una sensación de quemazón.

Los invitados especiales llevan al camposanto ramos florales, le hacen entrega a venerable Oshiro. Al recibir purifica las flores y los coloca al pie del mausoleo, que es símbolo del póstumo homenaje a los pioneros de la inmigración japonesa.  

Después de poner osenko finalizó la romería en Casa Blanca. Al salir, los escolares se sorprendieron al conocer la ubicación de este camposanto. Está rodeado de cerros, establos y chacras y los alumnos tomaron varias fotos.

San Vicente

El segundo punto para celebrar el Ohigan fue el cementerio general de San Vicente de Cañete. Al pie de la cruz, que simboliza el homenaje a los inmigrantes japoneses, se realizó la ceremonia budista, colocando ramos de flores, incienso y elevando plegarias.

Templo Jionji

Continúo la festividad de Ohigan en Jionji, templo budista ubicado en el local de la Asociación Peruano Japonesa de Cañete. Previamente al inicio de la ceremonia, varias familias nikkeis buscaron los ihai, tablillas mortuorias, de sus antepasados. Hasta la fecha la APJ de Cañete tiene la responsabilidad de conservar 2500 ihai.

Venerable Jisen Oshiro, siempre dirigiéndose a los alumnos, resaltó que el Ohigan es una festividad que se celebra cada mes de marzo, y durante la cual se honra a la memoria de los antepasados. La palabra Ohigan significa «el otro mundo» y se refiere al lugar donde habitan las almas de los que ya no están entre nosotros. En la colectividad nikkei, el Ohigan es una celebración importante, «ya que nos permite honrar la memoria y el alma de nuestros ancestros, y además al seguir practicando las costumbres heredadas de los pioneros, estamos respetando la memoria de los nikkei».

La ceremonia de Ohigan prosiguió recitando las estrofas para que puedan encontrar su refugio los seres que se encuentran perdidos. Al pie del altar budista, cada uno de los presentes colocaron osenko.

De inmediato, se inició la ceremonia protocolar. Guillermo Gusukuma, presidente de la Asociación Peruano Japonesa de Cañete, dio la bienvenida a la delegación de Lima.

Koichi Shimono, cónsul de la embajada de Japón, manifestó: «es un honor para mí, acompañarles a celebrar el tradicional ohigan en este camposanto donde descansan las almas de sus ancestros, los pioneros de la inmigración, a quienes en su memoria me dirijo con su respeto».

Reiteró su profundo respeto a todos los miembros de la APJ de Cañete y a los miembros de la sociedad nikkei «por sus esfuerzos para celebrar todos los años este oficio religioso, y sus presencias para honrar, mantener y administrar el Templo Jionji y los cementerios japoneses».

Remarcó que la actual sociedad nikkei es el fruto de los años de esfuerzo y perseverancia «de cada uno de ustedes y de sus miembros actuales. Desde vuestra llegada al Perú, llevando las virtudes, como espíritu de unión, ayuda mutua y perseverancia, han logrado una fuerte estabilidad, superando las múltiples dificultades que encontraron».

Subrayó que las nuevas generaciones venideras heredarán sus cualidades de nobleza, y respeto que los distinguen, así como por su sabiduría y valiosas experiencias. 

«Quisiera expresarles mi profundo respeto y agradecimiento y al mismo tiempo orar por el descanso de las almas de los difuntos inmigrantes quienes consolidaron las bases de esta comunidad nikkei y formaron sus ancestros».

En representación de la Asociación Peruano Japonesa participó Jorge Igei. Señaló que el Ohigan al igual que otras tradiciones, fue traída al Perú por los primeros inmigrantes «y como una muestra de respeto, aún la mantenemos hasta nuestros días», dijo.

Precisó que durante esta celebración se tiene la costumbre de visitar las tumbas familiares, las cuales «los limpiamos con cariño y donde dejamos ofrendas para agradecer a nuestros ancestros y orar por el alma de nuestros seres queridos».

Enfatizó que según la tradición budista en esta fecha se cruza desde la orilla de la ignorancia y el sufrimiento a la otra orilla de la ilustración y de la paz, a través de 6 caminos perfeccionados o valores: «la generosidad, la conducta correcta, la paciencia con cada uno para vivir en unión, el esfuerzo, la meditación y la sabiduría o el conocimiento correcto».

Por esta razón los japoneses, dos veces año, tanto cuando empieza la primavera como cuando empieza el otoño, reflexionan sobre sí mismos y brindan su respeto a los innumerables personas que desde el pasado hasta el presente, de una u otra manera han influenciado en sus vidas para ser mejores.

«Para la comunidad nikkei, es una oportunidad para reflexionar sobre aquellas cosas que nos unen, que son producto de nuestro pasado común, del hecho de ser descendientes de inmigrantes japoneses que con sueños y esperanzas nos legaron estas tradiciones y costumbres, y sobre todo los valores que nos enseñaron silenciosamente través del ejemplo», reflexionó Jorge Igei.

Acentuó que por ello «pedimos a los jóvenes escolares de los colegios nikkei que nos acompañan al día de hoy a conprometerse con la historia de nuestra comunidad, investigar y reflexionar sobre ella, para que tomen de ella elementos para ser mejores personas», subrayó.

La romería y el Ohigan finalizó con el riquísimo almuerzo, preparado por las señoras cañetanas.