Por Alejandro Yoshioka
Ernesto Yamaguchi Okuyama (51) acaba de regresar al Perú luego de pasar unos años en Roma, donde recibió la ordenación sacerdotal.
A continuación, la historia de un hombre que vivió desde muy pequeño su fe y que dejó su carrera de ingeniero industrial para ser sacerdote y ayudar a que las personas descubran al Dios personal y que perdona.
¿Cómo nace su vocación por el sacerdocio?
Viene de muy atrás. Podemos decir que toda la vida ha sido una preparación para el sacerdocio. Se puede resaltar el hecho de haber vivido muy cerca de la parroquia, de modo que ir a rezar a la iglesia, saludar al párroco que era un sacerdote sonriente y amable, fue siendo parte de mi vida. Luego, estudié en el colegio parroquial donde habían unas monjitas extranjeras estrictas y a la vez simpáticas, que hacían notar su dedicación plena a Dios por sus hábitos blancos siempre bien cuidados. Esta cercanía me llevó a ver a Dios con naturalidad.
Un momento importante ocurrió en el último año del colegio, cuando conocí a la Prelatura del Opus Dei. Allí, a lo largo de los años universitarios, fui profundizando en la fe, aprendí a vivirla y a tratar a Dios.
Finalmente, tres años atrás tuve la oportunidad de hacer estudios de Teología en Roma, y allí fue donde terminó de madurar la vocación sacerdotal.
¿Cuándo decide estudiar Teología?
Comencé los estudios de teología y los previos de filosofía mientras hacia la carrera de Ingeniería. Fui avanzando poco a poco durante los meses de verano. Recién cuando me trasladé a Roma en el 2010 pude estudiar Teología a tiempo completo hasta obtener la licenciatura y preparar el doctorado en Teología.
Antes de ser sacerdote, ¿usted tenía una profesión?
Sí, estudié la carrera de Ingeniería Industrial e hice una maestría en Administración de Empresas. Trabajé unos años en el área de sistemas y luego en la de finanzas y planeamiento de una asociación civil dedicada a la formación escolar y universitaria.
¿Qué lo motivó a dar un paso más en la labor pastoral?
A lo largo de los años veía las ansías de las personas por encontrar y conocer más al Señor, eso que el papa Francisco llama la «nostalgia de Dios» que todos llevamos en nuestro corazón. Aquello fue despertando en mí la inquietud de si Dios me pedía algo diferente a lo que ya estaba haciendo por ayudarles, y fui intuyendo y descubriendo la llamada de Dios al sacerdocio.
¿Cómo tomó su familia su decisión?
Pienso que ha sido una de las grandes alegrías en sus vidas. Mis padres pudieron estar en la Misa de Ordenación y vi la expresión de alegría en sus caras, cuyo origen solo puede estar en Dios, cuando se comprende el don que Dios le ha hecho.
A veces he reflexionado en cómo fue madurando su fe a lo largo de los años. Al principio, no entendieron mi decisión de formar parte de la Prelatura del Opus Dei; con el paso de los años, esa postura fue cambiando al experimentar que el amor de Dios no separa a las personas, sino al contrario, las une más. También fueron practicando más su fe, lo que les llevó a una mayor cercanía a Dios.
¿Desde su niñez siempre recibió esa formación católica?
Pienso que sí pues, como te decía, vivíamos cerca de la parroquia y mi papá nos inculcaba ir a misa los domingos, aunque a veces él no podía acompañarnos.
También agradezco que desde pequeño podía rezar a la Virgen María, viendo desde la ventana del dormitorio la imagen de la Virgen de Lourdes que estaba en una pequeña gruta en el jardín.
Esa imagen fue regalo de mi abuelo, que se bautizó siendo mayor. Me gusta considerar que ello es un ejemplo de cómo la fe de nuestros abuelos esta presente y actúa en nuestras vidas.
Así que la formación cristiana me vino de forma natural por varios cauces. Lo importante es descubrir la presencia de Dios a lo largo de nuestras vidas y no dejarle nunca, bajo ninguna circunstancia. Es lo que nos transmite el papa Francisco cuando dice que «Dios no se cansa en perdonar, somos los hombres los que nos cansamos de pedir perdón».
Las familias nikkeis tienen mucho del catolicismo y del sintoísmo que llegó con los primeros inmigrantes. ¿Ambas cosas pueden coexistir?
No se puede vivir con seriedad ambas cosas, pues tienen visiones distintas del mundo, del hombre y de Dios. El católico conoce que Dios es tan bueno que se hizo hombre para perdonar nuestros pecados, y el cielo es estar con Él para siempre. Sabemos que Dios quiere a cada persona como un padre, y podemos asegurar todo esto porque Jesús lo ha dicho. No sé si en el sintoísmo se encuentran esas verdades.
