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Efecto Nadine

Por Christian Hiyane Yzena

Los excesos de Nadine Heredia Alarcón al interior del Gobierno son un dolor de cabeza para el presidente Ollanta Humala y un serio obstáculo para el futuro de su partido político, del cual la primera dama es además su titular. La caída del ahora ex primer ministro César Villanueva Arévalo es hasta el momento la última de las víctimas de su absurdo protagonismo y una muestra más del atrincheramiento de sus preferidos dentro del gabinete. Véase sino como se encargó de rescindirles la permanencia en sus cargos a varios de ellos.

¿Pierde el Gobierno con la salida de Villanueva? Muy poco. El papel de quien fuera presidente regional de San Martín estaba seriamente erosionado desde el momento en que sus declaraciones se estaban perdiendo en el archivo de las afirmaciones fantasmas y con poco respaldo oficial. Cuando asumió el premierato en reemplazo de Juan Jiménez Mayor, Villanueva señaló que la renovación del gabinete con varios nombres nuevos ya estaba contemplada, aunque al final nunca se hicieron efectivos.

Varios observadores compulsivos le habían manifestado la falta de unidad y de coherencia dentro de un equipo ministerial que a todas luces, no estaba hecho a su medida y que venía de la anterior gestión. En realidad, Villanueva Arévalo nunca tuvo su propio gabinete y faltaba empatía. El único que ingresó con él fue Jaime Saavedra-Chanduví a Educación en reemplazo de Patricia Salas. Los demás fueron ratificados.

A partir de entonces, las opiniones de quien debería ser dueño de un peso gravitante dentro del Ejecutivo comenzaron a desinflarse y las pocas que tuvo pasaron a diferenciarse del resto de los miembros de su propio gabinete. Lo de la luz verde, por ejemplo, llamó la atención porque indisponía, precisamente, a uno de sus ministros, como Pedro Cateriano Bellido del Interior. 

En eso tuvo mucha razón el ministro del Ambiente, Manuel Pulgar-Vidal, cuando unas horas antes de la renuncia del entonces premier, señalaba con sorna «que no era más que una anécdota política» sin consecuencias, la desautorización de Humala a Villanueva por el tema del aumento de la Remuneración Mínima Vital. Bueno así las cosas, estaba claro que hubo muchas más anécdotas, motivadas acaso por la ausencia de un liderazgo político al interior del propio equipo ministerial. Para muchos, por zancadillas venidas desde arriba.

Carlos Bruce ha definido al actual gabinete como el «más antipático» de todos. Razones no le faltan. Hay varios que deberían dar un paso al costado como es el caso de Ana Jara —el pararrayos del Gobierno en extremo que calificó indirectamente a Villanueva de «pelele»—, de Carlos Paredes, Diana Álvarez Calderón y hasta del mismo Luis Miguel Castilla. Pero garantizarles la permanencia en sus respectivas carteras dependería ya no tanto del propio presidente, sino del visto y bueno de Heredia a la luz de los hechos, lamentablemente. 

Para los cálculos políticos del oficialismo, haberse deshecho de Villanueva Arévalo fue lo mejor que pudieron hacer. Para la política peruana no tanto. La experiencia de este sonaba interesante y se veía con expectativa lo que podría cumplir. Pero ya vemos que sin libertad ni autonomía plena poco se puede hacer.  Pero el flamante gabinete que ahora encabeza René Cornejo ya es motivo de cuestionamientos. 

De saque, la operación sicosocial que han provocado los peruposibilistas con el nombramiento de Carmen Omonte Durand en el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables y las críticas desde la propia bancada de Gana Perú a Nadine Heredia, como es el caso de Esther Saavedra y a Luis Miguel Castilla por parte de Roberto Ángulo quien pidió su renuncia «por desleal». La misma Omonte se ha mostrado a favor de regular las funciones de la primera dama que planteó el año pasado la Contraloría General de la República. Se vienen días difíciles sin duda.