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Motome Okuyama: 99 años de una vida ejemplar

Por César Tsuneshige Fukuda

Okuyama Motome: Obaachan omedetoo gozaimasu:

Con estas simples palabras en el idioma ancestral  inicio mi participación,  saludando  a todos y cada uno de los asistentes en estas celebraciones del  nonagésimo noveno aniversario de nuestra querida obaachan.

Me pregunto, y probablemente ustedes también  por qué el privilegio de estar  César Tsuneshige, en ese proscenio en una fecha tan significativa, que enorgullecería  a cualquiera. ¿Cuál es el lazo de amistad que une a dos personas de diferentes generaciones? La vida ejemplar de doña Motome, llena de vitalidad, alegría, constancia, trabajo, es un ejemplo.

Desde su llegada al Perú en el año 1939, casada con el patriarca de nuestra colectividad don Kajyu Okuyama, en momentos sumamente difíciles en Perú; antesala de la Segunda Guerra Mundial, acompañada de su hija mayor Mercedes, no la amilanó.  

El saqueo del 13 de mayo de 1940, y la ulterior deportación que don Kajyu salvó, pese a estar en la lista negra de los norteamericanos por la ayuda generosa de amigos; permitió disipar la angustia de doña Motome, de cómo poder criar a sus hijos y tener la responsabilidad de conducir el  negocio con su conyugue recluido en el campo de concentración. Que felizmente no se dió. Don Kajyu Okuyama, emigró por vez primera en el Perú en el año 1918, enviudó y retornó al Japón con sus dos hijos, Teruo y Kengo; para después casarse en segunda nupcias con doña Motome, en su tierra natal Yamanashi. Motome san, es madre de Mercedes, Carmen, Kaichi; Shizue, Pedro, Nelly y Patricia.

Desde su llegada al Perú, don Kajyu con visión de futuro emprendió el negocio de importaciones desde el Japón de las bicicletas Mister; que al paso de los años se convirtió en la fabricación y creación de la empresa Inbisa y Tiendas Okuyama.

En el puerto del Callao, específicamente en la calle Saloom, cercano a casa, existió la fábrica de fideos de Kesaharu Furuya y su esposa doña Olga Kizooka, donde laboraba también Takeshi, hermano de Kesaharu, gran amigo de mi hermano Roberto. Ese negocio fue inicialmente de don Kajyu; quizás esta sea el eslabón de la cadena que nos liga a la familia Okuyama-Furuya.

En el terremoto del 40, tuvimos que cambiar de domicilio,a la calle Colón 776, y don Kesaharu y Olga, a la calle Tercera de Chacaritas, donde prosiguió en la fabricación de tallarines.                                                                                                                                       

Doña Morome, es una dama polifacética, donde el canto, danza, ceremonia del té, interpretaciones histriónicas, coro, cocina, haiku; aunada a la práctica de deporte, Radio Taiso, gateball… Sus hobbys preferidos.

Actualmente usuaria del Jinnai Center donde desarrolla parte de esas actividades, su entretenimiento. Destaca por su gran versatilidad. Si  mencionamos el canto, como solista, es ganadora en los concursos de canto, y esto lo llevó a participar en el año 1996, en el Japón, y consagrarse ganadora en el Zen Nihon Karaoke Shinza Kiokay, donde el maestro Chico Tamai, fue su anfitrión. Asimismo su participación en el Nodojiman, de  la emisora NHK; realizado por vez primera en el  Perú en 1999, año de las celebraciones del centenario de la inmigración japonesa al Perú, esta fue su consagración internacional.

En la práctica del gateball, pionera en los campos del AELU, acompañando a Hirono Fukazawa y Maki Ychikawa, defendiendo los colores de Yamanashi Shimbokukai; e igualmente sus viajes  a Corea, Brasil, Hawai, por tan solo mencionar algunas de sus participaciones.                                                                                                   

En el ámbito dirigencial, fue presidenta  de la Asociación Femenina Peruano Japonesa-Fujinkai, en el año  1968, y condecorada por el Gobierno del Japón  en 1985.

Fujinkai, organiza anualmente  sus grandes festivales, con los concursos de canto, donde la participación de Motome san, es conocida; pero lo que llamó mi particular atención, es verla en escena, en representaciones jocosas, unas y otras dramáticas, al lado de  doña Masae Takuma, Hanae Takeuchi, Mishima obaasan y en oportunidades Isayama Shigeru y Sueko Noda, más jovencitas.

En el año 1992 al  ser becado por Chunambei Lidar y representar a la APJ, asistí  al Japón, y entre las variadas actividades, nos invitaron al gran Teatro de Kabuki en Tokio, los representantes de Brasil (4), Paraguay (2), Bolivia, Argentina, México y Perú (1), vimos escenificaciones del Japón milenario y la verdad que no entendía nada, uno por el cansancio y todos adormitados, pero cuando vi, en la segunda escena la representación, de un luchador de sumo en desgracia, que salva del robo a una dama y recibe como tesoro una peineta y abanico, y posteriormente se consagra campeón. Me hizo rememorar que había visto en el Perú, ese drama interpretado por doña Motome: Ippon gatana dojio iri.

En el año 2000, durante la presidencia del doctor Augusto Iwamoto, me nombran coordinar con JICA, para la búsqueda de reliquias de los inmigrantes, para la implementación del Museo en Yokohama, que me permitió viajar por los diferentes lugares del país, y colectar alrededor de 150 objetos diversos, que fueron enviados al Japón.

Gracias a esa labor fui invitado a la inauguración del Museo de la Inmigración en Yokohama, durante la gestión en el Perú, del amigo Kakei Katsuhiko, representante residente de JICA, en el año 2002; que me permitió en la mesa de trabajo al lado de los encargados de los diversos museo del Japón y de América, informar  sobre la colección de los objetos diversos, porque tan solo estaban identificados, los linotipos obsequio de Perú Shimpo, y la vitrola Víctor con su pedestal (tocadiscos)  obsequio de la familia Tochio.

Menciono todo ello porque de doña Motome obaachan, recibí el katsura (caja portapelucas y pitas de sujeción); además  de kyahan, polaina japonesa (especie de escarpín), un amekappa (impermeable) y el tekko (especie de mitón japonés). Demostrando ella su espíritu de desprendimiento.

Actualmente como directivo en la Asociación de Condecorados por el Gobierno del Japón, puedo dar mérito a la inmensa labor desarrollada por nuestras pioneras en especial a doña Hirono Fukazawa, Maki Ychikawa y doña Motome Okuyama, en la tesorería de la asociación, verdadero ejemplo para todos nosotros. Es por ello que en el desarrollo de cualquier actividad, le preguntamos a ellas, fecha en su desarrollo, horario más conveniente para ellas en particular y que comida vamos a presentar.    

Para mí en particular, es una fortuna contar con nuestras queridas obaachan, donde escucho anécdotas y vivencias tan exquisitas, que guardo en el cofre de mi mente y me siento doblemente afortunado, de gozar de esa amistad, y ejemplo vivencial, llena de valores.

Gracias Okuyama Motome obaachan, por el privilegio de permitirme estar en escena.

Arigatoo gozaimasu

¡Qué Dios la conserve muchos años más!