Por Christian Hiyane Yzena
Mucho más académico que ejecutante, quizás la prensa le hubiese mostrado más interés a Javier Gamero Kinosita (54) en el tema de la seguridad ciudadana, un especialista formado en derecho y criminología en la Universidad suiza de Berna, y aprovechar de su experiencia en la implementación de un esquema de trabajo basado en el principio de la Inteligencia en plena era de la política «precrimen».
Sin mucho aspaviento ni autobombo, Gamero Kinosita, un excapitán de la Guardia Civil que pidió su baja en 1988 para viajar a Suiza después de desencantarse de la unificación de la policía local, llegó a Lima para ofrecer una serie de conferencias en distintos centros de estudios y hasta en la misma Escuela Nacional de Inteligencia de la DINI a mediados del año pasado. La falta de respuestas a los planteamientos que entonces hizo probablemente no haya encontrado éxito en su aplicabilidad dentro de la policía.
En un país como el nuestro que no solo adolece de faltas de reflejos en el marco jurídico para la ejecución de lo que la ley establece, las recomendaciones venidas desde fuere no deberían desecharse de manera tan fácil. Algo de utilidad y de proyección política debe de tener aquello que viene de Europa o de países que ya han atravesado por este tipo de espiral de violencia.
Las recetas no van a ser exactamente las mismas pero adecuarlas al medio local, no por ser difíciles, son imposibles. Tomará tiempo pero es mil veces mejor a la terrible inercia que vivimos actualmente, desesperanzados y resignados a ser víctimas de asaltos en cualquier momento. El mismo Gamero Kinosita, cuyo abuelo materno Matsutaro Kinoshita llegó al Perú desde el Japón a principios del siglo XX, conoce de la idiosincrasia doméstica.
Por eso critica a los policías de ahora en servicio, leyendo el periódico mientras le lustran los zapatos o tomando desayuno «en el mercado de Jesús María en una amena tertulia. Es espeluznante lo que vemos en la televisión en materia de corrupción. Se ha perdido la disciplina. Antes el uniforme era sagrado». O, como el mismo precisa, al mantenerse siempre informado de lo que pasa en el país le preocupa lo deficitaria que es la seguridad.
El expolicía, que habla cuatro idiomas, señaló en su momento que deseaba una aproximación con las autoridades peruanas y académicas para hablar de lo que aprendió en Europa y de lo que se puede hacer en el Perú. Sin embargo, la fuerte competencia que todavía observa entre las Fuerzas Armadas y la PN o entre estos y el Serenazgo y el Ministerio Público hayan terminado por deglutir su propio mensaje.
Con tantas simpatías malsanas, la cola por las experiencias sanas a favor de la comunidad en general sigue esperando por su turno. Una pena que Gamero Kinosita resume en afirmaciones como «en los estados democráticos no existen enemigos internos para combatir sino ciudadanos que se deben proteger». Más claro ni el agua.
Sobre los alcances de primera mano que podrían darnos alguna señal de sus ideas sobre la inseguridad ciudadana, el ex capitán afirma que el diseño de la política de seguridad debe de darse a partir de cuatro puntos: seguridades colectiva o global, del Estado, de las instituciones y de las personas. Cuando en Caretas se le preguntó sobre cómo podríamos abordar nosotros este desesperante problema declaró que se trataba de un tema complejo y de varias aristas que nos obligaba a mantenernos actualizados. Las autoridades podrían haber aprovechado más el mensaje de Gamero Kinosita. Y la colectividad nikkei también.