El primer embajador del Japón en América y Europa fue Hasekura Tsunenaga (1571-1622). Hace 400 años encabezó una misión diplomática, que tras surcar el Pacífico, llegó el 25 de enero de 1614 al puerto de Acapulco, México. Es el tema central de la exposición del Dr. Iván Augusto A. Pinto Román, el lunes 27, a las 7:30 p.m., en el Centro Cultural Peruano Japonés.
Esta actividad cultural es organizada por el grupo de estudio e investigación «Presencia de los japoneses en el Perú. Siglos XVII-XX» Instituto Riva-Agüero Pontificia Universidad Católica del Perú.
Hace 400 años, el objetivo de la embajada japonesa fue, primero, obtener el permiso de comercio regular con las posesiones hispanas en el Asia y América, así como alcanzar la venia del Papa para el envío de mayor número de misioneros al Japón, de la orden franciscana.
Luego de tres años de infructuosas negociaciones en Europa, frustradas por obra del poderoso ex shôgun Ieyasu, cuyo inopinado decreto de persecución del cristianismo, expulsión de misioneros católicos y muerte a quienes en el futuro llegasen, pusiera término a todo atisbo de acuerdo con el imperio hispano y con todo esfuerzo en pos de nuevos misioneros para el Japón, retornó al Japón el converso católico, Hasekura Tsunenaga.