Sin embargo, no hay inconvenientes en aplicar algunos elementos tradicionales como colocar el osenko en una ceremonia por los difuntos, porque es un rito que entre nosotros ya no tiene una connotación contraria a la fe cristiana: es un signo de nuestra oración por el difunto.
¿Y el caso del butsudan?
Sería lo mismo. Si el butsudan se ve como una forma tradicional para guardar la memoria agradecida a los antepasados, para pedir por ellos y pedir su intercesión ante Dios, no hay ninguna contradicción. Hay muchas formas que los cristianos tenemos para honrar a nuestros difuntos, llevando flores a su tumba, conservando una foto o un recuerdo. Acordémonos que los cristianos creemos en la «comunión de los santos», que significa que todos los que estamos en la tierra y todos los que están en el Cielo o el Purgatorio mantenemos una continua y profunda comunicación de bienes espirituales.
¿Cómo fue el día de su ordenación?
Un día grande en todo sentido. Fueron instantes especialmente significativos cuando el obispo impuso sus manos sobre nuestras cabezas pidiendo la bendición de Dios; luego cuando nos revisten con los ornamentos sacerdotales y subes al altar para concelebrar por primera vez la Santa Misa.
Es un momento en que se siente la oración de la Iglesia pidiendo y dando gracias a Dios por los nuevos sacerdotes. Es como si se abriera una conexión más directa entre el Cielo y la Tierra.
Finalmente, como éramos 31 ordenandos de los cinco continentes, veías que el mensaje del Evangelio es universal, no tiene límites. Me dio especial alegría que un japonés estuviera en el grupo, Keizuke Hazama.
Usted vivía en Italia durante la elección del papa, ¿cómo vivió todo ese proceso?
Fue algo muy especial. No sólo fue la elección del papa Francisco, sino la renuncia del Papa Benedicto XVI que conmovió muchísimo.
El primer momento fue como de sorpresa, pena e incertidumbre, pero muy pronto dejó paso al agradecimiento a Benedicto XVI y a la esperanza del nuevo papa. Se vio la talla de Benedicto XVI, quien luego de pensarlo en la presencia de Dios, tomó la decisión más conveniente para la Iglesia, llevado por su amor a la Iglesia, a Dios, y lo hacía con total libertad. Así vemos que cuando la persona busca la voluntad de Dios, uno es y se siente libre.
Luego está el papa Francisco, que con su primer gesto marcó la pauta de su pontificado, cuando dijo: «Antes de darles la bendición, les pido que recen por mí», guardó silencio y bajó la cabeza. Un papa que se ve como el servidor humilde de todas las personas.
Tiene una forma de ser muy atrayente. Recuerdo que un domingo estaba en la plaza para rezar el Angelus con el papa, y le pregunté a un «sin techo» qué le parecía el papa. «Pues yo vengo todos los domingos porque con él no me siento solo», me dijo.
Hay muchas personas que se quedan hasta el final de las audiencias esperando sus palabras de despedida: «Buen día y buen almuerzo», que alegra a la gente porque les suena como las palabras del abuelo.
Para terminar, Francisco sorprendió mucho cuando el Jueves Santo escogió una cárcel de menores para hacer la ceremonia del «lavatorio de los pies». Decía que quería llevarles esperanza a ellos que tienen menos esperanza, porque teniendo toda una vida por delante, la ven llena de dificultades. Se despidió haciéndoles prometer «que no se dejarán quitar la esperanza», porque a pesar de que su vida será dura, Dios está con ellos.
¿Dónde realizará su labor sacerdotal?
Iré a trabajar a Piura, en la capellanía de un colegio, y de un centro cultural que hace actividades formativas para jóvenes.
¿Algún mensaje para los lectores de Perú Shimpo?
Recen por los sacerdotes (hay actualmente 14 sacerdotes nikkei, uno de ellos se ordenó en Japón pues descubrió su vocación mientras estaba en Japón de dekasegi. Además, tenemos al padre Julio Vallejos Hayashida ya en el Cielo), que dependemos mucho de las oraciones de los fieles.
Recen para que Dios bendiga a nuestra comunidad con muchas vocaciones sacerdotales y para la vida religiosa, para que los matrimonios formen hogares cristianos donde prenda el amor de Cristo.
Finalmente, los animaría a que se aventuren a descubrir a ese Dios personal que perdona siempre.
Dato
El padre Yamaguchi tendrá su misa solemne el jueves 20 de febrero a las 8:30 p.m. en la iglesia San Francisco de Borja, Av. De las Artes 860, San Borja. Todas las personas que deseen acompañarlo en este momento especial pueden asistir.