Por Christian Hiyane Yzena
Cuando abrieron la puerta del avión que lo trajo desde Lima y aterrizo en la ciudad de Nagoya, a Christian Azato Nako (37) lo invadió una gran decepción. Sólo llegó a contemplar extensas áreas agrícolas, imágenes algo lejanas de lo que siempre pensó de Japón: la ciudad que brillaba por sus llamativos y luminosos letreros de última generación, edificios grandes y una pesada carga de transeúntes.
De Nagoya tomo un tren normal que lo llevó a la ciudad de Nagahama, prefectura de Shiga. Entonces comprendió que las zonas céntricas y de movimiento peatonal estaban en las grandes ciudades como Tokio y Osaka. En ese lugar le esperaba su hermana Peggy Azato quien le iba a brindar alojamiento. Christian dejo en stand by las clases de ingeniería electrónica en la Universidad de Ciencias Aplicadas (UPC) para experimentar qué tal era Japón.
Fue en el 2003 que ingresó a trabajar a la Canon de Nagahama, una kaisha que se dedicaba a la fabricación de impresoras. Las horas extras escaseaban pero se dio un tiempo como para ir adaptándose. Observó que era inevitable saber algo de japonés si quería dejar de ser un fantasma y existir para ellos. Averiguo los cursos gratuitos de idioma japonés los fines de semana en la municipalidad y empezó a acudir.
Seis meses después Azato Nako se cambia de fábrica por lo poco que sacaba. Esta vez la empresa se llamaba Takata cuyo giro era la producción de cinturones de seguridad de automóviles. Posteriormente decide retornar a Lima después de haber permanecido un año en Japón.
Lo terminó ganando
Vivir nuevamente en el Perú le duró poco. Apenas un año después, Christian viaja nuevamente a Japón aunque esta vez ayudado por una prima, Harumi Nako, que trabajaba como traductora en una fábrica de la ciudad de Kamisu, Ibaraki.
A Azato Nako, que egresó del Claretiano, le desagradaba que todo tramite o servicio tenga que realizarse con la presencia de intérpretes. Esto le quitaba independencia. De inmediato volvió a averiguar en qué lugar la Municipalidad ofrecía clases de nihongo de manera gratuita. Se matriculó los fines de semana. Entre clases y clases conoció al japonés Toshio Moriguchi, esposo de una de las voluntarias del curso quien deseaba aprender español. Se hicieron muy buenos amigos.
Tiempo después se mudó a la ciudad de Okazaki, prefectura de Aichi. Aquí se hizo muy amigo del japonés Motoo Nimura a quien conoció cuando acudía a cortarse el pelo a su negocio, Men\'s Salon Erfolg. La amistad que mantuvo con este le fue de gran utilidad para mejorar progresivamente su nivel de nihongo y para conocer lugares tradicionales en los que servían comida japonesa de veras.
Boeki Trade
La crisis económica a nivel global del 2008 golpeó duramente al Japón. En esas circunstancias es que a Christian lo despiden de la Sony. «\"Si las cosas hubiesen seguido igual no hubiese regresado al Perú. Seguramente que ya me habría quedado a vivir en Japón», añade.
Al retornar, Azato se proyectó en colocar un negocio de mecánica automotriz. Precisamente cuando visitaba las tiendas de autopartes en Japón, quedó sorprendido por la variedad de piezas que tenían para ofrecerle al público. Se animó por la importación.
Sin embargo, el principal objetivo era abrir un negocio pero bien. Por ese motivo, se matriculó en un curso de plan de negocios de la católica donde siguió finanzas, gestión y estudio de mercado, materia que precisamente le sirvió para desestimar la idea de establecer una tienda de autopartes. «Las piezas de auto no me iba a ser rentable», subrayo.
Los precios altos y la escasa porción de público objetivo que pudiese adquirir estos productos, se convirtieron en poderosas razones para dejar por el momento la importación de estas piezas y más bien eligió los productos de cuidado personal. El primer producto que importó fueron las toallitas faciales, conocidas en Japón como aburatori kami. Después los deshumedecedores para combatir el mal olor de las refrigeradoras. Unos 20 productos conforman la lista de venta que posee Boeki Trade, el negocio que fundó Azato con el dinero proveniente de su trabajo como dekasegi.
A la empresa, Christian le imprimió la filosofía japonesa: un sistema de trabajo que incide en el control de calidad y el servicio al cliente, enfocado en el buen estado del producto. «Ser transparente y no vender por vender» señala. Asimismo ha tomado también de Japón el orden que debe de existir en cualquier centro de trabajo como parte de la calidad total.
Basta recorrer el taller de mecánica de su padre, Juan Azato para dar fe de lo que acabamos de afirmar. Todos los materiales se encuentran perfectamente organizados en los lugares que les corresponde. Cabe señalar que las oficinas de Boeki Trade se encuentran en el segundo nivel del predio que comparten padre e hijo en la Av. Angélica Gamarra, Los Olivos.
Por lo pronto Christian quiere con Boeki Trade seguir extendiendo su cartera de productos e ir mejorando sus canales de importación y distribución final. Crecer en la colocación de los mismos dentro del mercado local y porque no, hasta tentar ingresar al sector del retail. No se desespera y marcha a paso seguro. Pero su presencia no paso desapercibido. Un medio local como El Trome por ejemplo le dedicó un artículo en marzo del año pasado. A Christian le deseamos la mejor de las suertes.
Más datos
Boeki trade E.I.R.L.
www.boekitrade.net
Av. Angélica Gamarra 919 Los Olivos
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