Siempre se consideró que el primer grupo de inmigrantes japoneses que llegó al Perú en el barco «Sakura Maru», el 3 de abril de 1899, estuvo conformado solo por 790 varones. Sin embargo, el doctor Luis Tsutomu Ito, en su libro «Inmigración Japonesa al Perú - 75 Aniversario» publicado en japonés por Editorial Perú Shimpo en 1974 y que es ampliamente conocido como el «Libro Verde», revela que en el primer grupo de inmigrantes japoneses hubo también cuatro mujeres, que no fueron contadas porque no figuraban en la lista de contratados que traía la compañía intermediaria Morioka.
Así lo informó en el inicio del ciclo de conferencias del Museo de la Inmigración Japonesa «Carlos Chiyoteru Hiraoka», el disertante Samuel Matsuda quien agrega que Ito señala que las cuatro pioneras inmigrantes fueron la esposa de un empleado de Morioka, llamada Chiyoko Hosoi, sus dos hijas y la enfermera Taki Ichikawa. «Chiyoko llegó con tres hijos; un hombre y dos mujeres. Lamentablemente enviudó, el hijo falleció en Huancayo y las dos hijas pudieron retornar a Japón. Al quedarse sola fue a vivir con un peluquero japonés en Cañete, quien también falleció. Con la ayuda de don Jiro Hasegawa, director del diario Peru Shimpo, fue a vivir en la hacienda Huambacho. Pasando los 80 años de edad falleció en Chimbote.
La cuarta pionera, Taki Ichikawa, de quien se decía que era descendiente de samurai, falleció a los 52 años en Chosica. Su tumba se encontraría en el cementerio de esa ciudad», precisa Matsuda acerca de la aseveración del Dr. Luis Tsutomu Ito.
En la introducción de la conferencia «Inmigración e historia del Museo», Samuel Matsuda acentúa que se han escrito varios libros y tesis sobre la inmigración japonesa. «No obstante ello, creo que aún hay mucho pan que rebanar en este tema que, en verdad, es una saga protagonizada por personas de carne, hueso y alma, y, por lo tanto, hay testimonios y muchas páginas para revelar. En corto lapso que comprende esta charla voy a tratar de abordar, grosso modo, algunas anécdotas o asuntos poco difundidos de la historia de la inmigración japonesa y expresar algunos conceptos».
BARRERAS DEL IDIOMA
Los inmigrantes japoneses llegaron a una tierra extraña donde el primer obstáculo a saltar era el idioma en todos los lugares a donde fueron dispersados. La dificultad de expresarse y comunicarse nos revela escenas tragicómicas.
“Dominsen”
En tal sentido cita la palabra “Dominsen” y demuestra en qué consiste: «El trabajo de los inmigrantes en las haciendas consistía principalmente en cortar caña de azúcar usando un machete. Al completar la tarea del corte de dos mil cien cañas se llenaba una carreta. Para los inmigrantes “dos mil cien” sonaba “dominsen”.
Entre ellos dialogaban durante el trabajo: “¿Ya llegaste al dominsen? Falta poco para el dominsen”. Y trabajaban sin descansar para llegar al “dominsen”»
Kokorokooo
Matsuda narra que un inmigrante natural de la región Kyushu quería hacerse una tortilla. Al llegar a la tienda, los huevos no estaban a la vista para señalar al vendedor lo que quería comprar.
Para que el vendedor le entendiese lo que él quería comprar, el japonés extendió sus dos brazos y los hizo sacudir de arriba para abajo; luego, estiró su cuello diciendo: “Kokorokooo”, y, finalmente, puso su mano derecha hacia atrás, formando un círculo con su dedo pulgar e índice. «¿Se imaginan todo lo que tenía que hacer el inmigrante para poder comprar unos cuantos huevos?».
“Kuanto, no”
Matsuda indica que después que el japonés aprendió a decir “huevo”, fue a la tienda y le dijo al vendedor “huevo”, sin precisar la cantidad que quería comprar. Entonces, el vendedor le preguntó “¿Cuántos?”. El japonés no le entendió bien y le contestó: “No, kuanto no. Kuuto”. (“Kuanto”, en la jerga de Kyushu significa “del que no se come”, y “Kuuto” significa “del que sí se come”).
El Embajador del Japón, Masahiro Fukukawa así como el público asistente sonrió al imaginarse de qué manera se comunicaban los japoneses en los primeros años en el Perú.
En otro momento el ex congresista subraya el tema de los soldados voluntarios «En 1907, estaba a punto de estallar una guerra entre Perú y Ecuador. Esta noticia llegó a oídos de un grupo de japoneses, entre ellos había ex soldados vencedores en la nipo-rusa. Siete acordaron presentarse como voluntarios para ir al frente por el Perú, aunque al parecer más tenían la intención de estrechar la mano del Ministro de Guerra. Cuentan que fueron recibidos y se les agradeció su voluntad pero que estudiarían el asunto. Al salir, un batallón les presentó armas en señal de respeto. Un soldado dijo “¡Viva Japón!”. Ellos respondieron “¡Viva Perú!”. De acuerdo a su opinión, no se sabe si Ecuador desistió de la guerra al ver esta repentina aparición de soldados voluntarios japoneses; lo cierto es que ambos países no tuvieron que recurrir a actos beligerantes para zanjar sus diferencias.