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«Si todos fuéramos como los uchinanchu sería un mundo mejor»

Recientemente becado por el distrito de Yonabaru (Okinawa), César Farro Yamaguchi regresó a Lima a finales de octubre luego de permanecer tres meses en la isla adquiriendo cultura y experiencias personales extraordinarias. Ingeniero en telecomunicaciones, cultor del violín e integrante de Haisai Uchina, César nos comenta más de su experiencia en la siguiente entrevista.

¿Primera vez en Okinawa?
Sí, primera vez en Okinawa, en el Japón. Mi primera impresión fue el de un país muy ordenado. La familia que me recibió me trató de la mejor manera. Nunca antes había hecho contacto con ellos y fue como si la conociera de años. Increíble.

¿Fuiste el único becario?
Fue también una chica de Yonabaru de Argentina. Alejandra Yamanuha.

¿Cómo fueron los cursos de la beca cuando llegaste?
Yo sabía un poco de nihongo, pero fue muy diferente allá. A la segunda semana comenzamos con los cursos, en especial en el tema del idioma. En esos momentos se estaba preparando el Festival del Tsunahiki (nudo de guerra) y estuvimos apoyando con eso en la logística. Esas dos o tres semanas estuvimos en esas actividades.

¿Participaste en el tsunahiki de Yonabaru?
En el festival de Yonabaru colocan personas sobre la cuerda y una de ellas fui yo. Los visten de samurái y crean una historia alrededor de ellos. El tsunahiki de Yonabaru no es el más grande pero sí es el más representativo de la zona. Esta vez la municipalidad de Yonabaru decidió hacer el festival en verano para que los becarios puedan disfrutar y participar. Generalmente los llevaban en diciembre cuando no habían actividades así. En el tsunahiki se separa la ciudad en dos bandos (higashi-nishi o este-oeste). Me dijeron que en tiempos anteriores la gente del este no podían hablar con la gente del oeste. Era una rivalidad bien marcada. Ahora ya los tiempos han cambiado y cada uno forma sus bandas de música, sus grupos de danzantes, sus hatagashira (arreglo grande característico de Okinawa). En el tsunahiki crean una historia de las personas que suben a la cuerda y en la ocasión que estuve fue una batalla entre dos samurái, de un imperio que quería conquistar al otro. En esta ocasión el equipo del este, en donde estaba ganó.

¿Y qué hay después del nudo de guerra?
Hay diversas actividades como el hanabi, hay grupos musicales. El evento en realidad dura dos días.

¿Qué experiencia ha traído consigo este viaje?
Ha sido una experiencia increíble, agradezco a todos los que hicieron posible de que pudiera ir. Gané mucho en el tema familiar, a pesar de que eran familiares lejanos he vuelto a crear un lazo con ellos y la verdad que me ha gustado bastante además del hecho de haber contribuido con la municipalidad con las labores que hice en incentivar de que todos los años haya becarios de Yonabaru.

¿Qué presentaste en Yonabaru?
Siempre a los becarios le piden que muestre un poco de su cultura. En mi caso llevé mi violín y toqué canciones criollas y el Cóndor Pasa que es muy conocido allá, eso también me sorprendió bastante. Uno muestra un poco su cultura y ellos te enseñan lo que hay allá. Les llevé un poco de pisco para que prueben y preparé además una papa a la huancaina con ingredientes de allá.

Alguna experiencia que te haya sorprendido.
La primera vez que viajé en bus, por el hecho de pagar exacto y contar las monedas, se me cayó la billetera. Estaba en Kokusai dori con unos amigos, caminé y no me di cuenta que había perdido la billetera. Cuando me di cuenta pensé «ya fue» y un amigo me dijo para ir a la estación de los buses y gracias a Dios estaba allí la billetera. Con todos los documentos y dinero. Una cosa que difícilmente ocurriría aquí.

¿Qué les recomendarías a los jóvenes que están en duda con las becas?
Les diría que en verdad la luchen pues en mi caso ha sido la mejor experiencia de mi vida. Es algo que uno no se puede imaginar. Te pueden decir muchas cosas de Okinawa, pero hasta que uno no esté allí, no lo sabe en realidad. El Ichariba choode uno lo sabe, pero allá como que lo conoce y lo vive. Todos se tratan muy bien y eso es muy especial y valorable para los chicos que quieran disfrutar una experiencia de esa manera.

¿Alguna lección que hayas aprendido de la beca?
Si todos fuéramos como los uchinanchu yo creo que sería un mundo mejor. El tema de los respetos y valores están bien inculcados en ellos y hace mejores personas.