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Investigación científica al alcance de todos

Por Raúl Ishiyama Cervantes

En pleno siglo veintiuno, ocupamos uno de los últimos lugares como país investigador científico, con relación a los países latinoamericanos, nuestra producción científica es muy pobre. No tenemos significación en el mundo científico, considerando que la investigación contribuye, en gran parte, al desarrollo de las personas, de las instituciones y de los pueblos.

Los países del Primer Mundo promueven agresivamente la investigación para formar investigadores. La investigación se aprende investigando, así como se aprende a besar besando y muchas otras cosas más, con práctica constante por sobre las definiciones teóricas.

El Perú tiene recursos naturales que exporta como materia prima y compra parte de ellas con valor agregado; lo que no tiene son investigadores, investigador es quien publica sus resultados para que los utilice la sociedad. Durante toda nuestra historia republicana estamos tratando de salir del subdesarrollo.  

El Japón fue arrasado durante la Segunda Guerra Mundial, pocos años después se convirtió en una potencia económica. Por la carencia de recursos naturales importa materia prima a la que le da valor agregado y las exporta. Su gente trabaja con disciplina. Además, presta ayuda a países en desarrollo.

Israel nació como país hace poco más de medio siglo en un desierto, está en constante lucha con sus vecinos, ha logrado ser otra potencia mundial con alta tecnología. Ofrece ayuda científica y tecnológica, como becas integrales de capacitación en su país.

Estos países cuentan con varios premios Nobel en ciencias, así como en otras áreas. Se han desarrollado en gran parte gracias a sus investigadores. 

¿Por qué estamos así? La universidad encargada de formar investigadores, dicta cursos de investigación complicados y eminentemente teóricos. Se agrava porque generalmente cada facultad tiene su propio reglamento de investigación lo que demuestra que en la misma institución no hablan un lenguaje científico común, viviendo en un mundo globalizado. Hay  excepciones.

La universidad no incentiva la investigación desde los primero años. En el postgrado dictan cursos complicados, con terminologías y conceptos creados en las últimas décadas; ajenas a la realidad nacional. En la maestría generalmente se dictan tres cursos de investigación, con tres semestres de conocimientos en investigación. Al egresar, la mayoría de los exalumnos no se gradúan como maestros. En el doctorado se dictan tres cursos más sobre lo mismo, la mayoría de los candidatos a doctores con seis cursos no se gradúan. 

Generalmente la empresa está desligada de la investigación, no la utiliza en su beneficio, probablemente esperando que las soluciones lleguen de afuera. 

Lo increíble en nuestro medio es que las autoridades que deben propiciar esta tarea no lo hacen, probablemente por ignorancia sobre la importancia de la ciencia, por indiferencia porque sólo quieren cumplir su periodo directivo codeándose con personalidades, también es posible que sea por mezquindad debido a que quien ofrece su colaboración no le simpatiza al dirigente de turno. Así no se progresa. Felizmente hay excepciones.

La investigación científica está al alcance de todos si se vuelve al método natural, desligándose de la serie de definiciones y terminologías creadas en las últimas décadas. La prueba que iniciarse en la investigación es una tarea sencilla se demuestra con la revista Gakushuu Kenkyuu del colegio Cooperativo La Unión, en donde los estudiantes publican los resultados de sus investigaciones.

Es mejor hacer algo que no hacer nada.