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Conferencia sobre 400 años de la llegada de los japoneses a México

El lunes 27 se realizará la conferencia «400 años de la llegada de los japoneses a México - 25 de enero de 1614», organizada por el grupo de estudio e investigación «Presencia de los japoneses en el Perú. Siglos XVII-XX». La ponencia estará a cargo del doctor Iván Pinto Román.

La actividad tendrá lugar en el Centro Cultural Peruano Japonés a partir de las 7:30 p.m. El ingreso es libre.

El primer embajador del Japón en América y Europa fue Hasekura Tsunenaga (1571-1622), samurái vasallo de Date Masamune, señor feudal de Sendai, en el noreste de la isla mayor, Honshu.

Hace 400 años, entre 1613 y 1620, él encabezó una misión diplomática de su señor que, tras surcar el Pacífico, arribó el 25 de enero de 1614 al puerto de Acapulco en el virreinato de la Nueva España (hoy México), y reemprendió la navegación por el Atlántico, llegó a La Habana, Cuba y de allí hasta la España de Felipe III, y luego a Roma del Papa Paulo V.

El objetivo de la embajada fue, primero, obtener el permiso de comercio regular con las posesiones hispanas en el Asia y América, y, quizás, el apoyo militar español a su señor feudal contra la omnímoda dictadura del primer shôgun de Edo, Tokugawa Ieyasu; quien aunque, en 1605, dimitiera el cargo a favor de su hijo Hidetada, ejercía efectivamente un poder sin límites en el Japón de la segunda década del siglo XVII. Y, en segundo lugar, alcanzar la venia del papa para el envío de mayor número de misioneros al Japón, esta vez de la orden franciscana, a la que pertenecía el asesor religioso de la misión, Fray Luis Sotelo.

Luego de tres años de infructuosas negociaciones en Europa, frustradas por obra del poderoso ex shôgun Ieyasu, cuyo inopinado decreto de persecución del cristianismo, expulsión de misioneros católicos y muerte a quienes en el futuro llegasen, pusiera término a todo atisbo de acuerdo con el imperio hispano y con todo esfuerzo en pos de nuevos misioneros para el Japón, retornó al Japón el converso católico, Hasekura Tsunenaga.

Allí, tras el fallecimiento de Ieyasu en 1616, regía efectivamente su nada magnánimo heredero, el segundo shôgun de Edo, Hidetada. Una precoz muerte tocó al decepcionado diplomático-guerrero Hasekura, a los 52 años de edad, dos después de su regreso a la comarca de Sendai. Fray Luis Sotelo, el asesor religioso de la fallida Embajada Keicho, como es conocida en japonés la misión, al volver al suelo nipón para, virtualmente, buscar asumir su flamante sede obispal en Mutsu, murió martirizado en la hoguera. Las expectativas de un desarrollo histórico distinto al transcurrido, que hubiera cristalizado una temprana, vigorosa vinculación del Japón con el mundo hispano y con la religión católica, quedaron entonces desvanecidas.