Por Rubén Kanagusuku
Ángel Shirota Higa ha sido el último becario de Nakagusuku Son y tras haber retornado a Lima hace algunos días nos comenta acerca de su experiencia en la isla de Okinawa.
¿Cuál fue la beca que te llevó a Okinawa?
La beca de Nakagusuku Sonjinkai por tres meses. Estuve desde agosto hasta finales de este mes.
¿Primera vez en Okinawa?
Segunda vez.
¿Qué lugares conociste?
Con la amabilidad de la Yakuba (municipalidad) de Nakagusuku recorrimos los lugares más representativos como el Shurijo, el castillo de Nakagusuku, diversas instituciones de Nakagusuku Son como la compañia de bomberos, la planta de reciclaje, la guardería municipal, entre otros. Disfrutamos de todo el cariño de las personas. Una cosa que me llamó mucho la atención es que todos los que nos atendían tenían parientes en Sudamérica. Fue una experiencia muy interesante. Recorrimos también lugares turísticos de Okinawa como el Churaumi (acuario de Motobu), el monumento de la escuela Himeyuri (Itoman) gracias a la amabilidad del alcalde Hamada y el señor Yogui encargado de los becarios.
¿En qué actividades participaste?
He tenido bastante suerte en ese aspecto. En mi caso he asistido al Matsuri de Uruma donde se presentó Kazufumi Miyazawa con Claudia Oshiro, al matsuri de Nakagusuku en donde se presentó el grupo Diamantes y el tsunahiki (nudo de guerra) de Naha, que fue una experiencia muy interesante al ver la cantidad de gente que se agrupan en Kokusai Dori y que se dividen en dos bandos liderados por el rey de Katsuren y el rey de Nakagusuku.
¿Cómo describirías el tsunahiki de Naha?
Es un festival multinacional pues participan personas de diferentes personas del mundo. Es muy amplio. Tiene la presencia de muchos extranjeros. es un atractivo turístico. En el tsunahiki puedes encontrar una variada oferta gastronómica. Hay muchos kioskos en donde venden de todo como un matsuri. El tsunahiki de Naha tiene el récord Guiness de nudo de guerra.
¿Qué cursos llevaste?
Llevamos cursos de cultura, de idioma japonés. Practicamos sanshin, odori, cerámica (toge) y lo interesante es que dentro de las aulas pudimos confraternizar con uchinanchu de todo del mundo pues habían chicos de Argentina, de Brasil, de Hawai, de Estados Unidos y de otros lugares del mundo. Y fue muy interesante comprobar que a pesar de venir de distintos lugares del mundo teníamos algo en común: ser uchinanchu. Que es un sentimiento muy especial. Muchas de las costumbres que ellos tienen las compartimos nosotros. Okinawa es un lugar muy fraterno.
¿Alguna experiencia que compartir?
Estaba buscando un lugar y me perdí. Me acerqué a una persona para pedirle que me ubique y esta persona tuvo la gentileza de llevarme en su auto al mismo lugar, a la misma puerta. Le quise dejar un recuerdo y me dijo que no, que no era necesario, que era su obligación. Pero igual se lo dejé. Fue una experiencia inolvidable. La gente muy fraterna, muy presta a ayudarte. Yo creo que es uno de los pocos lugares en el mundo donde nosotros no nos sentimos extranjeros.
¿Es dificil el tema del idioma?
Al principio es complicado, pues no es lo mismo el japonés que has estudiado y el que percibes allá. Los primeros días tienes que tener un poco de paciencia porque uno no está acostumbrado a la velocidad, al ritmo de como hablan, pero la gente es muy amable y se hace entender. El becario nunca está solo, siempre está respaldado por la municipalidad o por su tantosha (encargado) que vela por su bienestar.
¿Qué le recomendarías a las personas que no aprovechan las becas?
Que no pierdan tiempo y que no lo piensen mucho. Todo lo que le han contado queda corto. La experiencia es única. La gente es muy fraterna. Muy entregada. Uno va y siente el calor humano. En el caso de mi familia, no me conocían y fueron a buscarme. Entre tantos miles de personas estaban allí. Además de eso, el paisaje es hermosísimo. Tiene una cantidad de atractivos que en estos tres meses conocí muchos lugares pero quedaron muchas cosas pendientes y espero en algún momento volver a ir para completar eso. La beca es una oferta cultural muy importante.
¿Algo más que agregar?
Desde hace muchos años tenía una inquietud que debería haber un libro donde se englobe todo el proceso que ha llevado la inmigración okinawense el Perú. Todo el campo de influencia que ha tenido el papel de las instituciones, los Shi, Cho y Son, la gastronomía y todo lo que la inmigración okinawense haya influenciado en la inmigración japonesa. Es muy importante definir eso. Todo el aporte de la cultura okinawense. Todo se inició con nuestros abuelos que llegaron con una cultura propia y habría que realizar todo un trabajo que sería monumental. Y esa inquietud se presenta ahora que estuve en Okinawa, porque observé mucho de la cultura que se practica allá y en el Perú y preguntarse cómo la trajeron, quiénes fueron los protagonistas, cómo se desarrolló. Habría que analizar de una manera profesional y que quede como documento pues al final es nuestra memoria colectiva para que nuestros hijos y nietos puedan tener una referencia de lo que sucedió, porque si tú no sabes quién eres, no sabes tampoco a donde vas. Es muy importante todo eso para preservar nuestra cultural.