Por Christian Hiyane Yzena
¿Es responsabilidad de los ciudadanos la tenencia de un gabinete ministerial tan cascado? Hasta donde se sabe, es el Presidente de la República quien los nombra de acuerdo a su criterio o al grado de confianza que les guarda. Pero, ¿toma en cuenta las hojas de vida de cada uno de ellos?
Si lo queremos es alejar los fantasmas de una mano negra que pretende boicotear la marcha del país con todos los errores u omisiones que el presidente de turno pueda tener, lo mejor sería estudiar a quiénes ponemos en cada puesto. Sobre todo como cabezas de ministerios, sea cual fuere.
Hace algunos días, al equipo de René Cornejo Díaz se le concedió el voto de confianza a tres tiempos después de una tensa espera que obligó a Ollanta Humala a salir por la televisión y a conminar al parlamento para que de una vez por todas defina la suerte del gabinete. Después del viernes, la dirección política y técnica de cada portafolio andaba con la soga al cuello en medio de un panorama sombrío.
Ahora no es el gabinete, pero así como sucedió con la ministra de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, Carmen Omonte Durand, está repitiéndose con Cornejo Díaz por negociados de la empresa Helios SAC de la que era miembro, aparentemente, con el Estado, cuando ya era ministro de Vivienda. ¿Hasta cuándo vamos a seguir en esta campaña de persecución que termina por atar de manos y pies a funcionarios que tienen que ver con sectores estratégicos de avance del país por no haber observado adecuadamente su perfil personal y profesional en su momento?
Cuando estos son investigados a través de comisiones nombradas por el Congreso, se inicia toda una campaña de demolición de la que forman parte sectores malintencionados que quieren detener lo poco que hace este gobierno. Abrir expedientes está bien, pero, ¿hay tanta podredumbre realmente dentro de este poder del Estado?
Conforme se destapan nuevas revelaciones y los programas de televisión denuncian uno que otro caso, queda la duda sobre si el Congreso está realmente preparado para iniciar de motu proprio una investigación sin el poder de los medios de comunicación. Que se sepa, los casos más sonados de malos manejos dentro de la administración pública han partido desde las islas de edición, grabadoras y pautas de redacción con mucho de sentido común de canales de televisión y diarios.
A contrapelo de lo que sucede con su equipo de trabajo, a Ollanta se le ve más empecinado en defender a su esposa como si se tratara de dos cabezas elegidas por el pueblo. Una razón más para detenernos a pensar con absoluta preocupación de cómo la participación de la primera dama le viene haciendo daño al país. Algo que ha crecido mucho más desde que tomara las riendas del Partido Nacionalista.
¿Y dónde quedan sus ministros? En algún rincón de Palacio, a la espera de que el nivel de popularidad suba o baje para empezar a entrar en cubileteos innecesarios y definir el cambio. Y ya se escuchan distintas voces que cuestionan si es que en esa elección sólo participa el mandatario o alguien más con absoluto poder sobre él. Señor presidente, juéguese por su equipo que su esposa sabe defenderse sola, por dios.