La Embajada de Japón, la Asociación Peruano Japonesa y la Filmoteca de la PUCP rinden homenaje a Nagisa Oshima, con el ciclo de cine «Cuentos de vida y muerte», que se inicia este lunes 17 con la película Ai to kibou no machi, Una ciudad del amor y la esperanza, que ha sido la ópera prima de Oshima.
Esta película enfoca un drama social que narra la vida de un adolescente pobre que mantiene a su familia. Masao, el personaje principal, vende palomas mensajeras a los compradores que desconocen que estas aves están entrenadas para regresar a la casa donde Masao las vuelve a vender.
Cuando Masao conoce a Yoko, una rica y guapa joven, comete el error de venderle una paloma.
Esta creación de Nagisa Oshima representa una obra maestra que supera el marco tradicional de las películas realizadas por la producción de Shochiku.
El director quiso reemplazar el melodrana formalizado de la productora con películas que revelaban las contraindicaciones de la vida moderna de forma experimental violando muchas de las «fórmulas», esta primera película disgusta al jefe del estudio, lo suficiente para retrasar el segundo trabajo. Los conflictos, sin embargo, se mantuvieron y finalmente Oshima crea su propio estudio independiente «Sozosha».
Ricos y pobres podían unirse reconstruir Japón
En 1959, cuando Oshima hizo El chico que vendía palomas, el jefe de estudio Shiro Kido, detestó la película, considerando que era un film tendencioso. La compañía Sochiku no estaba preparada para una película que mostraba el mercado negro, la violencia de los barrios pobres y la cruel división entre los nuevos ricos y los desheredados. Más aún, la producción eliminó el final de Oshima, que mostraba cómo la familia rica pisoteaba al niño pobre, finalmente abandonado.
Eliminando algunos planos finales, la película, tal y como la editó Shochiku, daba a entender que ricos y pobres podían unirse para seguir reconstruyendo Japón. Le cambiaron el título por Ai to kibô no machi, que iba radicalmente en contra de las intenciones del director Oshima.
Esta obra del director japonés fue un pequeño éxito que mostraba, tal y como afirmaba Oshima, que una nueva generación quería tener su lugar en el cine japonés. Esta película dio inicio a una constante en el cine de los años 60: la del niño inocente obligado a hacerse mayor antes de tiempo para hacer frente a una sociedad llena de peligro.
Muchos estudios han vinculado a Oshima como heredero de la nouvelle vague francesa, especialmente de Jean-Luc Godard (llegando incluso a llamarle el Godard japonés).
Oshima y sus coetáneos participaron en una revolución generacional que se dio en el cine mun¬dial en diferentes partes del planeta al mismo tiempo, fruto de sus experiencias con el cine americano en su infancia y adolescencia, y el impacto que supuso el descubrimiento de los cines europeos de posguerra, especialmente del neorrealismo italiano. (Extraído de Historias crueles de juventud. Los tres de la Shochiku. Hacia un nuevo cine japonés).
EN EL CCPJ
Una ciudad del amor y la esperanza
Día: lunes 17
Lugar: auditorio Dai Hall
Hora: 7:30 p.m
Ingreso libre
Entierro del sol
Día: martes 18
El retorno de los tres borrachos
Día: miércoles 19
Diario de un ladrón de Shinjuku
Día: jueves 20
Niño
Día: viernes 21